domingo, 3 de noviembre de 2024

Pánfilo

El otro día me mandaron un vídeo en el que se veían en un plató de televisión a una tal Mercedes Milá y tres o cuatro famosillos de mierda más, sosteniendo con entusiasmo que Cortés fue un genocida. Bueno, si eres de los que toman copas por los bares en las largas madrugadas, esa es una verdad que no te puedes saltar so pena de verte tratado de apestado. Son las cosas de los fracasados, que tratan de consolarse denigrando en comandita, para tener más razón, a todo lo que ha sido un éxito. Así es la naturaleza, que todo lo compensa a las bravas y, por eso, donde hay incompetencia trata de neutralizarla con una mezcla de envidia, resentimiento y maledicencia, que hacen llevadera la vida a condición de compartirla con los semejantes en catadura. En fin, pelillos a la mar. 

Como ya les he dicho, ando con lo de la Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España. Y claro, ahí, la figura de Cortés es central. Con sus luces y sombras, como no puede ser de otra manera a no ser que escribas vidas de santos para creyentes, pero, en este caso, las luces, las de la inteligencia, ganan por goleada a las sombras. ¿Cómo hubiera podido ser posible semejante epopeya de no haber sido así? Cortés, sin duda, fue un hombre extraordinariamente dotado.

Les traigo esto a colación porque sin querer me he enterado de que, como consecuencia de la lucha que se traen entre sí por prevalecer los partidos políticos, a los cinco días de la tragedia que ha sucedido en Valencia todavía no ha llegado ayuda estatal alguna. Por lo visto, el partido que gobierna en la comunidad autónoma valenciana es el enemigo declarado del que gobierna el Estado y, para toda esa gentuza, cualquier cosa sirve para su convento, sobre todo si es una puta, como en el chiste. Pues bien, estas extrañas actitudes las debe dar la tierra, que de lejos le viene el garbanzo al pico. Resulta que cuando los del partido de Diego Velázquez, gobernador a la sazón de Cuba, se enteran de que a Cortés le va bien en México, no se les ocurre mejor idea que  mandar allí a Pánfilo Narvaéz, con un ejército que triplica en efectivos al de Cortés, para destruirle y apoderarse de sus logros. La saña de la que hace gala Narváez es la principal aliada de Cortés ya que, donde hay saña, falta inteligencia, lo que, a la postre, es lo único que cuenta en toda empresa humana. Por supuesto que Cortés derrota a Pánfilo, pero, la lección a extraer de todo esto es la misma que la que están sacando ahora los valencianos, que la inteligencia de Franco gana por goleada a la saña de los que se dicen demócratas... está YouTube lleno de vídeos en donde todo son alabanzas a cómo manejó Franco la riada del año 57, muy similar en intensidad a esta de ahora. 

Resumiendo, que así corre el mundo y, Dios, donde quita, pone y, al final, donde la justicia humana falla, triunfa la divina. Eso es lo que sabía Cortés e ignoraba Pánfilo... por cierto que, con ese nombre, que otra cosa se podía esperar.    


sábado, 2 de noviembre de 2024

Blues

Los blues tienen miga para dar y tomar. Ando estos días con ellos y no sé a qué atribuirlo. Agarro la guitarra y de forma espontánea me sale su machacona cadencia. Luego voy a YouTube y pongo a cualquiera de aquellos bluseros de antaño -John Lee Hooker, Luther Allison- y me tiro horas dejándome arrastrar. No debo de ser el único que tal hace a juzgar por los millones de visitas que tienen sus vídeos. Yo diría que los blues tienen algo de psicoanalítico. O más, al menos, que otros tipos de música. Sobre una estructura elemental de doce compases se dejan correr las ideas tal como el inconsciente las va escupiendo. Y eso sí, haciendo coincidir los momentos más tensos del discurso íntimo con el tritono -cuarta aumentada/quinta disminuida-. En eso consiste su magia, en la insistencia en esa nota de tan difícil pronunciación para los profanos. Una nota que, por lo que sea, sintoniza con los ánimos alicaídos... tan difundidos entre la especie humana. Por eso debe ser que es esa nota, ese salto interválico, el que usan las ambulancias para que nos apartemos. 

En fin, en esas estamos, un tanto alicaído, quizá por haber bajado la guardia respecto a mantenerme al margen de lo que no me concierne. 

viernes, 1 de noviembre de 2024

La compasión

Con lo de la mendicidad estamos como en lo de la metáfora de la rana, ya saben, que la meten en agua fría que van calentando poco a poco sin que la rana se aperciba hasta que está achicharrada. Con la mendicidad, por lo menos en este barrio que vivo, no estamos todavía achicharrados, pero me temo que vamos camino de ello: día a día veo aumentar su número; ya no queda lugar estratégico sin ocupar y empiezan a colocarse en cualquier sitio, donde más estorban el paso... que también esa es otra estrategia. 

Ya les he contado, ni sé las veces ya, que Nietzsche decía que a los mendigos lo mejor era matarlos porque no hay forma de que te satisfagan: si les das mal, porque tienes la impresión de estar fomentando la vaguería; si no les das, peor, porque la insensibilidad ante la necesidad ajena es una degeneración del espíritu que duele. Sea como sea la cosa espiritual, lo que no se puede negar es que la mendicidad, como toda actividad humana, está sujeta a las leyes del mercado, a las de la oferta y la demanda concretamente. En este caso la mercancía que se intercambia es la compasión: hay mucho mendigo demandándola porque hay mucha gente ofertándola -o al revés-; es impresionante la cantidad de gente que al salir del supermercado les da los céntimos de la vuelta, cuando no algo que han comprado para ellos. 

Es muy curiosa esta oferta de compasión y sería cosa digna de ser analizada cuidadosamente. Claro, opinar sobre este tipo de fenómenos es muy aventurado. Para empezar, solo tenemos impresiones y ningún dato contrastado. Las impresiones, ya saben, son el material que sustenta a esa actividad humana que, a su vez, sustenta la convivencia: me estoy refiriendo a la cháchara. Así que, sustentándome en impresiones, yo diría que el ejercicio de la compasión es como un alivio de la mala conciencia por haber sido favorecido en el reparto que hacen los dioses entre los hombres. En la literatura clásica, de Heródoto en adelante, hay mil insinuaciones al respecto. 

En cualquier caso, gracias a la compasión, o a la filantropía, que es una forma de compasión, las sociedades, no solo no estallan, sino que ganan en libertad: el compasivo, o el filántropo nunca piden papeles a aquellos que favorecen; por el contrario, aunque no lo expresen, les dan las gracias por haberles dado la oportunidad de favorecerles, porque, como digo, el dar alivia la mala conciencia, más o menos consciente según sea su origen... en esto, pienso, se equivocaba Nietzsche.

jueves, 31 de octubre de 2024

El club de los denigradores

Lo del club de los denigradores del franquismo es algo que recuerda a lo de la leyenda negra. En realidad, por lo menos aquí en España, los defensores de la leyenda negra y los denigradores del franquismo vienen a ser los mismos. Son los que se han inventado eso de la "memoria democrática", un sintagma que se las trae con abalorios. Supongo que, para ellos, también el entendimiento y la voluntad son susceptibles de ser democráticos porque, ya puestos a calificar a las potencias del alma, por qué vamos a pararnos en mientes. 

Desde luego que Franco sacó a España de la miseria; eso, hay que ser, no solo miserable, sino ignorante, o simplemente idiota, para no reconocerlo, pero no nos engañemos, porque a la postre, Franco nos jodió bien jodidos ya que nos metió por la puerta de atrás el régimen político que querían sus detractores, es decir, la socialdemocracia pura y dura, o sea, un comunismo de cara amable. Pero vete tú a explicarles esto a ese club de denigradores: directamente les estalla la cabeza. 

El problema de Franco era exactamente igual que el de los comunistas: no creía en el individuo. "No se os puede dejar solos", dijo en cierta ocasión. Odiaba el liberalismo. Para él, todo tenía que estar bajo la égida del Estado. Desde luego que no tenía nada de original; se adaptó a la moda del momento. Y no le costó ir evolucionando el look a medida que las circunstancias iban cambiando; el hacer del turismo la industria reina del país exigía concesiones, pero nunca hasta grados que pusiesen en peligro la idea hegemónica: la libertad individual es el mal en sí. 

Así fue que, con una economía planificada por tipos inteligentes, aquellos López, España salió de la miseria material a la vez que entraba en otra miseria mucho más grave, la del individuo irresponsable. Es una historia paralela a la de, pongamos que la de Rusia, si bien menos exagerada. Por eso cuando llegó a España  la milonga de la democracia, lo mismo que en Rusia, se encontró con una devastación moral que la hacía inviable. Para que una democracia sea viable se necesitan individuos capaces de hacerse cargo de su propia vida y, para eso, como bien saben los judíos, son necesarios cuarenta años, por lo menos, de desierto... cosa a la que no veo yo que vayamos a someternos por las buenas. 

En fin, el club de los denigradores, esa pobre gente incapaz de evolucionar en la escala filogenética. Es el eterno ¡viva las caenas! o, puestos a actualizarnos, dígame usted de qué tengo que vacunarme que de inmediato me pongo a la cola.    

miércoles, 30 de octubre de 2024

The Global Revolution Against Tyranny Happening Now

"Believe Me When I Tell You This Is MUST-WATCH! RFK Jr. Insider Del Bigtree Lays Out Everything You Need To Know Concerning The Global Revolution Against Tyranny Happening Now"

(¡Créeme cuando te digo que  esto es importante! Robert Kennedy Jr. expone en la cadena televisiva Del Bigtree todo lo que necesitas saber sobre la revolución global en curso contra la tiranía.)

Esto es lo que comentaba el otro día Alex Jones. ¿Alex Jones?, me dirá alguno. Y yo le contestaré, sí, Alex Jones, ¿no le conoces? Ni a Joe Rogan, supongo. Ni a Del Bigtree. Claro, según YouTube son de extrema derecha. Pues por eso mismo debieran interesarte, por ser calificados de extrema derecha por la ideología oficial; justo la misma ideología que nos ha llevado a este galimatías en el que estamos viviendo. No hay nada, diría yo, que prestigie tanto la figura de cualquiera como el que sea calificado de extrema derecha  por los medios oficiales, es decir, por la zurdería internacional. Prestigiado, quiero decir, entre la gente que piensa por si mismo, que, en contra de lo que creen los zurdos, cada día son más y más, pero muchos más. 

¿Qué es ser de extrema derecha en estos tiempos que corren? Te lo diré y espero que lo puedas soportar. Ser de extrema derecha no es ni más ni menos que aspirar a tomar el control de tu propia vida. Por así decirlo, arrancarlo de las garras del Estado. 

Es la autentica guerra en curso, de la que Argentina es la avanzadilla. Ahí le están saltando al cuello a Milei toda esa gentuza que mamaron a los pechos de aquellos jesuitas de las reducciones del Paraguay. Presidentes sudamericanos cuyo principal mérito es el haber sido guerrilleros y haber matado a mucha gente de bien. Fidel Castro fue el paradigma de esa ideología devastadora. Y ya ven en qué ha venido a dar Cuba, la Perla del Caribe, diez veces más rica que España cuando llegó el Comandante y mandó parar. Claro que eso no quita para que el Comandante se convirtiese en uno de los hombres más ricos del continente. 

Ese es el punto de inflexión -la segunda derivada- en el que estamos. Es el despertar. Mi nieto se fue de Londres a Medellín con sus bártulos de trabajo. Pero ahora quiere irse a vivir a un paraíso fiscal. A sus veinte años ya es perfectamente consciente de lo que son las garras de los Estados. Él y todos sus amigos. Y, poco a poco, toda la juventud del mundo mundial. A este paso no va a haber paraísos para todos. La ascensión de la curva es imparable. 

En fin, entre unas cosas y otras, pienso que me voy a ir de aquí con la conciencia de dejar el mundo en trance de sacarse de encima un montón de mugre.

martes, 29 de octubre de 2024

Tiempos movidos

El otro día, por fin, la BBC reconoció esa cosa tan molesta para tanta gente que es ni más ni menos que el aluvión de efectos secundarios, muchos de ellos irreparables, que han causado las vacunas del Covid-19. La cosa tiene una importancia decisiva, porque una vez reconocida por la oficialidad la relación causa/efecto, lo inevitable que se deriva de ello es la cuestión de las reparaciones: ya hay millones de personas echando los papeles para reclamar lo que le corresponde.  Porque es que, si millones de personas se inyectaron la pócima milagrosa no fue por otra causa que porque el gobierno implementó una campaña de fearmongering -amedrentamiento para que nos entendamos- que hacía muy peligroso -incluso perder los empleos o no poder entrar en lugares públicos- el no cumplir con el rito. 

De todas formas, lo interesante, por gracioso, ha sido la forma de dar la noticia. Y es que, a modo de preámbulo, el locutor ha resaltado los seis millones de vidas que salvó la administración de esa vacuna. Así, porque lo digo yo que, como soy Dios, no necesito presentar evidencia alguna al respecto. Esto nos da una idea de hasta qué punto es gentuza la gente que se ha hecho con el poder en Ingalaterra, que decíamos en mi pueblo. No pueden parar de mentir; es algo compulsivo, como lo de Don Juan tirarse tías, por citar algo de actualidad.  

El caso es que el gobierno ya ha sugerido que va a montar un sistema de indemnizaciones del estilo del que montó cuando, hace unos años, el Sistema Nacional de Salud transfundió a miles de personas sangre contaminada. Indemnizaciones, bien sure, pagadas con dinero público. Así, piensan ellos, todo queda en casa, y aquí paz y después gloria: a seguir haciendo guateques en el Nº 10 de Downing Street. Pero me parece a mí que esta vez va a ser que no; hay demasiada gente que está muy farruca y, sobre todo, tan organizada, que va a ser muy difícil torearla: ya han dicho que esas indemnizaciones las tienen que pagar los laboratorios que engañaron a la gente. En definitiva, el lío es morrocotudo porque los gobiernos firmaron contratos con los laboratorios en los que les eximían de toda responsabilidad respecto a efectos secundarios. Para mí, y para mucha gente, la cosa esta clara, los que tienen que ir, si no al patíbulo, que sería lo suyo, sí a la cárcel son los gobernantes que firmaron aquellos contratos y, también, la parte contratante de la segunda parte, es decir los CEO´s de los laboratorios por haber ocultado información que de haberla conocido nos hubiese ahorrado toda esta siniestra historia. 

En fin, que presiento que vienen tiempos movidos. 

lunes, 28 de octubre de 2024

Homeless

Paseaba ayer al atardecer con María y al pasar por los jardines de Pereda vimos que había montado un operativo, que le dicen, policial considerable: más de diez coches y como veinte o treinta policías. No tardamos a apercibirnos del objetivo de tan sorprendente despliegue de fuerza: desalojar del templete de la música a media docena de homeless que se habían instalado allí. Uno de aquellos desgraciados gritaba: ¿quién me va a pagar el bocadillo que me han tirado? Y los polis se reían.

El caso es que la ciudad se va llenando poco a poco de adornos luminosos con vistas a la Navidad, la fiesta del amor y la compasión. Pero como dicen los catalanes, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa; y esos desarrapados dan un cante allí que no se puede aguantar... instalados con su balumba de andrajos en plena milla de oro, como quien dice. 

Uno con los años se va ablandando y quisiera poder echar una mano a esa gente... un día como ayer, tan desapacible. Porque los dones que les fueron dados al nacer ni siquiera les alcanzan para acceder a la categoría de pícaros. De no haber sido así, estarían, al menos, en un Patio de Monipodio donde se les enseñaría a rajar bolsas. Sin embargo, en su extrema indigencia, se diría que todos ellos comparten la que sería la más elevada de todas las cualidades humanas: el amor a la libertad. En muchos, supongo, ha sido un exceso de ese amor a la libertad unido a un amor propio desaforado lo que los ha llevado a ese estado que quizá no sea tan lamentable como nos parece desde nuestra confortable posición; yo les veo merodeando por los alrededores de la biblioteca, tomando de asiento lo que es de paso, y casi que les envidias. Porque están bien comidos y vestidos, tienen sitios para asearse, y no faltan zaguanes ni cartones para protegerse de las inclemencias de la noche. Los tipos parecen conservar su dignidad intacta; es raro al que ves mendigando.  

Los mendigos son otra cosa. Muchos de ellos forman parte de mafias que les van distribuyendo por la mañana en lugares idóneos para la mendicidad. Otros, van por libres y han sabido ganarse una clientela a golpe de tesón. Hay mucha literatura al respecto, desde el Guzmán de Alfarache a un añadido que tienen las memorias de Torres de Villarroel donde se cuenta cómo estaba organizada la mendicidad en la Salamanca del siglo XVIII. El caso es que los mendigos suelen tener siempre casa en la que dormir y no es raro que tengan ahorros. Nada que ver con los homeless.

Sin duda esa gente es un toque de atención. Nadie está libre de deslizarse por la pendiente de la indigencia. Y porque todos llevamos en lo profundo de nuestra conciencia ese temor es por lo que brota en nosotros espontáneamente el sentimiento de la filantropía. O brotaba, porque desde que los políticos se inventaron la milonga de la justicia social todo se empezó a joder. ¡Que lo solucione el Estado!, gritamos ahora ante la visión de cualquier miseria humana. No cabe duda de que el Estado ha hecho todo lo que ha podido para endurecer nuestros corazones. Deberíamos, pienso, ser más combativos contra eso y volver por donde se solía, o sea, por el camino de la filantropía que tan altos rendimientos proporciona al que lo transita. No olvidemos que por la filantropía es por donde más directo se llega a la nobleza. ¡Que lo sepan!

domingo, 27 de octubre de 2024

Incidente chusco

 Ayer por la mañana tuve un incidente chusco del que afortunadamente salí sin mayores consecuencias: apenas una erosión a lo largo de la espinilla de la pierna derecha. No suelo contar este tipo de contratiempos que me acaecen de vez en cuando como a todo hijo de vecino; me parece de pésimo gusto. Pero éste le voy a contar porque estoy seguro de que a Fede le va a hacer mucha gracia, y es que no es para menos. Bueno, nosotros nos entendemos. 

Ayer por la mañana iba hacia Mercadona a paso vivo porque no llevaba suficiente abrigo para el frío que hacía. Ya me quedaba poco para llegar, cuando vi que venía de frente un ciego con su bastón blanco y una pareja de perrazos que a duras penas conseguía controlar. Iba absorto, haciendo consideraciones acerca de aquellos dos perros, cuando, justo al cruzarnos, noté algo entre las piernas y, de inmediato, di con mis huesos en el suelo. Visto y no visto, me levante - gracias a los dioses omnipotentes, conservo un grado de agilidad considerable-; me hice un somero reconocimiento y vi que no me había pasado nada. Entonces, me puse a pensar en cómo demonios había venido a parar entre mis piernas el maldito bastón del ciego, que, por cierto, se llamó Andana y siguió su camino como si nada hubiese sucedido. No me costó mucho desentrañar el entuerto porque un par de señoras jóvenes acudieron solícitas a auxiliarme -los viejos todavía suscitamos alguna compasión-; una de ellas me lo explicó todo: el ciego había inclinado el bastón hacia la derecha buscando la pared y así fue como se me metió entre las piernas. No es cosa que suela pasar, pero aquel ciego iba muy inquieto tratando de poner orden a la pareja de perros y se ve que no tuvo en cuenta que por las calles suele circular gente. En fin, un accidente como otro cualquiera; un aviso, si quieren, que te envían los dioses para que estés atento porque, como se suele decir, donde menos lo esperas, salta la liebre. 

Resumiendo, que hice la compra en Mercadona y, de regreso ya en casa, me di cuenta de lo de la erosión en la espinilla: la limpié un poco con betadine y, acto seguido, me senté en el reclinable Ikea a continuar con lo de Bernal Díaz del Castillo. Los españoles tienen preso a Montezuma -una prisión muy suigéneris- y Bernal se deshace en elegios a la calidad humana de Montezuma. Bien es verdad que Montezuma no para de hacer regalos a los soldados que le custodian... así, cualquiera es bueno. En cualquier caso, ya se está mascando la tragedia de la Noche Triste. Desde luego que será Historia, pero, como libro de aventuras, no creo que pueda tener parangón. Les iré contando.     


sábado, 26 de octubre de 2024

Divagaciones

El profesor García Maestro es, con su estilo un tanto atrabiliario, una de mis cabezas de referencia en este país. De eso no me caben muchas dudas. Es un hombre que sabe cavar hondo como pocos cuando se dedica a lo suyo que es la literatura. El otro día me mandó María un vídeo suyo dedicado a Torrente Ballester, de resultas de lo cual me veo ahora leyendo "El Quijote como juego". En este libro, que viene a ser una tesis doctoral, Torrente desmenuza hasta la exasperación las entrañas del libro de Cervantes. Yo ya le había escuchado a Torrente, en mis años salmantinos, un par de conferencias sobre El Quijote de las que había salido lleno de nuevas ideas. Por cierto, que, en este libro, comienza agradeciendo a Ortega, tan olvidado, "Meditaciones del Quijote" que, dice, tanto le ha aportado para entender, no solo El Quijote, sino la literatura en general. Me ha alegrado, leer eso, porque esas Meditaciones siempre han sido, diciéndolo de una forma un poco cursi, uno de mis libros de cabecera. 

García Maestro no se cansa de repetir lo difícil que es leer literatura, cosa con la que no puedo estar más de acuerdo. Así es que él, lo mismo que Ortega, lo mismo que Torrente en este libro del que les hablo, se dedican, con la generosidad que les caracteriza, a echarnos una mano para que, por lo menos, aprendamos a utilizar la azada con la que se cava. Porque es un aprendizaje imprescindible si quieres hacer de la literatura algo más que mero entretenimiento. Es decir, si quieres romper la costra y profundizar unos cuantos metros, cosa que, de conseguirla, puede poner patas arriba -desmentirte- algunas de las convicciones que te estaban sustentando. 

Por lo visto, Torrente, no podía escribir si no volvía a leer todos los otoños El Quijote. Era para él como una especie de renovación porque, me imagino, cada año recibía con esa lectura su buena dosis de desmentidos. Al menos, eso es lo que me ha pasado a mí cada vez que lo he leído, que ya van siendo unas cuantas... y otra que está a punto de caer si los dioses omnipotentes me dan cuerda para ello. 

El caso es que, leyendo este libro de Torrente, lo primero que se me ocurre es que algunos nos tiramos a la piscina sin habernos cerciorado antes de la cantidad de agua que tiene. Uno se pone a escribir como si tal cosa estuviese al alcance de cualquiera. Y sí, claro, lo está, pero solo si utilizas la escritura como método de aprendizaje de ti mismo.  Uno escribe, se relee al cabo de unos días o meses y, si no es muy tonto, cae en la cuenta de hasta qué punto están limitadas sus capacidades en todos los órdenes del intelecto. Y así se aprende, yendo a buscar por ahí con qué corregir esas carencias que has observado en ti. Poco a poco, con el sacrificio, los dioses, se van apiadando ti y te regalan algún don. Pero no conviene engañarse al respecto: el don de la creación está reservado a los predestinados y eso se les nota desde niños. 

Sea como sea, uno insiste. Lee y entiende lo que puede. Escribe y llega a donde llega. No es más que un camino hacia ese lugar mítico que llaman conocimiento; el de uno mismo y el del mundo que le rodea... con toda seguridad dos imposibles metafísicos. 

viernes, 25 de octubre de 2024

¡Pues anda que no...!

Me contaban esta mañana que todo el país está absorto con la historia de un político al que le han hecho dimitir de su cargo por ser un Don Juan. Me imagino que el rimbomborio tendrá que ver con el hecho de que se acerca el uno de noviembre, Todos las Santos, cuando la tradición española es que la gente se acerque a los teatros a ver el Don Juan de Tirso o, más frecuente el de Zorrilla: ¡cuán gritan esos malditos, / pero mal rallo me parta / si en acabando esta carta / no pagan caro sus gritos. 

Bueno, digo yo que, quizá lo que ha pasado aquí es que, la gente ha decidido pasar de la ficción e ir directamente a lo real. Porque, ¡anda que no hay por ahí donjuanes en donde escoger! Y es que en el imaginario de cada macho hay un triunfador en la berrea. No hay nada que apuntale tanto el ego como ir por ahí dejando la semilla; lo dice Houelebecq y yo le creo a pies juntillas. Seguramente es un problema de madurez, no lo discuto, pero ¿por qué habrían de madurar todos los hombres a su debido tiempo? ¿Y cuál es ese debido tiempo? Y si todos fuesen maduros, ¿cómo se las iban a apañar las mujeres a las que les cuesta madurar? ¿Acaso no son los donjuanes su necesaria escuela de vida?

Yo no sé qué pasa en el mundo de hoy que de todo se hace victimismo. Se ve que es la moda. ¿Se imaginan la noche de gloria de cualquiera de las chonis que consiguieron ligarse en un bar de Malasaña a ese político al que han hecho dimitir? Claro, después del subidón, el bajón, y a quejarse. ¡Qué poca clase! Esa es la cuestión, que se ha perdido la clase. ¿Qué otra cosa podíamos esperar tras tantos años de socialismo? Un verdadero asco. Hasta la jodienda quiere enmendar esa gentuza. Claro que, también en eso se estrellarán. ¡Pues anda que no...!

jueves, 24 de octubre de 2024

Fardo

Intentar comprender como son realmente las cosas, primero; después, desentrañar el porqué de que así sean. La Metafísica de Aristóteles, los Elementos de Euclides (la lógica), el Zen (contemplación) budista, me dice Santi, son las tres patas del conocimiento universal. 

La pasión por conocer es, diría yo, la seña de identidad de la especie humana. Y esa pasión, seguiría diciendo, es la consecuencia de la angustia que nos produce el haber tomado conciencia de nosotros mismos, lo que equivale a decir, que llevamos de continuo sobre los hombros el fardo de la muerte. El conocimiento sería, entonces, la mejor herramienta que tenemos para aliviar el peso de ese fardo. 

Y es que cuando estás intentando aprender algo es como si estuvieses flotando por las esferas siderales. Estás, entonces, como salido de este mundo de miserias. Salido, quiero decir, de una forma natural. Porque también puedes salirte de otras mil maneras que, a la postre, suelen ser remedios peores que la enfermedad en sí. 

Personalmente, soy optimista al respecto. Y es que todos esos millones -miles de millones- de visitas que tienen cada día los videos dedicados al aprendizaje de las matemáticas, la física, la filosofía, la música, etc., tienen que querer decir algo respecto de la evolución de la humanidad. Algo así como que se está creando una conciencia colectiva de que todos esos remedios que se compran en las tiendas son pura filfa. Al final, volvemos al conocimiento primigenio, es decir, que es mediante el sacrificio que supone el esforzarse como mejor aliviamos el peso de ese fardo de angustia que nos tocó en suerte por habernos hecho humanos. 

miércoles, 23 de octubre de 2024

THE NEED FOR ILLUSION IS DEEP

Mi amigo Pedro me pondera por lo muy alto al escritor Saul Bellow. Creo que es estadounidense, pero, pal caso es lo mismo, porque lo traigo a colación a propósito de una frase suya que encontré ayer mientras indagaba en los porqués de que gentes a todas luces muy inteligentes lleguen a meterse en pantanos que se diría propios de los descerebrados. La frase en cuestión es así: " A GREAT DIAL OF INTELLIGENCE CAN BE INVESTED IN IGNORANCE WHEN THE NEED FOR ILLUSION IS DEEP". Sin duda es una frase bastante críptica cuya traducción exige no poca imaginación. Sería algo así: "cuando la necesidad de vivir en la ficción es profunda hay que invertir mucha inteligencia para convertirse en ignorante."

Fundamentalmente, vivir en la ficción de las ideologías. Diría yo que las ideologías dominantes hoy día tienen una concepción mecanicista de la naturaleza. El atractivo de esas ideologías se deriva de una visión utópica de un paraíso artificial. El mundo, y la humanidad que lo habita, es una máquina y, como tal, puede ser comprendida y manipulada. Las averías de esa máquina, que producen sufrimiento, pueden ser reparadas. Y, ya puestos, puede ser posible, incluso, eliminar la muerte -ya les decía ayer que hay científicos, alguno laureado con el Nobel, que andan pregonando por ahí que estamos a dos pasos de conseguir la inmortalidad-.

Se necesita mucha inteligencia para construir teorías que hagan parecer real la ilusión de un entendimiento racional de lo inaprensible. Piensen solo en la macanada esa del Big-Bang para darse cuenta de hasta qué grado de soberbia han llegado las personas más inteligentes, esas que se pasan la vida jugando en el subsuelo de Ginebra con un cachivache que nos ha costado miles de millones. Porque la realidad no es otra que la imposibilidad de comprender, por su infinita complejidad, los mecanismos que rigen lo creado. Pero para eso están las religiones, que empaquetan todas esas ilusiones con papel de regalo, como se hace en Navidad, para dar el pego.

Resumiendo, todo es religión. Las hay que dicen creer en Dios porque aceptan la inaprensible comprensión de lo creado. Y las hay, también, que dicen no creer en Dios porque desde que se sabe eso del Big-Bang ya no le necesitan para nada; lo que necesitan, entonces, es ingenieros sociales que perfeccionen la máquina y, caso de avería, que la reparen. 

Una vez más, les pido perdón por tanto como me reitero, pero es que, visto lo visto, estoy utilizando mi poca inteligencia en elaborar teorías que justifiquen mi solo creer en Dios y en el bicarbonato. 

 

martes, 22 de octubre de 2024

Sacrificio

Doy infinitas gracias a los dioses omnipotentes por haberme dado la oportunidad de vivir el episodio histórico conocido como pandemia del covid-19. Después de casi ocho décadas de vida regalada, la así llamada pandemia me puso ante una realidad incomprensible que me obligó a reconsiderar toda la estructura ideológica en la que me había venido apoyando para andar erguido por la vida. De pronto, dejaron de encajarme todas las piezas y no me quedó más remedio que pensar en hasta qué punto me había dejado infiltrar por la propaganda. 

Mattias Desmet dice:

"The transition from democracy to totalitarian technocracy is not an elite conspiracy, but the process of a whole society succumbing to a new dominant ideology." (La transición de la democracia al totalitarismo tecnocrático no es algo debido a la conspiración de una élite, sino un proceso por el cual toda la sociedad va sucumbiendo a una nueva ideología,)

Una nueva ideología que consistente en pensar que, como hemos avanzado tanto en nuestro conocimiento de la naturaleza, ya no necesitamos creer en Dios porque nosotros nos hemos convertido en dioses -ubicuidad y omnisciencia-. De hecho se veían por ahí científicos, supuestamente del más alto nivel, proclamando que estamos a dos pasos de conseguir la inmortalidad. 

Recuerdo la ufanía que me embargaba cuando manejaba todos aquellos aparatos para medir constantes biológicas. Me costó años descubrir que todo aquello era pura filfa que solo servía para apuntalar mi autoengaño. Dejé aquello y me fui por ahí a vivir como las bestias carroñeras de lo que se pilla por los estercoleros, pero tampoco de esto fui consciente, porque necesitaba seguir autoengañándome para no derrumbarme.   

Fue durante aquel aislamiento forzoso al que nos sometieron cuando, leyendo a los clásicos, me di cuenta de que el gran error de mi vida había sido pensar que se puede vivir sin creer en Dios. ¡Con lo llevadera que hace la vida esa creencia! Porque es precisamente esa creencia la que te permite vivir en la incertidumbre sin por ello padecer ansiedad. Solo necesitas confiar en que, si le ofreces sacrificios, Él se encargará de todo. 

Sí, eso comprendí cuando lo de la susodicha pandemia, que en el sacrificio está la salvación. Algo bien tonto, desde luego, porque toda la filosofía de la vida que se desprende de los textos sagrados, desde la Ilíada a la Biblia, pasando por El Criticón y todo lo que ustedes quieran, no es otra que esa, que o sacrificas a los dioses o se te llevan los diablos. 

En fin, perdonen que me reitere, pero es que yo solo quiero ayudar. 


lunes, 21 de octubre de 2024

Batiburrillo

El ser humano siempre ha tenido la obsesión de su pasado, de querer saber de dónde viene. De hecho, una estirpe que se puede remontar unas cuantas generaciones atrás tiene como un label de nobleza, cosa que produce una sensación de superioridad en quien lo ostenta. Y es que lo de mantenerse en el machito no es cosa fácil; lo suyo son las tres generaciones: padre bodeguero, hijo millonario y nieto pordiosero. Testigo de ello son todas esas casas solariegas arruinadas que vemos por la geografía. 

Pero esa obsesión no solo se atiene a lo particular sino que se extiende a lo general y por eso es que vemos esas legiones de locos apasionados que escarban en la tierra, en la lengua, en la sangre, buscando indicios que les permitan conjeturar con ciertos visos de certeza el porqué de que los de tal lado tiendan a ser rubios, los del otro, morenos, los unos hablan una lengua con tales características, los otros con otras completamente diferentes... y un montón de cosas más que marcan las diferencias. Son los arqueólogos, los lingüistas y, de unos pocos años para acá, los genetistas. 

El caso es que ese rastreo ha ido generando una teoría que nos permite remontarnos muy atrás en la historia de la humanidad. Una historia hecha de migraciones: unas veces por mera subsistencia y otras por posibilidades de acrecentar el poder. Sea como sea, la gente nunca ha parado de ir de aquí para allá y por eso el mundo actual es como es, con sus incomprensibles conflictos que se remontan a agravios entre antepasados remotos... 

Les cuento estas cosas porque, Santi, lingüista hasta el tuétano de sus huesos, indaga, descubre y, luego, tiene la deferencia de contarme sus andanzas y opiniones. Está estudiando ahora el indoeuropeo, una lengua originaria de por el norte del Cáucaso o así, y que, por diversos motivos, se constituyó en la semilla que dio como fruto el mayor grupo de lenguas habladas en el mundo actual. Es muy posible que el motivo principal de la expansión de esos indoeuropeos fuese el haber sido los primeros que domaron animales e inventaron la rueda. Eso les habría dado una superioridad táctica sobre las demás tribus que les hacía invencibles. Algo parecido a lo que pasó con los españoles cuando llegaron a América: con su superioridad tecnológica fueron considerados como dioses -teules, les decían- y, por tanto, invencibles. Y ese es el asunto, que el que vence impone su lengua, aunque nunca del todo, porque la nueva lengua tiene que competir con la original que es la que las madres enseñan a sus hijos de forma natural. Al final, de ese batiburrillo van surgiendo las nuevas lenguas, todas del mismo padre, pero con madres diferentes. 

Desde siempre, todo en el mundo ha sido un batiburrillo y por eso sorprende tanto que se insista por parte de ciertas ideologías en asuntos como el de la pureza de las razas o la perpetuación de las lenguas. Ni lo uno ni lo otro ha existido nunca ni existirá por siempre jamás. Y para recordárnoslo están ahí esos locos escarbando en la tierra y en los libros y, como les decía, desde hace poco, en la sangre. 

domingo, 20 de octubre de 2024

Desrebañizar

Ayer estuve escuchando la entrevista que le han hecho en la plataforma UnHerd a Mattias Desmet. UnHerd es una de esas plataformas informativas nacidas a rebufo de la manipulación padecida en los tiempos de lo que se dio en denominar pandemia. Ya saben con qué facilidad el idioma inglés crea palabras: UnHerd no es más que la negación de la palabra rebaño por medio del prefijo un. Si a herd, en vez de como sustantivo lo tomamos como verbo, tendríamos la palabra que traducida al español vendría a ser algo así como desrebañizar, o sea, sacar a la gente del rebaño.

A Mattias Desmet le conocí al poco de comenzar el circo cuando publicó un video en YouTube con un análisis estadístico pormenorizado de los datos oficiales en donde se demostraba que la narrativa oficial era una burda exageración de lo que estaba pasando. Rápidamente el vídeo desapareció del mapa, pero muy poco después apareció en Telegram la plataforma World Doctors Alliance, avalada por la firma de más de cien mil médicos, biólogos y demás oficios relacionados con las cuestiones de la salud; pues bien, en esa plataforma menudearon entrevistas y publicaciones de Mattias que ayudaron a confirmarme en lo que ya estaba yo sospechando, o sea que todo aquello era un circo que nada tenía que ver con la cuestión sanitaria.

 "Are you suffering from mass formation psychosis?" (¿Está usted padeciendo una psicosis a causa de la manipulación informativa de las masas?) Por cierto, ¡qué difícil resulta reproducir en otros idiomas esa propiedad sintética del inglés! Al menos en mi caso. Pero éste es otro asunto. A lo que iba era a lo de la mass formation psychosis. De qué manera se produce, por medio de la manipulación informativa, una sicosis colectiva. Se tienen que dar circunstancias sociales para que ello sea posible, dice Mattias, y la sensación de aislamiento -soledad y depresión con su correspondiente ansiedad- que tienen altos porcentajes de población desde hace siglo y medio para acá, quizá desde que se desmantelaron las religiones tradicionales, es la circunstancia idónea para que la gente agarre al vuelo la posibilidad de entrar en comunión por medio de un objetivo común: destruir al virus en este caso. Desde luego que es una explicación que en absoluto es desdeñable, por más que en psico-sociología ya sabemos que por mucho que se afine nunca se podrá pasar de la conjetura. Conjeturas más o menos plausibles: eso es todo.

Por qué, sigue conjeturando Mattias, a la postre no tienen éxito estos experimentos de mass formation, pues porque siempre hay una minoría, entre un uno y un diez por ciento, que se mantiene firme en sus principios éticos y sabe que su obligación es indagar la verdad de las cosas. Es esa minoría la que descubre el pastel y lo echa todo por tierra. No hubo más que observar la furia con la que se entregaron las autoridades políticas a demonizar cualquier forma de disidencia con el discurso oficial. Era tan ridículo que no consiguieron otra cosa que vacunar cada día a más gente contra la manipulación informativa, o lavado de cerebro si mejor quieren. Y por esto es por lo que Mattias es optimista respecto al próximo futuro, por la cantidad de gente que ha quedado vacunada, no precisamente contra el covid, sino contra la manipulación por parte de los más diversos poderes. Por así decirlo, añade, en los próximos tiempos se va a producir una revolución metafísica: la del porqué de las cosas, sus principios, su ser o no ser. Bueno, y añade muchas cosas más que me parecieron de mucha enjundia, pero no quiero extenderme; si alguien quiere, con los datos que he dado, no le costará encontrar el video. 

En definitiva, que las autoridades políticas fueron por lana y salieron trasquilados. Y ahora se desgañitan queriendo poner puertas al campo de la información... los pobres.