sábado, 14 de octubre de 2023

Mística

Como ya tengo el Marabino en el bote, ayer me puse con el Pica Pica, otro vals venezolano, también conocido como La Partida y, en Argentina, como Quiero Ser tu Sombra. Desde luego que, en otras cosas, no sé, pero lo que es en música no hay quien gane a los sudamericanos. Mejor dicho, los americanos al sur del Rio Grande. Vas país por país y, si uno es bueno, el otro mejor. Y todos con una personalidad propia. Porque así son las cosas de este mundo, que no por más desastres se deja de ser más inteligentes. A ver, por poner un ejemplo, quien en el mundo fue capaz de escribir, hace ya doscientos años, una gramática que le llegue a la altura del tobillo a la del venezolano Andrés Bello. Que una gramática no es, por cierto, cualquier cosa. Hace falta haber mamado mucha civilización para ser capaz de semejante hazaña del espíritu. Y de los valses, digo lo mismo. 

En cualquier caso, cada día que pasa estoy más convencido que cualquier cosa que hagamos los humanos que no tenga por fin glorificar a Dios es, no ya una pérdida de tiempo, sino algo que nos perjudica gravemente. Esa idea que no sé quién nos metió, seguramente el demonio, de utilizar el conocimiento para construir cachivaches que nos faciliten la vida es la trampa perfecta. Ya me dirás tú, el don de la ubicuidad: en seis horas cruzas el Atlántico como si fueses un Dios. Por no hablar de la omnisciencia que nos promete el internet de los cojones. ¿Ustedes creen que la especie ha mejorado un ápice en cualquiera de sus facetas desde que tenemos todos esos cachivaches a nuestro alcance? Yo, desde luego, no lo veo por ningún lado. Al revés, solo veo inutilidad y barbarie. Ahí están, todo el día tirados en las terrazas, viendo la televisión y acariciando a los perros. ¡Menudo proyecto de vida! No me extraña nada que de lo que más se hable sea de la enfermedad: solo se levantan de la terraza para ir al hospital a hacerse una prueba diagnóstica. La sombra de la muerte planea sobre los ociosos como un vampiro insaciable... perdonen el pleonasmo. 

Pues sí, hay mucha diferencia entre aprender geometría con la sola finalidad de que te admitan en la Academia platónica a aprenderla para hacer puentes y carreteras. O sea, a mayor gloria de Dios o, por el contrario, mayor sufrimiento de los hombres. Ganar tiempo al tiempo, que para eso se construyen puentes y carreteras, solo sirve para precipitarse cuanto antes en el infierno del ocio. Lo veo cada vez más claro, donde estén un vals venezolano o un "huerto de Renato" que se quiten de enmedio todos los Golden Gates y Empire States del mundo. Alimento para el cuerpo y alimento para el espíritu: todo lo demás es veneno. 

En fin, hoy me levanté místico, qué le vamos a hacer. 

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