"... en el campo, donde también me gusta pasear como por la playa, pero hay el peligro de encontrarte siempre una bestia, un animal de esos horribles. Ahora en la ciudad también porque las mascotas son un peligro horrible, una cosa que debería ser exterminada.
P.- Entiendo que no tiene mascota.
R.- No, y me parece que toda la historia de la humanidad puede describirse perfectamente como un intento exitoso del hombre de separarse de los animales. Es decir, el campesino de hace dos siglos hacía el amor con los animales al lado de la señora. El proceso de civilización es un proceso de apartarse de los animales, pero claro, la historia de la humanidad está llena de paradojas, de idas y vueltas, y ahora tenemos que soportar estos sucios habitantes de nuestras ciudades que lo único que hacen es ensuciar, peligros, virus de todo tipo que evidentemente nunca se ponen en evidencia porque atenta contra lo políticamente correcto, pero que evidentemente son causantes de plagas innumerables."
R.- No, y me parece que toda la historia de la humanidad puede describirse perfectamente como un intento exitoso del hombre de separarse de los animales. Es decir, el campesino de hace dos siglos hacía el amor con los animales al lado de la señora. El proceso de civilización es un proceso de apartarse de los animales, pero claro, la historia de la humanidad está llena de paradojas, de idas y vueltas, y ahora tenemos que soportar estos sucios habitantes de nuestras ciudades que lo único que hacen es ensuciar, peligros, virus de todo tipo que evidentemente nunca se ponen en evidencia porque atenta contra lo políticamente correcto, pero que evidentemente son causantes de plagas innumerables."
Afortunadamente para Arcadio, a ese medio, TheObjetive, no le conoce ni el tato, porque si esto lo llega a decir en El País, o El Mundo, o El ABC, le cae encima todo el peso de la humana estupidez. Afortunadamente ya tenemos ahí a los directores de esos periódicos para que las verdades molestas nunca salgan a la luz. Por lo demás, ya va para muchos años que profeso admiración al maestro Espada. Recuerdo cuando le seguía como un fan cualquiera por aquellos mítines que daba en el cinturón industrial de Barcelona cuando andaba en funciones de partero del partido político Ciudadanos. Aquello fue fantástico porque generó una esperanza inusitada que desgraciadamente se vio frustrada por exceso de ambición. Si el proyecto se hubiese limitado a Cataluña es muy probable que hubiese seguido adelante, pero los alumnos de aquellos maestros fundadores no estuvieron a la altura y pensaron que si se extendían por toda España se podían forrar. No sé si quedará algo de ellos, me imagino que no.
Eso que Arcadio dice de las mascotas, y mucho más, lo he dicho yo en mis sucesivos blogs. Para mí no es más que uno de los muchos síntomas de la decadencia galopante en la que nos estamos columpiando. Personas con sobrepeso, tatuaje y arrastrando el carrito del perro es la norma por el paseo del barrio. Luego sacan el perro del carro, se lo ponen en los brazos y se sientan en banco con la mirada perdida en sabe Dios qué horizontes. Y así permanecen arrobados por horas, con la ilusión de que los bichos han salido de sus entrañas.
Por lo demás, a Arcadio, como a cualquiera persona que admiro, no me dolieron prendas en ponerle unos cuantos perinquinosos peros. Se los hice saber, y a veces me contestó, en los comentarios de aquel blog tan exitoso que tenía y que no sé si seguirá teniendo. Me parecía que pecaba de ingenuo. Como si nunca hubiese leído la Teogonía de Hesíodo y por tanto desconociese que el fuego no se les roba a los dioses con impunidad. En otro orden de cosas, también me parecía que pecaba de exceso de pequeñas preferencias, es decir, como que presumía de gusto exquisito. Bueno, esto es algo que yo diría que delata una mala digestión del haber venido a más. Digamos que no suele ser pecado de los señoritos de toda la vida. En fin, chorradas.
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