viernes, 6 de octubre de 2023

Acumulando

Pasan los años y vas acumulando un repertorio. Es como un patrimonio. Cuanto mayor es, más titánico tiene que ser el esfuerzo que haces para conservarlo. Porque todo tiene una tendencia irreprimible a desvanecerse. Me he puesto esta mañana con la bourrée de una suite de Bach que en tiempos trabajé mucho hasta tenerla muy interiorizada y he tenido que ir sacándola a trompicones, empezando mil veces para coger carrerilla y llegar cada vez un poco más lejos. La memoria tiene eso, que arrumba los recuerdos que no sacas a la luz de vez en cuando y los va cubriendo de polvo y roña, aunque ahí están siempre por si quieres restaurarlos. De hecho, una pieza de esas que llevas años sin tocarla, te pones a ella y en media hora ya la tienes niquelada. 

En cualquier caso, sea repertorio o no, ¿qué sentido tiene acumular? Admiro a esos músicos que cogen cualquier instrumento que encuentran por ahí y se ponen a improvisar. Son como los pájaros que cantan en la floresta. No tienen otra partitura que lo que les sale de la cabeza en cada momento. El entorno manda.  

Así debiera ser todo en la vida, sobre la marcha, con lo que vas encontrando por ahí. Siempre hay algo que echarse al coleto. Algo que ponerse encima. Un lecho en el que reposar. Claro, quizá sea ese el privilegio de los dioses, no preocuparse por la supervivencia. Pero, nosotros, los mortales... acumular y acumular y acumular, como si con eso no nos fuésemos a morir. ¡Mira que somos tontos! Y sobre todo inútiles. 

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