(Científicos, financiados con nuestros impuestos, están tratando de convertir plantas comestibles como la lechuga o las espinacas en factorías de vacunas con tecnología mRNA. Es peligroso jugar a ser Dios con nuestros alimentos. El Congreso acaba de aceptar mi enmienda para prohibir que el Ministerio de Agricultura financie esas investigaciones.)
Lo realmente curioso para mí de todo esto es cómo la gente que manda, sean quienes sean, toman decisiones que afectan al futuro de la humanidad sin encomendarse a Dios ni al diablo. Su objetivo último es, sin duda, utilizar la quimera de la seguridad para tener a los mandados en un puño. En este punto, el cuento de la pandemia ha sido una bendición porque nos ha servido para enterarnos de muchas cosas que nos conciernen de muy cerca y de las que no teníamos ni idea de que existiesen. Por ejemplo...
¿Ustedes saben que hay unos laboratorios en los que se manipulan los virus para que sean más patógenos de lo que normalmente son? A eso lo llaman gain of funtion (ganancia de función). Cuando a Trump, siendo a la sazón presidente, le contaron que eso existía, se apresuró a prohibir que esos experimentos se financiasen con dinero público. Pero lo mismo que el campo no tiene puertas, los que de verdad mandan no tienen fronteras. Entonces, cogieron esos laboratorios y los trasladaron a China. Sí, sí, a China, han leído bien. Y Trump se quedó con dos palmos de narices. Hay quien dice que el supuesto virus de la supuesta pandemia salió de uno de esos laboratorios de China. Son habladurías de las que nunca conoceremos su parte de verdad, porque, precisamente, esa es una de las tretas que utilizan los que de verdad mandan, propalar rumores que nunca se resuelven.
¿Qué coño es todo eso del mRNA? ¿Por qué los que mandan no pueden dejar en paz ni siquiera a las lechugas? ¿Es que toda esa gentuza no ha oído hablar de lo que le pasó a Prometeo y, por ende, a todos nosotros, por haber jugado a ser Dios? No sé, pero a veces me pregunto si no tendrían razón los jemeres rojos de Camboya cuando se dedicaron a matar a todo el que tenía pinta de estudioso. Porque es lo que tiene el aprender, que si cae en mentes inmaduras se puede convertir en una bomba de relojería. Que eso es exactamente lo que estamos viendo, que ya no hacemos otra cosa que esperar temblando a que la bomba estalle.
En fin, se ve que la especie lleva en su adn lo de aspirar a ser Dios, así que, ¡adelante con los faroles!
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