Las autoridades de Santa Rosa, California, decidieron los pasados días imponer el uso obligatorio de la mascarilla en toda la ciudad y para todas las actividades. Pues bien, la población se pasó por el arco de triunfo el mandato, a la vista de lo cual las autoridades dijeron que ya había pasado el peligro y dejaron la obligación solo para el personal sanitario. Ni siquiera los que acuden a los hospitales la tienen que usar. Claro, tres de los cuatro principales contendientes a las próximas elecciones presidenciales han denunciado el fraude que se ha escondido y esconde detrás de todo el circo covidiano.
Hoy pueden ver en las redes la entrevista que el Dr, Campbell le hace al Profesor Dalgleish. El Profesor Dalgleish es una de esas eminencias británicas que solo conocen los que están en el ajo. Trabaja en el Sant George, el hospital fundado en 1733 y que en mis tiempos londinenses seguía utilizando el mismo edificio original con pequeñas adaptaciones. Lo visité varias veces, entre otras razones porque allí vendían unos estetoscopios, marca de la casa, que estaban considerados entre los entendidos lo más de lo más en su especie. Compré para mi padre, mi hermano y, por supuesto para mí. Hace poco lo tiré a la basura porque las gomas estaban muy deterioradas, pero el resto estaba impecable. Podía haberlas cambiado, pero detesto tener en casa cualquier cosa relacionada con la enfermedad.
Sea como sea, el Profesor Dalgleish, un viejecito venerable, le cuenta unas cosas al Dr. Campbell que son para poner los pelos de punta. Cómo fueron sus relaciones con las autoridades sanitarias cuando lo del circo, como le ningunearon, humillaron, despreciaron... en fin, que deja meridianamente claro con sus explicaciones que detrás de aquellas actuaciones tenía que haber algún designio que solo las autoridades conocían. Nada de lo que hicieron tenía sentido, sobre todo la obstinación en no atenerse a ningún tipo de razones ofrecidas por parte de los especialistas más calificados del país en asuntos de epidemias y similares.
Lamento mucho traer a colación estas cuestiones porque sé que a la gente no le gustan nada. Seguramente es porque les recuerda que pasaron por el aro, que es, en cierta medida, como haberse puesto debajo de una espada de Damocles. En fin, de una cosa estoy seguro hasta donde se puede estar seguro de cualquier cosa, que, hasta que se dilucide todo este asunto del circo, no vamos a sosegar porque hay una procesión por dentro que es que no se puede aguantar. Dentro de unos días habrá un debate en el parlamento británico en el que se intentarán dilucidar las causas del exceso de muertes, hasta un 20%, que se están produciendo en los países hipervacunados. Por más que los medios oficiales traten de ignorarlo, es inútil, porque ya saben que la verdad puede adelgazar, incluso mucho, pero nunca quiebra.
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