Me envía Fede el enlace a una entrevista que le hacen en el periódico ABC a Alexandra Henrion Caude, la genetista francesa de la que ya les hablé varias veces en este blog. Ella, como su colega Luc Montagnier, denunciaron desde el principio el fraude del circo covid. Y fueron por ello llevados a la hoguera de la opinión pública más necia desde que tenemos noticia de que tal cosa existe si es que existe. Porque ya tengo mis dudas que la gente en general piense otra cosa que lo que le manda pensar el poder en curso, que no para otra cosa se inventaron los púlpitos. Desde ellos, con toda su parafernalia, es muy fácil convencer al personal, lo mismo de que la Virgen María baja en carne mortal a Cova de Iría, que de que existe por ahí un virus que, como dijo un niño desde uno de aquellos balcones en los que se aplaudía, nos va a matar a todos... le faltó decir "y a todas" para estar en perfecta sintonía con los subnormales que nos gobiernan. Porque yo ya estoy completamente convencido de que todo esto ha ido de subnormalidad. ¡Qué mala es la gente idiota!
El único consuelo que nos puede quedar es la certeza de que los idiotas siempre acaban perdiendo. Es una ley de la naturaleza y, por tanto, infalible. Por la misma razón que por muy muy poderosa que sea el agua siempre queda por debajo del aceite a nada que haya un minuto de sosiego. Y por eso debe de ser que los idiotas no quieren que soseguemos un minuto. Desde sus púlpitos no paran de amedrentar, pero como todo tiene un límite, la gente ya se está cansando de ir a la iglesia y el sosiego le está llegando por añadidura. Y, como diría Gracián, está dando con el portillo del caer en la cuenta, que no de otra causa es el que el ABC haya hecho una entrevista a Alexendra Henrion Caude.
Porque por mucho que avancen los idiotas siempre acaban metidos en el cuello de botella de las Termópilas donde les esperan los Trecientos lacedemonios. Y luego los atenienses les rematan en Salamina. Dos generaciones más y todo el imperio persa es conquistado por Alejandro. Es lo que tiene el poner la cabeza por delante de los músculos, que siempre se gana. Pasaron dos milenios y medio y todavía siguen mandando los griegos. Y porque conozco esa Historia es por lo que me río de todo este escepticismo cobarde que señorea mi entorno. A estos no hay quien les mueva de ahí, me dicen, cuando los sugiero que se aproxima la hora de rendir cuentas. Es lo que tiene el haberse dejado arrastrar por la estulticia rampante, que luego prefieres seguir chapoteando en la mierda que tener que reconocer lo que eres.
Sí, cualquiera que haya seguido las informaciones que ha venido dando la plataforma digital World Doctor Alliance sabe que ahí han estado siempre los trescientos de las Termópilas con sus Leónides a la cabeza. Les podría dar el nombre de todos, pero, para qué si ya se encargará de recordarles la estela que se está esculpiendo en las conciencias. Porque, que nadie se haga ilusiones: al final, a palos, hasta los idiotas acaban aprendiendo.
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