domingo, 22 de octubre de 2023

Pica-Pica

El terrorismo está por todos los lados. Y es que hay gente que, ya sea porque se consuela haciendo daño, ya sea, mucho más frecuente, por cierto, que es simple y llanamente idiota, el caso es que no hay forma de sacárselos de encima como no sea yéndose a una cueva en las montañas. Los médicos, en esto, se llevan la palma. Voy yo todo feliz a la búsqueda del tutorial del Pica-Pica porque me falta un detalle para tenerlo niquelado y justo al lado del vídeo de ese tutorial hay otro de un médico que se anuncia tal que así: si sientes esto es que tienes el mortal cáncer de páncreas. ¡Qué necesidad de semejante información sabiendo, como tienen obligación de saber todos los médicos, que los hipocondríacos se cuentan por miles de millones! Así es que en menos de un mes ese vídeo tiene más de un millón de visitas. Visitas al vídeo que irremisiblemente habrán conducido a multitud de los visitantes a visitas al médico que, a su vez, se habrán traducido en millones de inútiles pruebas médicas e ingentes cantidades de medicamentos perniciosos recetados. Quizá, o seguro, si alguien lee lo que acabo de escribir pensará que soy un exagerado, ¡allá él!, que se fíe de la Virgen y no corra que ya verá la que se pega. 

Como en esta vida es todo paradójico, pues es muy conveniente doctorarse en comprensión lectora para que no te la metan doblada cada sí y cada no. A tal efecto, al de que te la metan, no hay vaselina que se pueda comparar a la seguridad. La milonga de la seguridad. Ayer les contaba que lo primero que hizo el hombre de las cavernas al despertar a la conciencia de futuro fue inventar a los dioses. Porque el futuro, por definición es incierto, es decir, lleno de peligros que se pueden llevar la vida. Una vez inventados los dioses y poniéndoles de tu lado por medio de los debidos sacrificios puedes suponer, e incluso estar seguro, de que ellos te protegerán de esos peligros que acechan por doquier. Y así estuvo funcionando el mundo, mal que bien, durante milenios. El problema surgió cuando empezó a surgir entre los más avispados la conciencia de que la seguridad era, fundamentalmente, una cuestión de mercado. No hay ningún producto, ni siquiera la droga, que genere tantas plusvalías como la seguridad. Solo es necesario algo tan sencillo como airear un peligro, da igual que sea real o imaginario, para encontrar un nicho de mercado que es como una veta de oro. Que no por otra razón es que no haya oficio que se pueda comparar por el volumen de sus practicantes como el de aireador de peligros. Los encontramos hasta en la sopa. 

En fin, perdonen el dislate, pero es que uno está que ya no puede más. Me siento arrinconado. ¡Por Dios Bendito! Ríete tú de aquel futuro tan oscuro trabajando en el carbón, que nos cantaba Antonio Molina, que, por cierto, qué voz la suya... ni siquiera cantando al futuro oscuro podía hacer otra cosa que deleitarnos. Si morir tenemos, como se recuerdan unos cartujos a otros cada vez que se encuentran por los corredores del monasterio, buena gana de andar dándole vueltas al asunto. Que sea lo que Dios quiera, como no puede ser de otra manera y, mientras tantos, dedicarse a los valses venezolanos y cosas por el estilo. Afortunadamente, hay mucho en donde escoger. 

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