Pareciera que el ser humano siempre estuviese despertando de un mal sueño. Justo, en este momento, estamos saliendo a trancas y barrancas de la pesadilla del idealismo alemán que viene señoreando el mundo ya va para siglo y medio. El que quiera comprobar esto que digo solo tiene que abandonarse al azar de las redes sociales: todos esos jóvenes que dejan constancia con brillantez de su pensamiento son, seguramente sin saberlo, discípulos aventajados de Hobbes y Gracián. La idea de que el mundo es una selva en la que siempre estás a merced de las fieras, o de que todos corren detrás de Falsirena, la vendedora de quimeras destructivas, es omnipresente en el pensamiento de esta casta de predicadores que usan las nuevas tecnologías para sacar unas perrillas en unos casos y, en otros, para liberar su alma de tensiones paralizantes.
Hoy me topo con el vídeo de un chaval que se explaya desmenuzando a Falsirena en la figura del Estado Protector. Da cinco impecables razones por las que si eres joven y tienes algo en la cabeza lo primero que te tienes que plantear es largarte de España cuanto antes. Todo, absolutamente todo, el tinglado en el que estamos sustentados está basado en falsedades. En la típica estafa piramidal para que nos entendamos. El estado paga cinco millones de sueldos más que la iniciativa privada. Todo el milagro consiste en postponer el pago de lo que se debe. Los políticos se asignan unos sueldos de reyes y nunca se cansan de hacer promesas que no tienen la menor intención de cumplir. Los jubilados ganan el doble que los que trabajan. Los funcionarios, el triple que los autónomos. Todo es un completo dislate que se sostiene gracias al adormecimiento del espíritu crítico producido, ya sea por las pastillas que recetan los médicos, ya por lo que venden los camellos en sus numerosas versiones. En esencia, lo que quieren todos los niños es ganar el triple que los autónomos y por eso es que cantan aquello de Lina Morgan: ¡Mamá quero ser... funcionario!
Uno, que ya está a punto de rendir cuentas al Creador, reconsidera su vida para organizar la defensa ante Él. Como en todas, hay luces y sombras, aunque, ya sea la objetividad, ya el estado de ánimo, me lleva a hacer un balance poco halagador. Aquel día que sucumbí a los cantos de sirena y me dejé arrastrar hacia la condición funcionarial. Tardé en caer en la cuenta e intenté zafarme, pero fracasé estrepitosamente. Por así decirlo, me sirvió para descubrir que estaba castrado. Al final, conseguí irme, pero por la puerta de atrás, o sea, sin honor, sintiéndome un miserable.
El único atisbo de luz que pudiera achacarme es lo mucho o poco que haya podido influir en mis hijas para que no sucumbieran a los mismos cantos de sirena que sucumbí yo. Para ellas la sola idea de ser funcionarias es el sumun del horror. Siempre han ido por libres y ¡vive Dios que se les nota en el espíritu! Nunca las oí quejarse de nada. Y, por lo mismo, siempre tuvieron una responsabilidad que, por comparación con la mía, ha sido titánica. Es, en definitiva, el no haber consentido en ser castradas por el sistema. Por eso entienden tan bien lo que quiere decir "pantomima full"... ¡pues anda que no han tenido oportunidad de verlo de cerca!
En fin, misántropo que me levanté hoy.
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