domingo, 1 de octubre de 2023

¡Hay que joderse!

Que nada es para siempre lo está demostrando lo que, al parecer, está pasando ahora en Suecia. Dicen que se ha convertido en el país más inseguro de Europa. El mes pasado hubo once muertes por arma de fuego. Luego nos enteramos de que esas muertes se producen, por lo general, entre los miembros de las bandas mafiosas que luchan entre ellas por el mercado de la droga. La mayoría de esa gente miserable proviene de la inmigración. Las actuales autoridades, que son, según los medios no cesan de repetir, de extrema derecha, dicen que todo es debido a que las precedentes autoridades, de izquierdas a secas, fueron muy ingenuas con sus políticas de inmigración. Los inmigrantes no se han integrado en absoluto, como, por otra parte, podría haber previsto un niño y, dado que a los suecos les ha entrado, por lo que sea, el gusto por las drogas, pues ya tenemos ahí todos los elementos de una ecuación que puede resolver cualquiera que no esté envenenado por las diversas ideologías.  

Sea como sea, en aquel que fue paraíso para los de mi generación, ahora, por lo de la extrema derecha, o por lo que sea, el ejército va a patrullar las calles, que es tanto como decir que hay que prescindir de ciertos derechos fundamentales para restablecer el orden. Mano dura, en definitiva, al más puro estilo Bukele, ya saben, el presidente de El Salvador, ese país de Centro América que venía estando por generaciones especializado en balaceras. Bukele llegó, sacó al ejército a las calles, construyó nuevas prisiones con régimen draconiano, las llenó de maleantes y se acabaron las balaceras.

Sí, los días de las izquierdas misericordiosas se están acabando. Tanta bondad maleduca al personal. Y los maleducados ya saben lo que les pasa, que quieren diversión sin pausas. Y de ahí a la necesidad de las drogas solo hay un paso. Y, por añadidura, las mafias surgen como los hongos. Y con ellas las balaceras. Entonces es cuando entra en juego la que dicen extrema derecha, que cambia la misericordia por la justicia bíblica. El que la hace la paga. Ojo por ojo. 

A mi docto y muy experimentado entender, las cosas de la vida siguen un curso bastante lógico. Cuando la gente trabaja y se comporta las vacas no cesan de engordar. Estas vacas están demasiado gordas, piensa el personal, convendría empezar a comérselas porque, si no, van a reventar. Y comienza la fiesta. Y hay que ver lo fácil que se acostumbra uno a ella. Tanto, que no se da cuenta de que las vacas están enflaqueciendo. Hasta que se quedan en los huesos y ya no hay nada que rebañar. Es tiempo, entonces, de volver a sacar el ejército a las calles. 

Y así siempre, que no es que lo diga yo, que hasta la Biblia lo cuenta. Lo que pasa es que como ya casi nadie lee la biblia se ha dado en pensar que, con denostar de Franco, Bukele y Trump, ya se van a solucionar las cosas. Por cierto, que por parques y avenidas de la ciudad se suelen poner unos señores y señoras detrás de un cartel que dice que si quieres te ayudan a leer la Biblia. Siguiendo la moda de los tiempos que no es otra que la del pastoreo: un monitor para todo. Hasta para leer la Biblia. Por no hablar para hacer surf, que mira que hay que estar tarado para necesitar un profesor para aprender esa chorrada. Claro que los extremeños lo petan en esto de los monitores: los necesitan hasta para aprender a masturbarse. ¡Hay que joderse!

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