martes, 31 de octubre de 2023

Paradox

Como el que no quiere la cosa del verano para acá me he ventilado media docena de novelas de Baroja, mi autor favorito, allá, por los años jóvenes. Y el que tuvo, retuvo, y estoy disfrutando de lo lindo.  Así es que cuando ya se me está acabando una, me voy de safari por las librerías de viejo y siempre encuentro otra. Y es que, lo suyo con Baroja son las librerías de viejo; no en vano es que su estatua esté, precisamente, en la Cuesta de Moyano.  Porque es que, además, me estoy dando cuenta del porqué de aquel gustarme tanto. Anoche andaba demorándome en las Aventuras, Inventos y Mixtificaciones de Silvestre Paradox, una verdadera delicia rebosante de cargas de profundidad. 

"Esas conversaciones de personas serias acerca de la política y los partidos le exasperaban. Le repugnaba la prensa, la democracia y el socialismo." Me está pareciendo que, en esta novela, más que en ninguna otra, Baroja va al grano en lo de describirse a sí mismo. En Silvestre ha construido un alterego con el que se despacha a gusto. Porque es que se ve que lo necesita más que respirar para poder sobrevivir en un mundo carcomido por la imbecilidad. Despotricar es, a la postre, el único consuelo que les queda a los clarividentes. Aunque, claro, hay formas y formas de hacerlo, y, la de Baroja, es, si cabe, la más elegante posible: construir un mundo paralelo a tu medida y mostrárselo al mundo... que eso es lo que es una novela. 

La biblioteca de Silvestre se compone de cuatro tomos: la Biblia, las obras completas de Shakespeare, las de Molière, y Los Papeles del Club Pickwick que es una versión amable de El Quijote. Me pregunto yo que qué necesidad de más libros que esos hemos tenido los letraheridos que no sea la de evadirse del tedio del mundo a golpe de reiteración. Porque la literatura es, fundamentalmente, eso, reiteración de la media docena obsesiones que torturan a los dotados de una cierta clarividencia. Media docena que se pueden resumir en esa mezcla de estupidez y maldad que es hija de la ignorancia o, mejor si quieren, de la falta de inteligencia. Porque esa es la gran lacra que todos son capaces de ver en los otros y muy pocos en sí mismos. Y, de estos pocos, es de los que podemos esperar la obra de arte. 

En fin, por decir algo.  

lunes, 30 de octubre de 2023

Numancia

FIN DE LA COMEDIA "EL CERCO DE NUMANCIA". Así termina lo que yo hubiese calificado de cualquier cosa menos de comedia. Quizá tragedia épica le hubiera sentado mejor, pero si Cervantes tuvo a bien llamarlo comedia sus poderosas razones tendría. 

Sea como sea, recuerdo que estaba un día porfiando con un colega que me excedía en jerarquía. Me negaba yo a pasar por no recuerdo qué aro y el tachaba mi actitud de numantina en el sentido más peyorativo del término que no es otro que el de obstinación irracional. Si yo por aquel entonces hubiera estado un poco cultivado hubiese respondido que yo numantino y el Escipión, la versión más acabada de la pasión funcionarial. 

La pasión funcionarial consiste en no importarte que el otro se lleve la gloria si tú te llevas el botín. Es la cosa más triste y miserable que se puede concebir, porque el botín te lo comes en dos días y la gloria, si no imperecedera, dura unos cuantos siglos, como la de Numancia que ya va para veinte y sigue dando de qué hablar. 

Los numantinos se habían sublevado porque a su juicio el gobernador que había puesto por allí el imperio no hacía más que extorsionarles. Y bien que nos lo podemos creer porque es de lo más común que los gobernadores extorsionen. Los romanos llevaban ya veinte años intentando someterles y no encontraban la manera de conseguirlo. Los soldados se habían acomodado a aquella situación de tablas y poco a poco habían ido llenando de putas su campamento. Y en esto llegó Escipión a poner fin al despelote. Ni un soldado más muerto en batalla. Expulsó a las putas y puso un pico y una pala en las manos de cada soldado. A cavar, les dijo, y él el primero para dar ejemplo. Y en menos de lo que canta un gallo ya había un muro y un foso prácticamente infranqueables alrededor de Numancia. Los intentos Numantinos de una salida honrosa fueron desechados por Escipión. El objetivo en este caso fue la humillación ejemplarizante. Pero no lo consiguió: cuando por fin entró en la ciudad solo encontró cenizas. No pudo someter ni a una sola persona ni rapiñar un solo céntimo. 

Así es que Numancia ha quedado en el recuerdo por su defensa, a toda ultranza, como se decía antaño, de la libertad, pero, bien pensado, podría ser la metáfora perfecta de la estupidez funcionarial. Que todos los impresos estén debidamente rellenados, caiga quien caiga y allá cuidados. Como si los infinitos vericuetos de la vida se pudiesen resumir en los impresos. Sí, muy bien, tú ganas, pero solo recoges cenizas. ¡Y mira que no hay forma de que se aprenda la lección! Tú, hijo, algo seguro. Y, ¡ale!, a preparar oposiciones. 

domingo, 29 de octubre de 2023

Perorata

Cuando un mal en sus comienzos no se ataja, fuerzas del abandono va cobrando que luego hace imposible el remedio... que por lo visto es en lo que estamos, atados de pies y manos porque el mal ya lo señorea todo. Claro que también siempre se dijo que, a grandes males, mayores remedios. El mundo, en cualquier caso, no se para. Solo se necesita para seguir la marcha que alguien se ponga al frente y marque el camino. Las personas son como las ovejas que tiras a una por un precipicio y todas las demás la siguen. Y lo mismo que en lo del precipicio también siguen a la primera cuando va directa a los buenos pastos. Hay de todo en la viña del Señor. Los buenos y los malos caudillos, aunque, no hay que hacerse ilusiones, los que son buenos para unos son malos para otros y viceversa, y no por nada, sino porque es de todo punto imposible que llueva a gusto de todos. 

En cualquier caso, cuando los males se perciben como grandes, el común de las gentes suspira por los grandes remedios que nunca son otra cosa que el hombre providencial. El caudillo que les decía. Y en ello anda el mundo. Así es que las redes sociales rebosan de noticias sobre el caudillo Bukele. No hay término medio: o le ponen a parir o lo elevan a los cielos. Como pasó y sigue pasando con Franco que es que a veces parece que todavía seguimos teniéndole hasta en la sopa: los que no olvidan ni perdonan. O, dicho de otra manera, los discapacitados mentales para la cosa de la perspectiva histórica. Si no aprendiste a distanciarte, solo verás tus entrañas. 

Sea como sea, cada vez más gente sueña con Bukele. Porque hay una realidad insoslayable: en El Salvador ahora se puede pasear por las calles con un reloj en la muñeca. Algo tan elemental que hasta que llegó Bukele no se podía hacer. La cosa, no se crean, tampoco ha sido tan difícil: política de tolerancia cero y sanseacabó. Pero claro, eso se compagina mal con la ideología cristiana actualizada por los tiempos en forma de marxismo. ¿Porque va a tener ese más derecho que yo a tener un reloj tan bueno? No hay otro quid de la cuestión: la envidia. Todas las ideologías igualitarias, lo son porque dan pábulo a la envidia. 

La envidia es el dolor por el bien de otro. Algo repugnante, desde luego, pero no se engañen porque los sentimientos repugnantes si algo tienen es la facultad de agilizar el cerebro para que manipule el lenguaje de forma tal que lo blanco parezca negro y al revés. Así un envidioso dirá que lo suyo es ansia de justicia social, esa entelequia con la que se vienen justificando las mayores tropelías que puede concebir la mente humana. Ni nunca hubo, ni hay, ni habrá otra justicia que la que se contiene en las tablas que Moisés bajó del monte en el que había estado hablando de tú a tú con Dios. No olviden que Moisés fue un caudillo que llegó providencialmente a sacar al pueblo judío del pozo en el que estaba metido. 

Pues sí, Bukele, al igual que Moisés, si por algo se caracteriza es por la claridad del lenguaje: todo el mundo lo entiende. Al mal, cuando ya ha cobrado fuerza a causa de la tolerancia, no hay otra forma de combatirlo que con una intolerancia sin resquicios. Como hizo Dracón en su momento y ni tan mal que le fue por mucho que solo se le quiera recordar en su faceta negativa. Y después de Dracón vino Solón que invento lo de las constituciones que es una cosa que queda muy fina, tanto, que la gente las usa para limpiarse el culo. Y, entonces, Solón tuvo que dejar paso a Pisístrato, otra especie de Dracón, que no por tener la piel más de cordero, dejó de poner a todo el mundo firme... y sacó Atenas adelante. 

 Bueno, en realidad, ni siquiera sé de qué estoy perorando. 

sábado, 28 de octubre de 2023

The legal floodgates are opening

Estaba charlando el otro día con un empresario y por vericuetos que no hacen al caso habíamos venido a dar en lo del Camino de Servidumbre y La Fatal Arrogancia. Claro está que con un empresario es fácil sacar a relucir estos temas con garantía de ser comprendido: si hay oficio maltratado por el sistema político imperante por doquier, ese es el de empresario; le matan a impuestos y, lo que todavía es peor, a rellenar millones de papeles para las más nimias cuestiones. Y el caso es que sin venir a cuento con lo que en aquel momento nos traíamos entre manos, el tío paró, me miró fijamente y dijo: seguro que tú no te has vacunado. Me pilló por sorpresa y titubeé, porque no me gusta airear intimidades con cualquiera, pero no tardé en confesarle con un cierto orgullo, tengo que reconocerlo, que, efectivamente, no me había vacunado. Entonces él me preguntó que como me había enterado, así, en plan abstracto, porque si no flotase en el ambiente la convicción de que se ha cometido un fraude, la pregunta hubiera sido más concreta. Pero ya saben lo que pasa con los empresarios, que, para bien y para mal, no se andan por las ramas. En resumidas cuentas, que el citado empresario me llamó hace un par de días para decirme que ya se había comprado Camino de Servidumbre y La Fatal Arrogancia. Y para el hijo, como regalo de Navidad, El manifiesto Libertario de Rothbard del que también estuvimos hablando. 

Hay que estar muy ciego y sordo para no darse cuenta de que esa convicción que flota en el ambiente con cada vez más fuerza lo está envileciendo todo. Si por casualidad citas el tema, aunque sea de refilón, de inmediato te das cuenta de que es mejor cambiar de tercio. Porque es como hurgar en una herida que se resiste a cicatrizar: se mire como se miré ha sido caer en un engaño tan gordo que es imposible no albergar la sensación de haber sido estúpido. 

Hoy dice Andrew Bridgen en un twit que "the legal floodgates are opening", o sea, para que se entienda, que los tribunales de justicia han empezado a aceptar demandas contra las farmacéuticas por parte de los perjudicados por las vacunas. Y ahora la cosa ya empieza a ir en cascada. Lo de "safe and effective", se lo van a tener que meter los políticos por salva sea la parte. Pero que nadie se engañe, porque hasta que los responsables de este terrorífico dislate no paguen por su negligencia, o más bien maldad, el mundo no va a sosegar, porque, como se suele decir en plan chiste, no puede ser y además es imposible. 

Extraños tiempos estos. Se ve que el fuego que robamos esta vez a los dioses les ha puesto frenéticos y nos lo quieren hacer pagar a base de bien. Andar jugando con la unidad constitutiva fundamental, eso que se conoce como ADN, va más allá de todas las expectativas que nos es lícito albergar. Así que, agárrense, porque lo que va a traer Pandora en la caja esta vez nos puede volver del revés. Porque ¿a ver qué Dios es el que puede soportar tanta soberbia en sus criaturas? En fin, más vale que recemos. 

viernes, 27 de octubre de 2023

Accountability

Uno de entre los principales asuntos que nos concierne a todos es el de la responsabilidad. Se es o no se es responsable de los propios actos, datistecuestion, como decía un personaje, creo recordar que de La Regenta, para dárselas de políglota. Responsabilidad. Accountability, esa palabra a la que tanta importancia le dieron siempre los anglosajones. En español siempre dijimos que el que la hace la paga, pero todos estuvimos siempre de acuerdo en que hasta cierto punto y dependiendo de las circunstancias. Supongo que es cosa de la piedad, ese sentimiento que es marca de la casa en el cristianismo católico. Sea como sea, aquí nunca el pueblo ha decapitado a un monarca y, eso, lógicamente se nota. Porque mira que nos lo puso bien Fernando VII, pero nada, le perdonamos y sufrimos luego las consecuencias de nuestra piedad con cristiano estoicismo. 

Un mantra que siempre han repetido los mayores desde que tenemos memoria histórica es el de lo mal educada que está la juventud de nuestros días. La juventud de hoy día, dicen, ha perdido el respeto a sus mayores. Es una patochada, porque está en el ser de los jóvenes experimentar con el riesgo so pena de quedar lelos para los restos. Al respecto, nunca hubo mucho nuevo bajo la capa del cielo: los jóvenes siempre fueron un coñazo para los viejos. Lo que sí puede que haya cambiado con los tiempos es la responsabilidad que asumen esos jóvenes al experimentar con fuego. ¿Pagan o no pagan por ello cuando las consecuencias de sus experimentos son molestas o, incluso, dañinas? Recuerdo que en mis tiempos había que andarse con mucho cuidado no te fuesen a pillar porque el nivel de piedad de por entonces era tirando a escaso, seguramente como consecuencia de recién haber salido de una guerra. La gente, en las guerras, se acostumbra a matar a otros simplemente porque les caen mal y, luego, terminada la guerra, pegar una paliza a un chaval por un quítame allá esas pajas, parece lo más natural. Pero luego viene un largo periodo de paz y la gente se ablanda tanto que da pena verlos. Todos los viejos paseando el perrito y los jóvenes campando por sus fueros sin que nadie se atreva a decir ni mu. En definitiva, el problema de la paz sostenida no es otro que el del debilitamiento, sino la muerte, de la responsabilidad. 

Que es en lo que estamos. Aquí nadie tira la primera piedra. Para eso está la escuela pública, para enseñar que eso no se debe hacer so pena de ser expulsado del rebaño. Hoy día, si hay que echar la culpa a alguien es al rebaño, lo que es tanto como no echársela a nadie. Y en estas estando, voy y, ayer, escucho a una brillante oradora pidiendo acountability por los terribles errores cometidos por los gobernantes durante estos tres últimos años. Como la señora en cuestión, de porte aristocrático, seguramente asistió a las clases que en Cambridge diera el insigne Wittgenstein, dedicó su discurso mayormente al análisis del lenguaje. ¿Qué han querido decir los políticos de toda calaña cuando repetían como papagayos el mantra "safe an effective" para referirse a las vacunas? La abrumadora evidencia de que era exactamente al revés, no conseguía frenarles porque, los muy ladinos sabían que, si todos iban a una, el rebaño, en definitiva, nadie podría pedir cuentas a nadie en concreto. Y en ello siguen, por más que, según datos de ayer, la población que se cree que lo de que las susodichas vacunas son "safe and effective", ya no llega ni al tres por ciento. 

Mal asunto, pero muy malo, cuando un pueblo no decapita de vez en cuando a un rey. Así la responsabilidad se va al garete  y los chavales no dejan de dar por el saco... y a los viejecitos solo les queda el recurso de pasear el perrito para poder recoger sus cacas que es de la única cosa de la que todavía pueden sacar alguna satisfacción.

jueves, 26 de octubre de 2023

La vida, la vida es

La revista Forbes, como supongo sabrán, se dedica a informar sobre los negocios. Negocios a lo grande, claro está, que por eso es que tiene su sede central en la Quinta Avenida de New York. Y como se dedica a los negocios, de vez en cuando, su portada viene a parecer, más bien, el de una revista científica por el lado de la medicina. Y es que, es difícil diferenciar en este mundo traidor lo que es una cosa y lo que es otra. Les pondré como ejemplo la reciente portada de la mentada revista. Reza así: 65 Millón People Suffer From Long Covid. Our Experts Say New Vaccines Are The Best Defense. (65 millones de personas sufren de Covid Largo. Nuestros Expertos dicen que las nuevas vacunas son la mejor defensa.) 

Sería de tener muy mala catadura por parte de cualquiera suponer que los dueños de esa revista han tenido otra intención al resaltar esa información en su portada que la de colaborar en la medida de sus posibilidades al bien común de la humanidad. Porque 65 millones son muchos millones sufriendo de una enfermedad que solo los desaprensivos niegan que exista. Esa gente misógina y xenófoba, como en su día fue tan acertadamente calificada, incluso se atreve a insinuar que lo de Long Covid no es más que un eufemismo tras el que se esconden los efectos secundarios de las vacunas. ¡Dios! ¿A qué infamias se puede llegar cuando se barreja la maldad con la ignorancia? Como dice la canción: remena nena que la barreja surt mes bona... pero esto es otra historia.

Pero es que, además, lo dicen nuestros expertos. ¿Se imaginan la calidad de los expertos de una revista de más de cien años, con sede en la Quinta Avenida, y demás hierbas? Por fuerza tienen que ser fiables porque, de lo contrario, ¿en quién podríamos confiar ya? Sin alguien en quien apoyarse, este sería un mundo insoportable. Sí, afortunadamente tenemos a Forbes para despejarnos las incertidumbres que nos torturan, porque nada más lejos de la intención de esa portada que promocionar unas vacunas que, incomprensiblemente ya casi nadie se quiere poner: solo el cinco por ciento según las últimas informaciones; y sigue bajando. La labor de zapa de la maldad no tiene límites, que no por otra causa es que el principal fabricante de vacunas esté al borde de la quiebra. ¡Sí, sí, que siga la maledicencia! ¿Haber quién nos va a proveer después de tan necesarios potingues? Si no fuese por las vacunas ¿dónde estaríamos ahora? O es que no se acuerdan de cómo se acabó con la viruela. 

En fin, como decía una canción, la vida, la vida es.

miércoles, 25 de octubre de 2023

Cuan presto

Como ando metido en líos intrascendentes a duras penas puedo dormir. Caigo en la cama rendido y duermo profundamente un par de horas. Me despierto urgido por la vejiga, voy al servicio a aliviarla, me vuelvo a meter en la cama y no hay forma de volver a coger el sueño. Los líos intrascendentes, líos son, al fin y al cabo, y se sobran y se bastan para señorear el cerebro. Dan vueltas y revueltas por allí, sumiéndome en esa especie de caos psicológico en el que el miedo acaba tomando la delantera al resto de las emociones. Entonces es el momento de levantarse y empezar con la actividad cotidiana, la única medicina con poderes terapéuticos: como algo y, acto seguido, me pongo a describirme. No hay nada mejor, lo atestigua la experiencia, para atemperar las obsesiones y empezar a bostezar. Vuelvo a la cama y duermo tres horas como un niño. Hoy seguiré con los líos, pero ya, atemperados por la reflexión nocturna, no tendrán entidad como para quitarme el sueño. 

¡Es todo tan efímero en esta vida! A nada que te distancias lo compruebas. Todo pasa a una velocidad de vértigo. Contemplada desde los ochentaiún años, la vida es un suspiro. Tanto afanarse y preocuparse para nada. Tan presto se fue el placer como lo hizo el dolor. Apenas queda de todo un leve recuerdo que ni fu ni fa. Y lo por delante, una incómoda propina que aceptas con resignación. En fin, hay que aguantar hasta que Dios quiera, como le digo siempre a mi vecino Joaquín cuando, a sus noventa y pico, se me queja amargamente porque ya no se le levanta. Como es de mi pueblo, se toma esas confianzas. Y a mí no deja de hacerme gracia, lo que viene a ser como una elevación del espíritu. 

martes, 24 de octubre de 2023

No lo veo

Por lo que estoy viendo estamos volviendo a pasos agigantados a los tiempos de Carlos Martel. Hacía poco más de veinte años que el conde Don Julián, cabreado porque el rey Rodrigo había forzado a su hija la Cava, había franqueado el paso del estrecho a las huestes musulmanas. Bueno, esta es la leyenda; la realidad supongo sería que la península Ibérica estaba muy despoblada y el norte de África rebosante de población. Una cuestión en definitiva de gradiente: entre lo más y lo menos denso se establece una corriente que tiende a equilibrar la solución. Física en estado puro. El caso era, entonces, que la corriente no paraba de coger fuerza y del 711 al 732 los árabes ya habían llegado a Poitiers que es donde Martel les para los pies. Porque todo el sur de Francia ya estaba en su poder. Lo mismo que la península Ibérica, salvo unos maquis que andaban por la cordillera Cantábrica. 

En 732 Martel les para en Poitiers, pero tienen que pasar más de siete siglos, hasta que los Reyes Católicos toman Granada en 1492, para que Europa se vea por fin libre del todo de esa ideología perniciosa que llaman islamismo. Y me perdonen los moros por calificar de perniciosa esa que ellos creen su religión y que no es más que una ideología que les han metido a machamartillo para mejor dominarlos. Algo muy parecido, por cierto, a lo que hace en estos tiempos la socialdemocracia con su invento de la escuela pública. Pero este es otro tema. 

¿Y por qué digo que es perniciosa? Pues hombre, a la vista está. ¿Por qué es entonces que toda esa gente tiene que emigrar de sus países en busca de mejor vida? Esa ideología, sin lugar a dudas, fomenta el mal gobierno con su consecuencia inevitable de insoportables diferencias sociales. Pero, en fin, sea como sea, ahí están, no ya hasta Poitiers, como en el siglo VIII, sino por todo Europa amenazando con    señorearla. Porque se da el caso de que esa ideología se fundamenta en la simplificación de las grandes cuestiones de la vida. Un musulmán, si es como le han enseñado que tiene que ser, no tiene por qué tener contradicciones. Todas las grandes cuestiones de la vida las tiene perfectamente regladas. El Corán, que tienen la obligación de aprenderse de memoria, se lo deja niquelado. ¿Conocen ustedes algo más necio y peligroso que la gente sin contradicciones? Son como la peste: todo lo invaden para destruirlo. No hay más que ver cómo están ahora Suecia y Holanda, dos puntales que fueron de la civilización occidental, es decir, el reino de la cultura de la contradicción. 

Pues sí, resulta que con esta enésima escaramuza entre las partes que está teniendo lugar en el Oriente Medio, las masas sin contradicciones que residen en Europa han salido a las calles a alborotar y ello nos ha dado la oportunidad de comprobar de primera mano cuales son las verdaderas dimensiones del problema. Muy gordo, por cierto. Y así es que estamos a la espera del nuevo Carlos Martel (Martillo) que venga a poner coto al dislate. Imagínense el problema que tenemos por delante: si de Poitiers a Gibraltar nos llevó más de siete siglos, ¿cuánto nos va a llevar ahora si han llegado hasta el mismísimo cabo Norte? Bueno, un vasco que vive en China nos contaba el otro día que los chinos hacen campos de concentración y meten en ellos a las minorías musulmanas. ¿Se imaginan cómo tendría que ser el tamaño de los campos si se tomase la misma solución en Europa?

No sé, yo no lo veo. Y mucho menos lo veré. 

lunes, 23 de octubre de 2023

Por añadidura

Lo peor de la vejez es que, de vez en cuando, sobre todo cuando estás en la cama intentando dormir, te asaltan recuerdos de momentos que quisieras no haber vivido. Supongo que todo el mundo tendrá ese tipo de recuerdos porque todo el mundo, indefectiblemente, vivió momentos aciagos. Tener la conciencia cierta de que fuiste, ya sea un idiota, ya sea un malvado y que, por ello, causaste mal al prójimo, debe ser eso que llaman infierno. También, remordimientos, una palabra, por cierto, que no deja lugar a dudas sobre lo que quiere significar. Algo por ahí, por dentro, que te está comiendo a mordiscos y no lo puedes parar. 

Pero, a D. G., a todo se acostumbra uno y, a los remordimientos, no iba a ser menos. Es fácil consolarse con el remedio de los tontos, es decir, con el solo tener la absoluta certeza de que a todo el mundo le pasa igual porque, a la postre, nadie es dueño absoluto de sus actos: las circunstancias, y los estados de ánimo es una de ellas, mandan. Como tengas un mal día, o te hayas levantado con el pie izquierdo, como nos decía nuestra madre, ya pueden ir preparándose los que confiaban en tu benevolencia para llevar a cabo sus propósitos. No solo es que no te importará, es que incluso te regodearás, defraudándolos. Y, gracias a esas injusticias que nos hacemos los unos a los otros es que vayamos aprendiendo el verdadero significado de la vida, si es que tiene otro que no sea el de comer y no ser comido. 

Por lo demás, diría yo, en la vejez todo son ventajas. Te importa todo un carajo porque, a no ser que seas muy tonto, tienes ya la experiencia suficiente para saber que todo es más de lo mismo y así será por los siglos de los siglos. Con inteligencia artificial o sin ella, y demás mandangas, el ser humano seguirá cometiendo los mismos errores, sobre todo el de las expectativas excesivas que indefectiblemente se resuelven en frustración. Y eso es lo que de manera, por así decirlo biológica, has aprendido a controlar cuando has llegado a viejo: el tamaño de las expectativas; cuando ya no hay futuro por delante, por pura necesidad tienen que ser modestas; fácilmente realizables y, si no, no pasa nada. 

En resumidas cuentas, que, en la vejez, si bien son inevitables los momentos de infierno, son mucho más frecuentes los de beatitud o, llamémoslo cielo. Un sillón reclinable, una novela de Baroja, una guitarra a mano, una fisiología aceptable para pasear, unos allegados respetuosos... lo demás, por añadidura.

domingo, 22 de octubre de 2023

Pica-Pica

El terrorismo está por todos los lados. Y es que hay gente que, ya sea porque se consuela haciendo daño, ya sea, mucho más frecuente, por cierto, que es simple y llanamente idiota, el caso es que no hay forma de sacárselos de encima como no sea yéndose a una cueva en las montañas. Los médicos, en esto, se llevan la palma. Voy yo todo feliz a la búsqueda del tutorial del Pica-Pica porque me falta un detalle para tenerlo niquelado y justo al lado del vídeo de ese tutorial hay otro de un médico que se anuncia tal que así: si sientes esto es que tienes el mortal cáncer de páncreas. ¡Qué necesidad de semejante información sabiendo, como tienen obligación de saber todos los médicos, que los hipocondríacos se cuentan por miles de millones! Así es que en menos de un mes ese vídeo tiene más de un millón de visitas. Visitas al vídeo que irremisiblemente habrán conducido a multitud de los visitantes a visitas al médico que, a su vez, se habrán traducido en millones de inútiles pruebas médicas e ingentes cantidades de medicamentos perniciosos recetados. Quizá, o seguro, si alguien lee lo que acabo de escribir pensará que soy un exagerado, ¡allá él!, que se fíe de la Virgen y no corra que ya verá la que se pega. 

Como en esta vida es todo paradójico, pues es muy conveniente doctorarse en comprensión lectora para que no te la metan doblada cada sí y cada no. A tal efecto, al de que te la metan, no hay vaselina que se pueda comparar a la seguridad. La milonga de la seguridad. Ayer les contaba que lo primero que hizo el hombre de las cavernas al despertar a la conciencia de futuro fue inventar a los dioses. Porque el futuro, por definición es incierto, es decir, lleno de peligros que se pueden llevar la vida. Una vez inventados los dioses y poniéndoles de tu lado por medio de los debidos sacrificios puedes suponer, e incluso estar seguro, de que ellos te protegerán de esos peligros que acechan por doquier. Y así estuvo funcionando el mundo, mal que bien, durante milenios. El problema surgió cuando empezó a surgir entre los más avispados la conciencia de que la seguridad era, fundamentalmente, una cuestión de mercado. No hay ningún producto, ni siquiera la droga, que genere tantas plusvalías como la seguridad. Solo es necesario algo tan sencillo como airear un peligro, da igual que sea real o imaginario, para encontrar un nicho de mercado que es como una veta de oro. Que no por otra razón es que no haya oficio que se pueda comparar por el volumen de sus practicantes como el de aireador de peligros. Los encontramos hasta en la sopa. 

En fin, perdonen el dislate, pero es que uno está que ya no puede más. Me siento arrinconado. ¡Por Dios Bendito! Ríete tú de aquel futuro tan oscuro trabajando en el carbón, que nos cantaba Antonio Molina, que, por cierto, qué voz la suya... ni siquiera cantando al futuro oscuro podía hacer otra cosa que deleitarnos. Si morir tenemos, como se recuerdan unos cartujos a otros cada vez que se encuentran por los corredores del monasterio, buena gana de andar dándole vueltas al asunto. Que sea lo que Dios quiera, como no puede ser de otra manera y, mientras tantos, dedicarse a los valses venezolanos y cosas por el estilo. Afortunadamente, hay mucho en donde escoger. 

sábado, 21 de octubre de 2023

¡Oh, my God!

Como les decía, recién vengo de terminar la lectura de los libros de Heródoto y si algo he encontrado en ellos que los pudiera definir por encima de todo lo demás, eso es, exactamente, lo mismo que define a la Biblia, es decir, la omnipresencia en ambos dos de la relación del hombre con la divinidad. Se diría que el día que el animal humano tomó conciencia de la existencia del futuro, irremisiblemente se instaló en la incertidumbre, una realidad absolutamente exasperante de la que solo pudo escapar en parte inventándose a los dioses. Preguntar a los dioses, implorarlos, adorarlos... no ha habido nada a lo largo de toda la historia de la humanidad que fuese, por así decirlo, más nuclear, o sea, que todo haya girado en torno de esa idea puramente quimérica. Y ¡ay de quien hace bromas al respecto! Nunca hubo delito que llevase a tantas personas a la hoguera.

Luego vino lo del siglo de las luces y, con ello, la ilusión de poder prescindir de los dioses. Con nuestra capacidad para razonar no les necesitamos para nada, dijimos. Nietzsche incluso se atrevió a anunciar que Dios había muerto. Quizá no había leído a Casanova porque, de lo contrario, seguramente hubiera dicho que habíamos cambiado de superstición sin haber ganado, sino probablemente lo contrario, con la trasposición. De hecho, si a algún dios se le han inmolado a destajo vidas humanas, ese ha sido el dios de la racionalidad en su acepción más extremista: la Ciencia. Fue precisamente la Ciencia la que instituyó que el Anís del Mono era el mejor y que, por tanto, no había más que hablar. Y al que hablase, pues leña al mono, valga la redundancia. Bueno, ya acaban de ver toda la leña que han dado a los que han cuestionado la versión oficial, basada por supuesto en la ciencia más estricta, de la cuestión pandémica... les han llamado negacionistas, pero, en realidad, lo que querían decir era sacrílegos, o sea, asesinos de lo sagrado. 

Pero todo es inútil. A la verdadera hora de la verdad, valga también aquí la redundancia, el ciudadano común echa mano indefectiblemente de los dioses de siempre. Si quieren comprobarlo no tienen más que, coger, agarrar, ponerse un rato a ver porno y de inmediato comprobarán que todas las mujeres anglosajonas cuando están en el trance de alcanzar el clímax, impepinable exclaman ¡Oh, my God! Ya ven que cuando la vida cobra todo su sentido es imposible sustraerse a divino. 

Por lo demás, desmintiendo la impepinabilidad de las mujeres anglosajonas, cuando los padres de Tristan Shandy le estaban concibiendo, en el momento álgido, cuando el padre descargaba, a la madre no se le ocurrió mejor cosa que preguntarle si se había acordado de dar cuerda al reloj -ya saben que hasta no hace mucho había que darles cuerda todos los días-. Fue el pobre Tristán, que no en vano se llamaba así, el que pagó las consecuencias durante toda su vida de no haber su madre invocado a Dios en el momento preciso. Si tal señora hubiera sido griega o judía de cuando aquel entonces, no hubiera cometido semejante sacrilegio, porque si algo sabía aquella gente era que a los dioses no se les debe sacar de la cabeza nunca y menos cuando te están concediendo algo sumamente importante.  

viernes, 20 de octubre de 2023

Y viceversa

Los seres humanos tenemos una tendencia irreprimible a mirar el presente, la actualidad que le dicen, con una lente de aumento. Eso nos impide la perspectiva. Los griegos lo llamaban la lejanía apolínea. Desde lejos se ve el conjunto y, por tanto, la relativa importancia de los detalles. Han sido muchos los momentos en los que la gente, abrumada por un presente difícil, ha pensado que era el fin de los tiempos. Es evidente que tal suposición no es sino la consecuencia de la ignorancia de los resortes del movimiento histórico, como muy acertadamente puntualizó Tucídides. 

En estos que parecen muy agitados tiempos, vengo de pasar las tardes tumbado en el sofá leyendo con parsimonia, por enésima vez, los libros de Heródoto. Estoy a diez páginas, de las mil de que consta, para terminarlo. Y realmente lo siento, porque voy a echarle a faltar. Tanto es el placentero entretenimiento que me proporciona. La infinita variedad de los comportamientos humanos desde su idéntica condición. La agobiante imprevisibilidad de los acontecimientos que obliga al continuo diálogo con los dioses. Lo tornadizo de la caprichosa fortuna. Da la impresión de que nada queda por ver y oír una vez leídos esos libros. 

Tiempos agitados, digo, estos que estamos viviendo. No faltan voces, sino que a mi juicio sobran, que nos anuncien el Armagueddon. La lucha definitiva entre el bien y el mal que se lo llevará todo por delante. La típica paparrucha que sirve de consuelo a los desesperados: que se vaya todo a tomar por el saco de una puta vez. Lo de siempre, en definitiva. Lo malo es para el que le toca la peor parte que, no nos engañemos, no suele ser por suerte, sino por justicia divina. Porque los dioses son implacables, sobre todo con el pecado de soberbia. 

Siempre hay en el mundo exceso de soberbia. Y siempre, también, la soberbia es humillada por la modestia. En sus últimas doscientas páginas, Heródoto nos relata pormenorizadamente como la modestia de las pequeñas ciudades-estado griegas destruye la soberbia del imperio persa. Era tal la desproporción de las fuerzas de unos y otros que hacía impensable un desenlace como el que se produjo. Y, sin embargo, tampoco es que sea tan complicado de entender. Al que defiende su libertad los dioses le favorecen y, por contra, al que quiere quitársela le ciegan. Así es que hayan sido tan frecuentes las ocasiones en la que el ingenio de los pequeños haya derrotado a la prepotencia de los grandes. "Estaríamos perdidos, hijos míos, si no hubiésemos estado perdidos", dijo Temístocles a los atenienses momentos antes de embestir con la suya a una nave persa en Salamina. Es muy diferente lo que se aguza el entendimiento cuando uno defiende lo suyo que cuando intenta acrecentar su poder quitándoselo a otros. 

Resumiendo, que, visto con perspectiva, desde la lejanía apolínea, nunca pasa nada que no haya pasado ya mil veces con resultado de volver siempre a las andadas. Y, ahora, igual: los que tan seguros están en sus poltronas en dos días estarán pidiendo en una esquina... y viceversa. 

jueves, 19 de octubre de 2023

Misantropía

Pareciera que el ser humano siempre estuviese despertando de un mal sueño. Justo, en este momento, estamos saliendo a trancas y barrancas de la pesadilla del idealismo alemán que viene señoreando el mundo ya va para siglo y medio. El que quiera comprobar esto que digo solo tiene que abandonarse al azar de las redes sociales: todos esos jóvenes que dejan constancia con brillantez de su pensamiento son, seguramente sin saberlo, discípulos aventajados de Hobbes y Gracián. La idea de que el mundo es una selva en la que siempre estás a merced de las fieras, o de que todos corren detrás de Falsirena, la vendedora de quimeras destructivas, es omnipresente en el pensamiento de esta casta de predicadores que usan las nuevas tecnologías para sacar unas perrillas en unos casos y, en otros, para liberar su alma de tensiones paralizantes. 

Hoy me topo con el vídeo de un chaval que se explaya desmenuzando a Falsirena en la figura del Estado Protector. Da cinco impecables razones por las que si eres joven y tienes algo en la cabeza lo primero que te tienes que plantear es largarte de España cuanto antes. Todo, absolutamente todo, el tinglado en el que estamos sustentados está basado en falsedades. En la típica estafa piramidal para que nos entendamos. El estado paga cinco millones de sueldos más que la iniciativa privada. Todo el milagro consiste en postponer el pago de lo que se debe. Los políticos se asignan unos sueldos de reyes y nunca se cansan de hacer promesas que no tienen la menor intención de cumplir. Los jubilados ganan el doble que los que trabajan. Los funcionarios, el triple que los autónomos. Todo es un completo dislate que se sostiene gracias al adormecimiento del espíritu crítico producido, ya sea por las pastillas que recetan los médicos, ya por lo que venden los camellos en sus numerosas versiones. En esencia, lo que quieren todos los niños es ganar el triple que los autónomos y por eso es que cantan aquello de Lina Morgan: ¡Mamá quero ser... funcionario! 

Uno, que ya está a punto de rendir cuentas al Creador, reconsidera su vida para organizar la defensa ante Él. Como en todas, hay luces y sombras, aunque, ya sea la objetividad, ya el estado de ánimo, me lleva a hacer un balance poco halagador. Aquel día que sucumbí a los cantos de sirena y me dejé arrastrar hacia la condición funcionarial. Tardé en caer en la cuenta e intenté zafarme, pero fracasé estrepitosamente. Por así decirlo, me sirvió para descubrir que estaba castrado. Al final, conseguí irme, pero por la puerta de atrás, o sea, sin honor, sintiéndome un miserable. 

El único atisbo de luz que pudiera achacarme es lo mucho o poco que haya podido influir en mis hijas para que no sucumbieran a los mismos cantos de sirena que sucumbí yo. Para ellas la sola idea de ser funcionarias es el sumun del horror. Siempre han ido por libres y ¡vive Dios que se les nota en el espíritu! Nunca las oí quejarse de nada. Y, por lo mismo, siempre tuvieron una responsabilidad que, por comparación con la mía, ha sido titánica. Es, en definitiva, el no haber consentido en ser castradas por el sistema. Por eso entienden tan bien lo que quiere decir "pantomima full"... ¡pues anda que no han tenido oportunidad de verlo de cerca! 

En fin, misántropo que me levanté hoy.

miércoles, 18 de octubre de 2023

Dominio

He vuelto a escuchar la entrevista que le hacen a Iñigo Ongay de Felipe en Iocandi Causa a propósito del animalismo. Y es que reconozco que me obsesiona el tema. Y no por nada, sino porque pienso que tiene que haber alguna razón que se me escapa por la cual se esté produciendo este fenómeno histórico que, se podría decir sin exagerar, ha puesto a los animales en el centro de la vida de los humanos... o, por decirlo como le gusta a Iñigo, de los animales humanos. Y no es que los animales no hayan estado siempre en ese centro, pero lo estaban con otras connotaciones, ya fuera como alimento, ya como aliviadores de cargas. Sin embargo, lo de ahora, nada que ver; lo de ahora lo deja niquelado la expresión que tanto gusta a los dueños de las mascotas: uno más de la familia. Bien es verdad que, sí, uno más, pero que se compra en las tiendas y hay que sacarle cada dos por tres a las calles a que cague y mee, que solo hay que ver cómo están las calles para comprobar las dimensiones de la farsa. Tener un perro, como proyecto de vida para unos, o como simple soporte para otros, hay que reconocerlo, es un verdadero asco. Y para más inri, caro. Y, sin embargo, ahí está ese entusiasmo por ellos como nunca se vio cosa igual. ¡Ay, si hubiera habido algo parecido por los hijos!

El análisis de Iñigo es exhaustivo. No deja cabo suelto sobre la cuestión central: ¿qué es lo que diferencia al animal humano del resto de los animales? Pues solo y exclusivamente que el animal humano domina, o casi domina, al resto de las especies. Y digo casi porque, a las ratas, así como a ciertas clases de artópodos no hay forma de acabar con ellos por más que nos den por el saco. El caso es que hace Iñigo una pormenorizada excusión histórica, de Aristóteles para acá, sobre el concepto filosófico de animalidad. De ser una cosa, un objeto, los animales no humanos han pasado a ser considerados como seres animados con todos los atributos que se les supone a los humanos. Aquella mandanga, con la que solíamos justificar nuestra superioridad, de que los animales actúan por instinto y nosotros por razonamiento, no se sostiene. Por instinto actuamos todos y todos, también, tenemos inteligencia, memoria, lenguaje, en menor o mayor medida. Tan es así, que, los entusiastas de la cosa no se paran en mientes y piden en los parlamentos para los animales en general los mismos derechos que para los animales humanos. Y nos quieren poner a todos a alimentarnos de lechugas y cosas así salidas de la tierra... ya saben lo que es la furia de los conversos. 

Así es que, considerando todas las razones expuestas por Iñigo, y que yo he tratado de resumir aquí, no se me ocurre otra explicación para ese penoso entusiasmo que, entre otras cosas, obliga a pasarse la vida recogiendo cacas por las calles, que el hecho de regodearse con la sensación de dominio. Unas vidas tan miserables, sometidas hasta la exasperación a las sevicias del control socialdemócrata, de pronto, encuentran un aliviadero a su tortura psicológica en ese dominio absoluto sobre algo animado con lo que se puede establecer una relación de afecto correspondida sin fisuras. Tú lo alimentas y lo demás se te da por añadidura. ¿díganme ustedes que otro tipo de relación ofrece unas cláusulas contractuales tan favorables?... excepción hecha, claro está, de lo de recoger cacas por las calles, que a algunos que conozco ha sido lo único que ha conseguido echarles para atrás. 

lunes, 16 de octubre de 2023

Filistea

Tengo entendido que hay profecías que anuncian que el final del mundo será cuando los judíos regresen a la tierra prometida. Como supongo sabrán, los romanos un buen día decidieron que con aquella gente no había forma de entenderse y, entonces, destruyeron su templo, arrasaron su ciudad y persiguieron a los que intentaban quedarse por allí. Así es como se produjo, hacia el año setenta de nuestra era, la dispersión de los judíos. Y por ahí anduvieron a lo largo de los siglos conservando sus esencias como ningún grupo humano, excepción hecha de los gitanos, lo hizo en el mundo. Bien es verdad que nunca han soltado de la mano el libro que constantemente les está recordando que son el pueblo elegido, es decir, superiores en todos los aspectos al resto de los humanos. Un mal asunto, desde luego, que no ha parado de crearles graves problemas en multitud de ocasiones. Así todo, supieron defenderse y, de alguna forma, demostrar al mundo esa superioridad de la que blasonaban. Sea como sea, por la envidia que producían sus logros, por su capacidad para acumular dinero, por la arrogancia que toda conciencia de superioridad tiende a producir, el caso es que por todos los sitios por donde pasaban han generado tantas antipatías que, una de dos, o salían por pies, o recibían leña. Y así, hasta que, mediado el siglo XIX, y aprovechando la oportunidad que les brindaba la absoluta decadencia y corrupción del imperio otomano, que era el propietario de aquellas tierras, decidieron volver a ellas. Empezaron a comprárselas a los terratenientes turcos por dos perras y al cabo de unos años ya eran propietarios legales de la mayoría del territorio. Claro que en aquellas propiedades turcas solían vivir de alquiler algunos beduinos que se vieron obligados a ahuecar el ala. Es muy interesante al respecto de la evolución de todo este asunto la lectura del Viaje a Tierra Santa de Châteaubriant. Describe aquello, a principios del XIX, como un lugar desolado en el que mandaban los administradores de los señores feudales que vivían en Constantinopla. El único lugar con algún movimiento era Jerusalén y, eso, porque allí mandaban todas las órdenes religiosas cristianas una avanzadilla para luchar por un trozo del Santo Sepulcro. También había allí una pequeña comunidad judía absolutamente miserable y una agencia inmobiliaria que vendía a los acaudalados europeos pequeñas parcelas en el valle de Josafat. Existía la creencia por entonces de que si estabas enterrado en ese valle estarías entre los primeros en ser juzgados el día del Juicio Final. Por lo demás el territorio era sumamente peligroso porque lo recorrían bandas de beduinos que se dedicaban al pillaje. Por eso Châteaubriant viajaba con diez guardaespaldas armados hasta los dientes. 

En resumidas cuentas, que la profecía de marras parece que se va a cumplir: todo fue volver los judíos a la tierra prometida y empezar los problemas. Y cada vez mayores porque mezclar judíos con filisteos es como mezclar azufre con clorato de potasa. Un pequeño encontronazo y, ¡zas!, todo salta por los aires. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que aquel enclave es una encrucijada entre mundos diversos. Por eso no es extraño que haya allí continuos lances de encrucijada, como decía Don Quijote. Lees historia y te das cuenta de que en pocos sitios estará la tierra más empapada en sangre. Por fas o por nefas, nunca cesaron allí las guerras. Al fin y al cabo, de allí salieron las tres religiones más fanáticas de todas las que tenemos noticia. Aunque quizá sería más apropiado decir que los fanáticos son las personas que profesan esas religiones. Pero da igual quién quien sea el huevo y quién la gallina porque el caso es que no pueden parar de matarse y de paso salpicar. 

domingo, 15 de octubre de 2023

Homilía dominical

El parecer los congresistas de EEUU han echado atrás una ley que pretendía la digitalización del dinero por parte del banco central. O sea, la desaparición progresiva del dinero físico. En resumidas cuentas, estamos en lo de siempre, unos intentando controlar y otros zafándose del control. ¿Se imaginan lo que pasaría si todo el dinero fuese digital y, por tanto, no hubiera la menor posibilidad de defraudar un céntimo al afán recaudatorio del Estado? Bueno, tal posibilidad es de todo punto un imposible metafísico. Una irrealidad. Todo fuera imponer ese dinero digital y empezar a aparecer como por ensalmo el dinero físico en sus mil formas posibles. Empezando por el oro y la plata. Pero es que, además, el dinero digital está sometido a la implacable ley natural que preconiza que la vulnerabilidad de algo es directamente proporcional a su sofisticación. Y lo del dinero digital es sofisticado de narices. Imagínense todo el tinglado que hay detrás de una tarjeta de esas que nos da el banco para que compremos o saquemos dinero físico del cajero. Si le surgiese un enemigo a ese tinglado tendría mil sitios por donde atacarlo. Simplemente, cortando la electricidad ya se iría todo al carajo. No, desde luego que los congresistas americanos no han sido tontos al rechazar la centralización estatal del dinero digital. 

Y así es todo en esta sociedad totalmente sometida al dios de la tecnología. Acuérdense que a ese dios patizambo su bella mujer le ponía los cuernos con el dios de la guerra. A partir de ahí, el pobre desgraciado ya no tenía cabeza para otra cosa que para atrapar infraganti a los dos desaprensivos. Venus y Marte, para que nos entendamos. Hay demasiada simbología en todo esto y, el que no la quiera ver, o sea incapaz de verla, allá él, que siga confiando en su fuerza para tirarse a Venus hasta que, indefectiblemente, quede atrapado en la maya de hierro.  

Es impepinable, a más sofisticación, mayor vulnerabilidad, lo cual nos conduce, inevitablemente, a la obsesión por la seguridad. O sea, el círculo infernal por antonomasia. No hay forma de escapar a la maya de hierro que la sofisticación se ve obligada a construir en un inútil intento de protegerse. Porque mientras haya Venus y Martes habrá cuernos para el responsable de tanta sofisticación. ¡Por Dios Bendito, lo que son capaces de inventarse los amantes para engañar a los maridos! De poco les va a servir a estos pillar infraganti a a aquellos. Una vez consumado el acto ya no hay quién pare la debacle. 

En fin, yo añoro aquellos tiempos en los que los médicos íbamos con el fonendo y el sentido común por toda herramienta. Me consta que aquello era infinitamente mejor para los enfermos que lo que hay ahora. Al menos no corríamos tanto peligro de quedar atrapados en la quimera de la seguridad, es decir, del miedo insensato que señorea la vida.

En definitiva, que fuimos a por lana y resultamos trasquilados. 

sábado, 14 de octubre de 2023

Mística

Como ya tengo el Marabino en el bote, ayer me puse con el Pica Pica, otro vals venezolano, también conocido como La Partida y, en Argentina, como Quiero Ser tu Sombra. Desde luego que, en otras cosas, no sé, pero lo que es en música no hay quien gane a los sudamericanos. Mejor dicho, los americanos al sur del Rio Grande. Vas país por país y, si uno es bueno, el otro mejor. Y todos con una personalidad propia. Porque así son las cosas de este mundo, que no por más desastres se deja de ser más inteligentes. A ver, por poner un ejemplo, quien en el mundo fue capaz de escribir, hace ya doscientos años, una gramática que le llegue a la altura del tobillo a la del venezolano Andrés Bello. Que una gramática no es, por cierto, cualquier cosa. Hace falta haber mamado mucha civilización para ser capaz de semejante hazaña del espíritu. Y de los valses, digo lo mismo. 

En cualquier caso, cada día que pasa estoy más convencido que cualquier cosa que hagamos los humanos que no tenga por fin glorificar a Dios es, no ya una pérdida de tiempo, sino algo que nos perjudica gravemente. Esa idea que no sé quién nos metió, seguramente el demonio, de utilizar el conocimiento para construir cachivaches que nos faciliten la vida es la trampa perfecta. Ya me dirás tú, el don de la ubicuidad: en seis horas cruzas el Atlántico como si fueses un Dios. Por no hablar de la omnisciencia que nos promete el internet de los cojones. ¿Ustedes creen que la especie ha mejorado un ápice en cualquiera de sus facetas desde que tenemos todos esos cachivaches a nuestro alcance? Yo, desde luego, no lo veo por ningún lado. Al revés, solo veo inutilidad y barbarie. Ahí están, todo el día tirados en las terrazas, viendo la televisión y acariciando a los perros. ¡Menudo proyecto de vida! No me extraña nada que de lo que más se hable sea de la enfermedad: solo se levantan de la terraza para ir al hospital a hacerse una prueba diagnóstica. La sombra de la muerte planea sobre los ociosos como un vampiro insaciable... perdonen el pleonasmo. 

Pues sí, hay mucha diferencia entre aprender geometría con la sola finalidad de que te admitan en la Academia platónica a aprenderla para hacer puentes y carreteras. O sea, a mayor gloria de Dios o, por el contrario, mayor sufrimiento de los hombres. Ganar tiempo al tiempo, que para eso se construyen puentes y carreteras, solo sirve para precipitarse cuanto antes en el infierno del ocio. Lo veo cada vez más claro, donde estén un vals venezolano o un "huerto de Renato" que se quiten de enmedio todos los Golden Gates y Empire States del mundo. Alimento para el cuerpo y alimento para el espíritu: todo lo demás es veneno. 

En fin, hoy me levanté místico, qué le vamos a hacer. 

viernes, 13 de octubre de 2023

Todas las horas

Leo: "El malvado jefe de policía ha construido un terrorífico sistema de vigilancia para controlar a los amantes de los placeres mundanos, pero, debemos confesarlo, no le sirve de mucho. La voluptuosidad se dispara cuando alguien trata de restringirla; y así será por siempre mientras los hombres tengan pasiones y las mujeres deseos. Amar y disfrutar, desear y satisfacer los deseos, tal es el circulo en el que giramos y del que no podemos salir. Cuando se imponen restricciones sobre las pasiones, como hacen en Turquía, es cuando más se desatan, pero siempre por métodos destructivos de la moralidad." 

Casanova se está refiriendo en este caso a Turín, pero, a la vez, generaliza. Extrae de su propia experiencia una ley de la naturaleza. El mundo funciona así. Como las personas. Cuando más se esfuerza uno por aparentar bonhomía es que más tiene que ocultar. Es un indicador que no falla: hay una relación directamente proporcional entre el puritanismo institucional y la corrupción medio ambiental. 

Es tan de Perogrullo todo esto que la sabiduría popular lo clava con ese refrán que sostiene que "dime de qué presumes y te diré de qué careces". Mi pobre padre que en gloria esté, no se cansaba nunca de repetírnoslo. Desde luego que nunca conocí hombre menos presumido. Aunque, seguramente, tampoco era mérito suyo. Quizá no era más que, al estar en el sitio adecuado haciendo lo que sabía hacer, ya tenía recompensa suficiente para satisfacer su ego. A la postre, los que presumen de lo que sea, manifiestan a las claras su miseria. Y si, ya, de lo que se presume es de puritanismo, entonces, aléjate, porque, si no, te mareará la hediondez.  

En resumidas cuentas, que uno no tiene la suficiente voluntad para prescindir de cualquier forma de información que no sea a través de las novelas. Me descuido y se me cuelan noticias de lo que pasa por el mundo que, aunque sean las mismas de siempre, tienen la virtualidad de estragarte el ánimo. Porque los seres humanos, por el hecho de serlo, sufren tanto que sin querer buscan consuelo haciendo el mal a los que piensan, equivocadamente, que están mejor que ellos. Ésta, también, es una ley de la naturaleza y, por, tanto, incontrovertible, Así es, que, la única salida que nos queda es recurrir a las maravillosas sentencias que genera el estoicismo. A Baroja, que era bastante de esa cuerda, le gustaba mucho recordar que "todas las horas hieren menos la última que mata". Incluso, creo recordar haber leído en algún sitio que a la entrada de su casa había un reloj de pared en cuya esfera estaba inscrita esa sentencia. 


jueves, 12 de octubre de 2023

Hermano lobo

Volvemos a las andadas. No hay signo premonitorio que mejor anuncie la catástrofe que se avecina que el afán de los que mandan por controlar la información. Controlar la información es un imposible metafísico. Está fuera de la realidad. Es como querer retener el agua en un cesto. Solo mentes perturbadas por la soberbia pueden pretender tal dislate. Yo, no sé ustedes, pero a mí cada vez que me ponen delante la petición de una firma para que liberen a Julián Assange, firmo sin pensármelo dos veces. Me importa un carajo si por ello me meten en una lista de desafectos porque, pienso, una vida sin lo que Assange representa no merece la pena. Nadie tiene derecho a limitarme información sobre asuntos que me conciernen. Y esos que dicen Secretos de Estado no son más que tretas de los que están en el poder para intentar perpetuarse en él. Todo lo que tiene que ver con el Estado me concierne y quiero saberlo para poder tomar mis decisiones personales.   

Sí, pueden estar seguros de que algo gordo se avecina, porque tanto en el parlamento británico como en el europeo se han promulgado sendas leyes con la pretensión de retener el agua en el cesto. Como era de esperar, el pitorreo ha sido mayúsculo. La comisaria europea de la cosa ha considerado oportuno pegarle un toque a Elon Musk por aquello de que es dueño de una red social que se pasa por el culo las leyes represivas de los parlamentos. No hemos tenido que esperar mucho para poder disfrutar de la respuesta de Elon: un vídeo haciendo mofa de la censura informativa cuando lo de la famosa pandemia. Video que, por supuesto, ha sido visto no por cientos sino por miles de millones de pacíficos ciudadanos. Siempre pasa igual, cuando un poder caduco trata de reprimir a la gente es cuando surgen los mejores chistes. Los de mi edad, aquí en España, tenemos bastante experiencia a tal efecto. "Hermano lobo" y todo aquello que tanto nos alegraba la vida en los estertores del franquismo. 

¡Ministerios de la verdad! Mira que hay que ser tonto para que se te pase por la cabeza tal posibilidad. Claro, a los tontos no les da el cacumen para leer el Quijote y por eso no saben que, si hay algo en este mundo que no necesite defensa, eso es la verdad. Siempre acaba flotando sobre la mentira como el aceite sobre el agua. Pero, en fin, es de lo más normal que a un tonto en aprietos no se le ocurra mejor cosa que huir hacia delante. Justo hacia donde están los que disparan. Así es siempre la traca final. Aunque como la traca anterior, la de los bigotitos, fue tragedia, esperemos que la que se avecina, por lógica histórica, sea comedia, continuación, en cierto modo, de la que se representó en Rusia cuando lo de la caída del muro. Nos quisieron convencer de que aquello era una cosa y, lo que teníamos nosotros, otra completamente diferente. Esa fue la gran mentira que ahora se está deshaciendo: lo de ellos y lo nuestro se parecían como gotas de agua; todos sometidos al poder omnímodo del Estado. 

Resumiendo, quizá todo esto no sea más que la consecuencia de tantos años seguidos de aconsejar los padres a los hijos que no sean tontos y se hagan funcionarios. "Tú, algo seguro", les dicen. Como si los Estados no se fuesen a tomar vientos cada sí y cada no. Pero no hay forma de que aprendamos. Al menos hasta que empezamos a ver las orejas al lobo. 

miércoles, 11 de octubre de 2023

Los Martín de Torre Don Miguel

Como dice la familia Martín de Torre Don Miguel, vamos a asar un cacho de panceta que está la cosa pa pocas bromas. El suculento manjar, puntualiza Feli, el padre. Y ahí les vemos, optimistas, alrededor del fuego, partiendo el día entre la agricultura de la mañana y la ganadería de la tarde. Esta familia que decidió instalarse en el escaparate de las redes sociales para darnos una imagen genuina de la vida rural. Algo que concuerda plenamente con el imaginario de las masas cosmopolitas respecto de lo que era la vida de sus antepasados. Porque todos venimos de lo mismo, de lo que el marxismo rampante dio en calificar, con mucho acierto, de sector primario. ¿Porque qué cosa más primaria puede haber que la producción de comida? Efectivamente, pa pocas bromas al respecto.

El caso es que la familia Martín es cualquier cosa menos paleta. Un día, alguien le achacó a Nazaret, la hija, un hablar cateto y, entonces, fue ella y, cual Marcela del Quijote, se subió a una peña y empezó a disertar sobre las lenguas y su uso. Ni el profesor Pascual lo hubiera hecho con tanta sabiduría. Y es que, Nazaret, es pastora por propia elección, no porque se lo haya impuesto el destino. Fue a la universidad, hizo dos carreras y a continuación concluyó que lo suyo era el campo. Y allí se fue para, entre otras cosas, dar pábulo a la nostalgia de esas masas que agobiadas por el tráfago de la vida cosmopolita sueñan con el campo como paraíso perdido... en Nazaret y su familia, de alguna forma, lo vuelven a hallar.  

Entre unas cosas y otras, la familia Martín se ha convertido en un interesante referente para los aficionados a la literatura, porque, en el fondo, lo que nos ofrecen es, cual fuera el caso de Casanova, unas memorias noveladas. Ahí está la condición humana en carne viva para que le echemos un vistazo y saquemos nuestras conclusiones. Y por tal es, supongo, el que tengan tantos seguidores. Porque son muy buenos en lo que hacen, con esa sensación de naturalidad que saben dar que, como saben, es la esencia de la buena literatura. Porque, acaso van a creerse ustedes que la imagen que la familia Martín da de sí no es una ficción exactamente igual que la que todas las familias intentan dar de sí cuando se ponen a contar sus cosas. 

En fin, sea como sea, a mí los Martín me caen muy bien y, sobre todo, me entretienen... de la misma forma que lo hace Zalacaín el Aventurero que es lo que estoy leyendo ahora antes de ir a la cama. 


martes, 10 de octubre de 2023

La reina del cielo

Andábamos por los cuarenta o así, como quien dice lo mejor de la vida, y entonces vimos aquella película, "La balada de Narayama". La cosa iba de que la gente de aquel lugar cuando le llegaban los setenta años se iba monte arriba a morir de hambre y frio. Así sus familiares no tenían que pasar por el trance de presenciar su decrepitud y agonía final. Aquello nos dio para mucho pensar y no pocas conversaciones. Claro, todavía veíamos lejos los setenta y, eso, condicionaba nuestros razonamientos. En las cosas complicadas de la vida es muy difícil opinar, sobre todo cuando no estás metido de lleno en el ajo. Así que no quiero ni pensar en las cosas que se escucharon sobre el particular por aquel entonces, y más si se tiene en cuenta que mi entorno tenía muchos trabajadores de hospital acostumbrados a ver la degradación física y mental de cerca... tales circunstancias, nada tiene de extraño que acaben por influir en el carácter de las personas orientándolo hacia la forma que los ingleses califican como callous, o sea, una palabra con la misma etimología que calloso, es decir, con una costra sobre la piel que la hace insensible al dolor. 

Les he contado esto porque ayer me llegó la noticia de que unas callous enfermeras de mediana edad del Reino Unido que trabajaban en un pabellón de viejos deteriorados se dedicaban a sedarlos para así tener ellas una más "easy life" (vida fácil) y, de paso, poder dedicarse a "their own amusement" (su propio entretenimiento). El problema que tuvieron estas callosas señoras es que, como con cierta frecuencia se les iba la mano, llegó un día en que unas de esas raras personas que sí les importa que hayan matado a su deteriorado familiar se pusieron a investigar y se descubrió todo el pastel. La cosa fue rodando y salieron a la luz algunas curiosidades. Por ejemplo, que en el pabellón donde trabajaban las interfectas hay una cultura del abuso y una corrupción rampante que lleva al 95% del personal a utilizar "on a recreational basis" (para dograrse) los medicamentos sedantes que se almacenan en el pabellón para las necesidades terapéuticas inmediatas.

El caso es que la gente se rasga las vestiduras cuando se entera de este tipo de cosas, pero, después, cuando tienen al viejo deteriorado en casa, remueven el cielo y la tierra para que los funcionarios del Estado les saquen de encima el marrón. O sea, que es todo muy por el lado de la hipocresía. La misma que mostraron las legiones bienpensantes cuando escucharon decir al Rey Hassan II de Marruecos que si él se enteraba de que en su país habían abierto una residencia para ancianos inmediatamente mandaría cerrarla y detener a sus propietarios. Los ancianos, dijo, son cosa de su familia. Ver su deterioro y muerte es parte fundamental de la educación sentimental de las personas. 

En fin, unas culturas, otras culturas... en los libros de Heródoto se encuentran no pocos pasajes en los que trata el asunto de los viejos. Describe multitud de formas de irse de aquí. Algunas tan sorprendentes que le hacen filosofar sobre la costumbre al Emperador Ciro. La costumbre es la reina del cielo, viene a concluir. Porque los que han visto desde que nacieron que a los viejos se les come en una fiesta organizada a tal efecto para que su alma pase a su descendencia y no se pierda en la nada, pues, digo, esa gente considera su costumbre como la cosa más natural y racional del mundo. 

Resumiendo, que de todas las variables del asunto, yo me quedaría con el modelo Narayama. Así es que cada día que pasa me adentro un poco más en el monte para, así, dar la menor tabarra posible. Y lo de las callosas británicas, ¡anda que no habré visto yo de eso en esta vida! Es la costumbre en tales lugares. La reina del cielo. 

lunes, 9 de octubre de 2023

Los idiotas

Me envía Fede el enlace a una entrevista que le hacen en el periódico ABC a Alexandra Henrion Caude, la genetista francesa de la que ya les hablé varias veces en este blog. Ella, como su colega Luc Montagnier, denunciaron desde el principio el fraude del circo covid. Y fueron por ello llevados a la hoguera de la opinión pública más necia desde que tenemos noticia de que tal cosa existe si es que existe. Porque ya tengo mis dudas que la gente en general piense otra cosa que lo que le manda pensar el poder en curso, que no para otra cosa se inventaron los púlpitos. Desde ellos, con toda su parafernalia, es muy fácil convencer al personal, lo mismo de que la Virgen María baja en carne mortal a Cova de Iría, que de que existe por ahí un virus que, como dijo un niño desde uno de aquellos balcones en los que se aplaudía, nos va a matar a todos... le faltó decir "y a todas" para estar en perfecta sintonía con los subnormales que nos gobiernan. Porque yo ya estoy completamente convencido de que todo esto ha ido de subnormalidad. ¡Qué mala es la gente idiota! 

El único consuelo que nos puede quedar es la certeza de que los idiotas siempre acaban perdiendo. Es una ley de la naturaleza y, por tanto, infalible. Por la misma razón que por muy muy poderosa que sea el agua siempre queda por debajo del aceite a nada que haya un minuto de sosiego. Y por eso debe de ser que los idiotas no quieren que soseguemos un minuto. Desde sus púlpitos no paran de amedrentar, pero como todo tiene un límite, la gente ya se está cansando de ir a la iglesia y el sosiego le está llegando por añadidura. Y, como diría Gracián, está dando con el portillo del caer en la cuenta, que no de otra causa es el que el ABC haya hecho una entrevista a Alexendra Henrion Caude. 

Porque por mucho que avancen los idiotas siempre acaban metidos en el cuello de botella de las Termópilas donde les esperan los Trecientos lacedemonios. Y luego los atenienses les rematan en Salamina. Dos generaciones más y todo el imperio persa es conquistado por Alejandro. Es lo que tiene el poner la cabeza por delante de los músculos, que siempre se gana. Pasaron dos milenios y medio y todavía siguen mandando los griegos. Y porque conozco esa Historia es por lo que me río de todo este escepticismo cobarde que señorea mi entorno. A estos no hay quien les mueva de ahí, me dicen, cuando los sugiero que se aproxima la hora de rendir cuentas. Es lo que tiene el haberse dejado arrastrar por la estulticia rampante, que luego prefieres seguir chapoteando en la mierda que tener que reconocer lo que eres.

Sí, cualquiera que haya seguido las informaciones que ha venido dando la plataforma digital World Doctor Alliance sabe que ahí han estado siempre los trescientos de las Termópilas con sus Leónides a la cabeza. Les podría dar el nombre de todos, pero, para qué si ya se encargará de recordarles la estela que se está esculpiendo en las conciencias. Porque, que nadie se haga ilusiones: al final, a palos, hasta los idiotas acaban aprendiendo.   


domingo, 8 de octubre de 2023

Por decir algo

Seguiré dándoles la matraca con Casanova. La lectura de sus memorias me está resultando como una especie de examen de conciencia y, sobre todo, mucha contrición de corazón. Del propósito de la enmienda, ya, por razones biológicas, puedo prescindir. Aunque solo en la práctica, porque cuando voy por la calle y veo un culo bien puesto la imaginación se echa a volar.   

Lo de la relación de los hombres con las mujeres, como bien saben los que saben reconocerse en su justa medida, es algo que condiciona la vida de tal manera que todo intento de racionalización siempre resulta baldío. Yo aseguraría, con poco miedo a equivocarme, que la inmensa mayoría de las tonterías que hacen los hombres tienen como trasfondo el objetivo, casi siempre imposible, de poseer una determinada mujer. A mi juicio, todo ello no es más que la consecuencia de lo poco evolucionados que estamos respecto de nuestra condición animal. Sin darnos cuenta, a la que vemos a una mujer que nos atrae, cosa tremendamente frecuente, de una forma inconsciente nos ponemos a emular al pavo real con resultado por lo general de una patosidad vergonzante.    

Y ahí está el punto, en la vergüenza de sí mismo que uno va acumulando a lo largo de la vida. De todo lo que uno se arrepiente, en su inmensa mayoría, está relacionado con las mujeres. La cantidad de energías dilapidadas en tan vano objetivo. Porque esa es la cuestión, lo absolutamente vano que resulta conseguir algún aparente pequeño éxito de vez en cuando. El engreimiento dura poco más que el tiempo de un suspiro. Liberada la tensión acumulada por la incertidumbre resulta, vuelves automáticamente a las mismas, o sea, a seguir buscando la manera de tener nuevos motivos de los que poder avergonzarte después. 

Pues bien, así vienen a ser las memorias de Casanova, una persecución infatigable de autoafirmación por medio del uso de la polla. Y a veces pareciera que lo está consiguiendo, porque los adictos suelen ser muy poco conscientes del daño y sufrimiento que les está produciendo su adicción. En el fondo puede que no sea más que una fatal falta de inteligencia, por más que las apariencias digan lo contrario. Casanova era un redomado necio cuyas pulsiones suicidas se canalizaban a medias entre la persecución de las mujeres y el juego. Afortunadamente tuvo también la pulsión narcisista del exhibicionismo, debido a lo cual ha sido que nos haya dejado sus memorias noveladas que, como digo, tienen la virtualidad de servir como una especie de Kempis invertido: a la postre, caes en la cuenta, no hay vida más miserable que la de la persecución a ultranza del placer. En fin, por decir algo.  

sábado, 7 de octubre de 2023

Nunca quiebra

Las autoridades de Santa Rosa, California, decidieron los pasados días imponer el uso obligatorio de la mascarilla en toda la ciudad y para todas las actividades. Pues bien, la población se pasó por el arco de triunfo el mandato, a la vista de lo cual las autoridades dijeron que ya había pasado el peligro y dejaron la obligación solo para el personal sanitario. Ni siquiera los que acuden a los hospitales la tienen que usar. Claro, tres de los cuatro principales contendientes a las próximas elecciones presidenciales han denunciado el fraude que se ha escondido y esconde detrás de todo el circo covidiano. 

Hoy pueden ver en las redes la entrevista que el Dr, Campbell le hace al Profesor Dalgleish. El Profesor Dalgleish es una de esas eminencias británicas que solo conocen los que están en el ajo. Trabaja en el Sant George, el hospital fundado en 1733 y que en mis tiempos londinenses seguía utilizando el mismo edificio original con pequeñas adaptaciones. Lo visité varias veces, entre otras razones porque allí vendían unos estetoscopios, marca de la casa, que estaban considerados entre los entendidos lo más de lo más en su especie. Compré para mi padre, mi hermano y, por supuesto para mí. Hace poco lo tiré a la basura porque las gomas estaban muy deterioradas, pero el resto estaba impecable. Podía haberlas cambiado, pero detesto tener en casa cualquier cosa relacionada con la enfermedad. 

Sea como sea, el Profesor Dalgleish, un viejecito venerable, le cuenta unas cosas al Dr. Campbell que son para poner los pelos de punta. Cómo fueron sus relaciones con las autoridades sanitarias cuando lo del circo, como le ningunearon, humillaron, despreciaron... en fin, que deja meridianamente claro con sus explicaciones que detrás de aquellas actuaciones tenía que haber algún designio que solo las autoridades conocían. Nada de lo que hicieron tenía sentido, sobre todo la obstinación en no atenerse a ningún tipo de razones ofrecidas por parte de los especialistas más calificados del país en asuntos de epidemias y similares. 

Lamento mucho traer a colación estas cuestiones porque sé que a la gente no le gustan nada. Seguramente es porque les recuerda que pasaron por el aro, que es, en cierta medida, como haberse puesto debajo de una espada de Damocles. En fin, de una cosa estoy seguro hasta donde se puede estar seguro de cualquier cosa, que, hasta que se dilucide todo este asunto del circo, no vamos a sosegar porque hay una procesión por dentro que es que no se puede aguantar. Dentro de unos días habrá un debate en el parlamento británico en el que se intentarán dilucidar las causas del exceso de muertes, hasta un 20%, que se están produciendo en los países hipervacunados. Por más que los medios oficiales traten de ignorarlo, es inútil, porque ya saben que la verdad puede adelgazar, incluso mucho, pero nunca quiebra.  

viernes, 6 de octubre de 2023

Acumulando

Pasan los años y vas acumulando un repertorio. Es como un patrimonio. Cuanto mayor es, más titánico tiene que ser el esfuerzo que haces para conservarlo. Porque todo tiene una tendencia irreprimible a desvanecerse. Me he puesto esta mañana con la bourrée de una suite de Bach que en tiempos trabajé mucho hasta tenerla muy interiorizada y he tenido que ir sacándola a trompicones, empezando mil veces para coger carrerilla y llegar cada vez un poco más lejos. La memoria tiene eso, que arrumba los recuerdos que no sacas a la luz de vez en cuando y los va cubriendo de polvo y roña, aunque ahí están siempre por si quieres restaurarlos. De hecho, una pieza de esas que llevas años sin tocarla, te pones a ella y en media hora ya la tienes niquelada. 

En cualquier caso, sea repertorio o no, ¿qué sentido tiene acumular? Admiro a esos músicos que cogen cualquier instrumento que encuentran por ahí y se ponen a improvisar. Son como los pájaros que cantan en la floresta. No tienen otra partitura que lo que les sale de la cabeza en cada momento. El entorno manda.  

Así debiera ser todo en la vida, sobre la marcha, con lo que vas encontrando por ahí. Siempre hay algo que echarse al coleto. Algo que ponerse encima. Un lecho en el que reposar. Claro, quizá sea ese el privilegio de los dioses, no preocuparse por la supervivencia. Pero, nosotros, los mortales... acumular y acumular y acumular, como si con eso no nos fuésemos a morir. ¡Mira que somos tontos! Y sobre todo inútiles. 

jueves, 5 de octubre de 2023

Plumeros

Cuando de niño me llevaban a Santander, normalmente íbamos por la carretera que cruza el centro de Maliaño y va a dar al Empalme. Pero recuerdo que alguna vez nos desviábamos por una carreterita adoquinada que pasaba por delante de los astilleros y luego iba entre marismas. En lo que hoy llaman marismas negras, mi madre pedía a mi padre que parase para ir a coger unos plumeros que nacían por allí. Era una planta muy llamativa por exótica, que quedaba muy chula en un jarrón puesto encima de la librería que teníamos en la sala de estar. Ya ven que los tiempos cambian y lo fue un adorno apreciado con el paso de los años se convierte en una plaga odiosa, por sumamente dañina, por el simple procedimiento de la proliferación. Hay campañas institucionales para erradicarla que, a juzgar por lo que veo, son completamente fallidas. 

Es una ley de la naturaleza, que todo lo que prolifera desestabiliza el equilibrio natural con consecuencias imprevisibles, pero siempre indeseables. El problema es que tendemos a olvidar que también los humanos somos naturaleza y estamos sometidos a sus implacables leyes. Por eso siempre que ha proliferado algún espécimen de ser humano se ha producido una inevitable decadencia. Como pasaba cuando existían las leyes de Mayorazgo que irremisiblemente llevaban a los segundones a ganarse la vida, ya fuera de curas, ya de soldados. Dos profesiones que son muy necesarias en sus justas proporciones, pero que si, a causa de las malas leyes, proliferan, irremediablemente conducen a la corrupción de las costumbres o la desolación de las guerras. También hubo la posibilidad catalana, que llevó a los segundones hacia el comercio fraudulento, ya fuera de esclavos, ya de sustancias espiritosas, que no de otra actividad le viene el garbanzo al pico a la sociedad catalana. Todo ese modernismo hortera de nuevos ricos que es el que ahora les ha echado en manos de la industria turística. ¡De plaga en plaga, y tiro porque me toca! Y lo peor es que salpican. 

Como todo se trasmuta con el tiempo, en estos que corren, curas y soldados son médicos y políticos, las dos plagas que, sobre todas las demás, nos están asolando. A la gente le han cantado la milonga de que la carrera de médico es muy difícil; pues bien, les puedo asegurar por propia experiencia que nada más lejos de la realidad. Es una carrera que se hace con la manga y, más hoy día que todos los exámenes son a base de hacer crucecitas en cuadraditos. O sea, que no se necesita ni saber escribir, ni saber hablar ante un tribunal. Respecto a los políticos, huelgan comentarios. El que no sirve para otra cosa y tiene un poco de retentiva para los lugares comunes, no tiene mejor salida que apuntarse a las mafias que so capa de dedicarse a organizar las vidas ajenas resuelven las suyas.  

Médicos y políticos se han apoderado de la vida de las pobres gentes por el simple procedimiento de inculcarles la idea de que vivir es un sinvivir de dificultades imposibles de solventar por uno mismo. Para eso están ellos ahí, para facilitar la solución. Así es como, en mí ya larga vida, cantidad de cosas que formaban parte de la cotidianidad más anodina, hoy día son problemas que exigen la formación de comisiones parlamentarias, institutos de observación, oficinas de seguimiento... la cantidad de sintagmas carentes de significado es abrumadora, pero los que viven de ello, ¡viva la Pepa! Nada hay más fácil e inofensivo para una mafia que meter la mano en bolsillos ajenos.

De la mafia médica, no digo más porque ya les he dado basta la vara en múltiples ocasiones. Es una gentuza que no tiene ni siquiera la capacidad histriónica de algunos políticos para dar espectáculo. Como los curas de antaño, a los que en buena medida sustituyen, viven en la hipocresía más absoluta. Conchabados con la industria farmacéutica han convertido el mundo en una película de zombis. 

En fin, mejor dejarlo... pero eso sí, ya que no hay campañas institucionales para erradicar tan dañinos especímenes, los erradico yo de mi vida con todas las potencias de mi alma. 


miércoles, 4 de octubre de 2023

Turbión

Decido comprar kiwis. ¡Leches, siete euros el kilo! Poco más o menos, a euro el kiwi. Quizá no sea mucho, pero es que estaba acostumbrado a pagar menos de la mitad. Luego voy a por un paquete de arroz bomba y exactamente lo mismo, más del doble del último que compré. Del aceite de oliva, como de las mujeres del tango, mejor no hay que hablar. Yo no sé cómo serán las cifras oficiales de la inflación, ni me preocupa en absoluto saberlo porque sé de sobra que estarán amañadas a conveniencia de la clase política. Yo, veo lo que veo y con eso me basta porque tengo mucha Historia leída: todo se debe a que, los que nos han estado prestando dinero estos últimos años, ahora nos están urgiendo a que les paguemos lo que les debemos. O es que creen que lo tenemos todo tan bien montado que, por poner un ejemplo, es normal que una cajera de Mercadona se pueda ir de vacaciones al otro lado del charco. Pues no señores, no es normal. La cajera puede hacer eso porque todo está subvencionado por el Estado que es el que pide prestado al que lo tiene: los grandes fondos de inversión y cosas por el estilo. 

El rollo de la inflación es de lo más interesante. No hay nada que incite más a vivir, no ya al día, sino al instante. Con una mano cobro y con la otra lo gasto. Visto y no visto. La palabra ahorro desaparece del diccionario como por arte de birli-birloque. Por eso es que uno va por la calle y tiene la impresión de que hay cualquier cosa menos crisis económica. Todo está a tope, luces, música, coches... ni huella de carbono ni leches. ¡A vivir que son dos días! El otro día paseaba con un amigo y nos topamos con la salida de un colegio. No me explico, me dijo, como todavía hay gente que tiene el valor de tener hijos. 

Sí, la inflación es lo que tiene, que degrada los principios en los que se sustenta la sociedad. Y entonces, de forma natural, se pasa a la vida nocturna que es cuando todo invita al vicio. El vicio trae las mafias que no tardan en apoderarse del Estado. Y entonces es cuando llega Hitler y manda parar. La secuencia no falla. 

Y mientras tanto el país sigue bailando la yenca: derecha, isquierda; izquierda, derecha. Pasito palante, pasito patrás. Mira que hay que ser tonto para creerse eso. Así que lo suyo ahora es hacerse a un lado a rogar a Dios que no se te lleve el turbión que se anuncia en el horizonte.

martes, 3 de octubre de 2023

Nostalgia

Es curioso que tenga una especie de querencia por los espacios de la ciudad que fueron testigos de mis correrías infantiles. Para no tener que subir cuestas, ni soportar los ruidos del túnel, doy un rodeo a la colina Callaltera y por Isabel II, Jesús de Monasterio, voy a dar a la calle Burgos. Por ella subo hasta Numancia en donde me siento en una terraza a hacer el refrigerio de media mañana y, luego, me demoro allí, mitad ensoñando, mitad leyendo lo que sea que tenga entre manos. Aquello está muy cambiado porque lo que antes era carretera ahora es plaza, pero, lo que es el caserío, está bastante intacto.  Allí mismo, a menos de cincuenta metros de donde me siento, está la casa en la que viví un año a pupilaje. Está en la esquina noroeste de la confluencia de San Luis con Peñas Redondas. Pareciera que nadie la hubiese tocado.  Siempre miro hacia el balcón del segundo piso en el que incluso se conserva la jaula con los pájaros a los que tantos desvelos dedicaban Primitiva y Germana, mis patronas. En los bajos de la casa sigue habiendo una carnicería. Y el bar de enfrente, el que fuera Peñas Redondas, también se conserva; ahora con el nombre de La Cepa del Papi, lo que no es óbice, para que siga teniendo la misma pinta de taberna decimonónica.  

Cuando me canso, subo por La Alamedas, flanqueado por los plátanos que, seguramente, muchos de ellos son los mismos que me dieron sombra hace ya setenta años. A la izquierda sigue estando una breve ringlera de casas viejas, pero luego, ya, todo es nuevo. A la derecha, mucho más. La fábrica de cervezas, el palacete de la Clínica San José, y otros muchos por el estilo, han sido sustituidos por bloques de diez pisos sin demasiada personalidad. La excepción es la casa de La Bodega, de tres pisos y con miradores, que es como un oasis en medio de un desierto de anodinia. La Bodega a la que nos solían llevar a comer callos las patronas de la calle Perines, Antonia y Conchita, con las que habíamos sustituido, con grandes ventajas para nosotros, a las de la calle Peñas Redondas. Pocos sitios puedo tener yo más simpatías que a la calle Perines. Allí pasé de la infancia a la adolescencia con todo el tráfago de experiencias que esa transición en libertad supone. Porque, pienso, pocos niños fueron tan libres como yo. Salía del colegio y a la calle a jugar con los raqueros del barrio. A veces, ya adolescente, nos picábamos unos a otros, e íbamos al Frente de Juventudes a darnos un chapuzón en la piscina. En enero y febrero, porque, a partir de marzo, ya nos llegábamos hasta la Magdalena a poner a prueba nuestra resistencia al dolor. Al lado del Frente de juventudes estaba el Cine Alameda al que nos solían llevar nuestros padres cuando venían a vernos los jueves y domingos. A veces entre mis padres y sus amigos, y mi hermano y yo, ocupábamos toda una fila. Películas del oeste, sobre todo, que siguen siendo mis preferidas.  

La calle Perines, siempre miro a ver si sigue allí, al fondo, la casa con el chaflan redondo en el que vivíamos. Y veo a Curculio, con su traje negro y nariz roja, entrando y saliendo de El Paraíso, Alto aquí, Probar mi vino.  Y al Pipa con su traje de pana y su gorra de plato, apoyado el culo en el carro y los brazos en la escoba, dando palique a cualquiera. Y Mundín, de aquí para allá, siempre haciendo malabarismos con el carrete que le habían dado sus hermanas costureras para que se entretuviese. 

Tiro para arriba hacia Cuatro caminos. A duras penas se ven vestigios que no sea la plaza de toros en dirección sur. La Carmencita, aquel emporio hostelero, en el que celebrábamos las despedidas del internado en la cercana Valdecilla, se ha convertido en un edificio de diez pisos que en un rincón de sus bajos tiene un estanco que conserva el nombre. La Carmencita: su dueño tenía un cuello de Madelung que le hacía indespintable. Su mujer, siempre risueña, era una cocinera notable. Bordaba la merluza rellena que nunca faltaba en aquellas cenas de despedida en las que todos acabábamos como cubas, aunque unos más que otros.

Bajo por la cuesta de los Toros y veo a la derecha la mole del nuevo Valdecilla. Afortunadamente, han conservado algunos de los antiguos pabellones. Concretamente el 21, en el que tantas horas pasé durante tres años. Siempre me acuerdo de Palmira la enfermera que partía el bacalo allí. En un mundo justo sería ella la que tendría un monumento a la entrada del hospital. Sigo bajando y ya todo es irreconocible. La antigua fábrica de maderas es un parque en el que me demoro un rato a leer a la sombra de las catalpas o como sea que se llamen esos árboles frondosos. Luego, ya, todos aquellos arenales y marismas es ahora mi barrio cosmopolita. Y lo que fuera El Cuadro, al que a veces íbamos a bañarnos, es ahora la dársena del Pesquero. 

Resumiendo, que viviendo aquí es inevitable que esté sumergido en un mar de nostalgia que emborrona en gran medida todas las correrías que llevé a cabo por esos mundos de Dios. Ya se sabe de antiguo que, en la vejez, son los recuerdos lejanos los que dominan la memoria. Así ha querido Dios que sea, luego bien está.  

lunes, 2 de octubre de 2023

¡Adelante con los faroles!

El congresista por Kentucky, Thomas Messie, ha dicho en la Cámara de Representantes: "Scientists, funded with your tax dollars, are trying to turn edible plants like lettuce and spinach into mRNA vaccine factories. It's dangerous to play God with our food. The House just passed my amendment to prohibit USDA funding of this research."

(Científicos, financiados con nuestros impuestos, están tratando de convertir plantas comestibles como la lechuga o las espinacas en factorías de vacunas con tecnología mRNA. Es peligroso jugar a ser Dios con nuestros alimentos. El Congreso acaba de aceptar mi enmienda para prohibir que el Ministerio de Agricultura financie esas investigaciones.)

Lo realmente curioso para mí de todo esto es cómo la gente que manda, sean quienes sean, toman decisiones que afectan al futuro de la humanidad sin encomendarse a Dios ni al diablo. Su objetivo último es, sin duda, utilizar la quimera de la seguridad para tener a los mandados en un puño. En este punto, el cuento de la pandemia ha sido una bendición porque nos ha servido para enterarnos de muchas cosas que nos conciernen de muy cerca y de las que no teníamos ni idea de que existiesen. Por ejemplo...

¿Ustedes saben que hay unos laboratorios en los que se manipulan los virus para que sean más patógenos de lo que normalmente son? A eso lo llaman gain of funtion (ganancia de función). Cuando a Trump, siendo a la sazón presidente, le contaron que eso existía, se apresuró a prohibir que esos experimentos se financiasen con dinero público. Pero lo mismo que el campo no tiene puertas, los que de verdad mandan no tienen fronteras. Entonces, cogieron esos laboratorios y los trasladaron a China. Sí, sí, a China, han leído bien. Y Trump se quedó con dos palmos de narices. Hay quien dice que el supuesto virus de la supuesta pandemia salió de uno de esos laboratorios de China. Son habladurías de las que nunca conoceremos su parte de verdad, porque, precisamente, esa es una de las tretas que utilizan los que de verdad mandan, propalar rumores que nunca se resuelven. 

¿Qué coño es todo eso del mRNA? ¿Por qué los que mandan no pueden dejar en paz ni siquiera a las lechugas? ¿Es que toda esa gentuza no ha oído hablar de lo que le pasó a Prometeo y, por ende, a todos nosotros, por haber jugado a ser Dios? No sé, pero a veces me pregunto si no tendrían razón los jemeres rojos de Camboya cuando se dedicaron a matar a todo el que tenía pinta de estudioso. Porque es lo que tiene el aprender, que si cae en mentes inmaduras se puede convertir en una bomba de relojería. Que eso es exactamente lo que estamos viendo, que ya no hacemos otra cosa que esperar temblando a que la bomba estalle. 

En fin, se ve que la especie lleva en su adn lo de aspirar a ser Dios, así que, ¡adelante con los faroles!