domingo, 29 de octubre de 2023

Perorata

Cuando un mal en sus comienzos no se ataja, fuerzas del abandono va cobrando que luego hace imposible el remedio... que por lo visto es en lo que estamos, atados de pies y manos porque el mal ya lo señorea todo. Claro que también siempre se dijo que, a grandes males, mayores remedios. El mundo, en cualquier caso, no se para. Solo se necesita para seguir la marcha que alguien se ponga al frente y marque el camino. Las personas son como las ovejas que tiras a una por un precipicio y todas las demás la siguen. Y lo mismo que en lo del precipicio también siguen a la primera cuando va directa a los buenos pastos. Hay de todo en la viña del Señor. Los buenos y los malos caudillos, aunque, no hay que hacerse ilusiones, los que son buenos para unos son malos para otros y viceversa, y no por nada, sino porque es de todo punto imposible que llueva a gusto de todos. 

En cualquier caso, cuando los males se perciben como grandes, el común de las gentes suspira por los grandes remedios que nunca son otra cosa que el hombre providencial. El caudillo que les decía. Y en ello anda el mundo. Así es que las redes sociales rebosan de noticias sobre el caudillo Bukele. No hay término medio: o le ponen a parir o lo elevan a los cielos. Como pasó y sigue pasando con Franco que es que a veces parece que todavía seguimos teniéndole hasta en la sopa: los que no olvidan ni perdonan. O, dicho de otra manera, los discapacitados mentales para la cosa de la perspectiva histórica. Si no aprendiste a distanciarte, solo verás tus entrañas. 

Sea como sea, cada vez más gente sueña con Bukele. Porque hay una realidad insoslayable: en El Salvador ahora se puede pasear por las calles con un reloj en la muñeca. Algo tan elemental que hasta que llegó Bukele no se podía hacer. La cosa, no se crean, tampoco ha sido tan difícil: política de tolerancia cero y sanseacabó. Pero claro, eso se compagina mal con la ideología cristiana actualizada por los tiempos en forma de marxismo. ¿Porque va a tener ese más derecho que yo a tener un reloj tan bueno? No hay otro quid de la cuestión: la envidia. Todas las ideologías igualitarias, lo son porque dan pábulo a la envidia. 

La envidia es el dolor por el bien de otro. Algo repugnante, desde luego, pero no se engañen porque los sentimientos repugnantes si algo tienen es la facultad de agilizar el cerebro para que manipule el lenguaje de forma tal que lo blanco parezca negro y al revés. Así un envidioso dirá que lo suyo es ansia de justicia social, esa entelequia con la que se vienen justificando las mayores tropelías que puede concebir la mente humana. Ni nunca hubo, ni hay, ni habrá otra justicia que la que se contiene en las tablas que Moisés bajó del monte en el que había estado hablando de tú a tú con Dios. No olviden que Moisés fue un caudillo que llegó providencialmente a sacar al pueblo judío del pozo en el que estaba metido. 

Pues sí, Bukele, al igual que Moisés, si por algo se caracteriza es por la claridad del lenguaje: todo el mundo lo entiende. Al mal, cuando ya ha cobrado fuerza a causa de la tolerancia, no hay otra forma de combatirlo que con una intolerancia sin resquicios. Como hizo Dracón en su momento y ni tan mal que le fue por mucho que solo se le quiera recordar en su faceta negativa. Y después de Dracón vino Solón que invento lo de las constituciones que es una cosa que queda muy fina, tanto, que la gente las usa para limpiarse el culo. Y, entonces, Solón tuvo que dejar paso a Pisístrato, otra especie de Dracón, que no por tener la piel más de cordero, dejó de poner a todo el mundo firme... y sacó Atenas adelante. 

 Bueno, en realidad, ni siquiera sé de qué estoy perorando. 

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