jueves, 5 de octubre de 2023

Plumeros

Cuando de niño me llevaban a Santander, normalmente íbamos por la carretera que cruza el centro de Maliaño y va a dar al Empalme. Pero recuerdo que alguna vez nos desviábamos por una carreterita adoquinada que pasaba por delante de los astilleros y luego iba entre marismas. En lo que hoy llaman marismas negras, mi madre pedía a mi padre que parase para ir a coger unos plumeros que nacían por allí. Era una planta muy llamativa por exótica, que quedaba muy chula en un jarrón puesto encima de la librería que teníamos en la sala de estar. Ya ven que los tiempos cambian y lo fue un adorno apreciado con el paso de los años se convierte en una plaga odiosa, por sumamente dañina, por el simple procedimiento de la proliferación. Hay campañas institucionales para erradicarla que, a juzgar por lo que veo, son completamente fallidas. 

Es una ley de la naturaleza, que todo lo que prolifera desestabiliza el equilibrio natural con consecuencias imprevisibles, pero siempre indeseables. El problema es que tendemos a olvidar que también los humanos somos naturaleza y estamos sometidos a sus implacables leyes. Por eso siempre que ha proliferado algún espécimen de ser humano se ha producido una inevitable decadencia. Como pasaba cuando existían las leyes de Mayorazgo que irremisiblemente llevaban a los segundones a ganarse la vida, ya fuera de curas, ya de soldados. Dos profesiones que son muy necesarias en sus justas proporciones, pero que si, a causa de las malas leyes, proliferan, irremediablemente conducen a la corrupción de las costumbres o la desolación de las guerras. También hubo la posibilidad catalana, que llevó a los segundones hacia el comercio fraudulento, ya fuera de esclavos, ya de sustancias espiritosas, que no de otra actividad le viene el garbanzo al pico a la sociedad catalana. Todo ese modernismo hortera de nuevos ricos que es el que ahora les ha echado en manos de la industria turística. ¡De plaga en plaga, y tiro porque me toca! Y lo peor es que salpican. 

Como todo se trasmuta con el tiempo, en estos que corren, curas y soldados son médicos y políticos, las dos plagas que, sobre todas las demás, nos están asolando. A la gente le han cantado la milonga de que la carrera de médico es muy difícil; pues bien, les puedo asegurar por propia experiencia que nada más lejos de la realidad. Es una carrera que se hace con la manga y, más hoy día que todos los exámenes son a base de hacer crucecitas en cuadraditos. O sea, que no se necesita ni saber escribir, ni saber hablar ante un tribunal. Respecto a los políticos, huelgan comentarios. El que no sirve para otra cosa y tiene un poco de retentiva para los lugares comunes, no tiene mejor salida que apuntarse a las mafias que so capa de dedicarse a organizar las vidas ajenas resuelven las suyas.  

Médicos y políticos se han apoderado de la vida de las pobres gentes por el simple procedimiento de inculcarles la idea de que vivir es un sinvivir de dificultades imposibles de solventar por uno mismo. Para eso están ellos ahí, para facilitar la solución. Así es como, en mí ya larga vida, cantidad de cosas que formaban parte de la cotidianidad más anodina, hoy día son problemas que exigen la formación de comisiones parlamentarias, institutos de observación, oficinas de seguimiento... la cantidad de sintagmas carentes de significado es abrumadora, pero los que viven de ello, ¡viva la Pepa! Nada hay más fácil e inofensivo para una mafia que meter la mano en bolsillos ajenos.

De la mafia médica, no digo más porque ya les he dado basta la vara en múltiples ocasiones. Es una gentuza que no tiene ni siquiera la capacidad histriónica de algunos políticos para dar espectáculo. Como los curas de antaño, a los que en buena medida sustituyen, viven en la hipocresía más absoluta. Conchabados con la industria farmacéutica han convertido el mundo en una película de zombis. 

En fin, mejor dejarlo... pero eso sí, ya que no hay campañas institucionales para erradicar tan dañinos especímenes, los erradico yo de mi vida con todas las potencias de mi alma. 


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