jueves, 12 de octubre de 2023

Hermano lobo

Volvemos a las andadas. No hay signo premonitorio que mejor anuncie la catástrofe que se avecina que el afán de los que mandan por controlar la información. Controlar la información es un imposible metafísico. Está fuera de la realidad. Es como querer retener el agua en un cesto. Solo mentes perturbadas por la soberbia pueden pretender tal dislate. Yo, no sé ustedes, pero a mí cada vez que me ponen delante la petición de una firma para que liberen a Julián Assange, firmo sin pensármelo dos veces. Me importa un carajo si por ello me meten en una lista de desafectos porque, pienso, una vida sin lo que Assange representa no merece la pena. Nadie tiene derecho a limitarme información sobre asuntos que me conciernen. Y esos que dicen Secretos de Estado no son más que tretas de los que están en el poder para intentar perpetuarse en él. Todo lo que tiene que ver con el Estado me concierne y quiero saberlo para poder tomar mis decisiones personales.   

Sí, pueden estar seguros de que algo gordo se avecina, porque tanto en el parlamento británico como en el europeo se han promulgado sendas leyes con la pretensión de retener el agua en el cesto. Como era de esperar, el pitorreo ha sido mayúsculo. La comisaria europea de la cosa ha considerado oportuno pegarle un toque a Elon Musk por aquello de que es dueño de una red social que se pasa por el culo las leyes represivas de los parlamentos. No hemos tenido que esperar mucho para poder disfrutar de la respuesta de Elon: un vídeo haciendo mofa de la censura informativa cuando lo de la famosa pandemia. Video que, por supuesto, ha sido visto no por cientos sino por miles de millones de pacíficos ciudadanos. Siempre pasa igual, cuando un poder caduco trata de reprimir a la gente es cuando surgen los mejores chistes. Los de mi edad, aquí en España, tenemos bastante experiencia a tal efecto. "Hermano lobo" y todo aquello que tanto nos alegraba la vida en los estertores del franquismo. 

¡Ministerios de la verdad! Mira que hay que ser tonto para que se te pase por la cabeza tal posibilidad. Claro, a los tontos no les da el cacumen para leer el Quijote y por eso no saben que, si hay algo en este mundo que no necesite defensa, eso es la verdad. Siempre acaba flotando sobre la mentira como el aceite sobre el agua. Pero, en fin, es de lo más normal que a un tonto en aprietos no se le ocurra mejor cosa que huir hacia delante. Justo hacia donde están los que disparan. Así es siempre la traca final. Aunque como la traca anterior, la de los bigotitos, fue tragedia, esperemos que la que se avecina, por lógica histórica, sea comedia, continuación, en cierto modo, de la que se representó en Rusia cuando lo de la caída del muro. Nos quisieron convencer de que aquello era una cosa y, lo que teníamos nosotros, otra completamente diferente. Esa fue la gran mentira que ahora se está deshaciendo: lo de ellos y lo nuestro se parecían como gotas de agua; todos sometidos al poder omnímodo del Estado. 

Resumiendo, quizá todo esto no sea más que la consecuencia de tantos años seguidos de aconsejar los padres a los hijos que no sean tontos y se hagan funcionarios. "Tú, algo seguro", les dicen. Como si los Estados no se fuesen a tomar vientos cada sí y cada no. Pero no hay forma de que aprendamos. Al menos hasta que empezamos a ver las orejas al lobo. 

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