jueves, 1 de agosto de 2024

Caos

Maduro no se va porque tiene la sartén por el mango. ¿Y saben quiénes le ponen el mango de la sartén en la mano? Pues yo diría que a medias entre todos esos niñatos que salen por la noche a esnifar cocaína y esos políticos que se empeñan en mantener su comercio fuera de la ley. Todo el mundo sabe que Venezuela ha caído en poder de un cartel de la droga que paga sueldos millonarios a la cúpula militar y a los miembros de una parapolicía que tiene aterrorizada a la gente. Rusia y China lo saben y corren a felicitar a Maduro. Claro, donde las dan las toman. Tú estás dando apoyo a mis enemigos, pues yo se lo doy a los tuyos. El mundo siempre ha funcionado así. 

Pero no se crean que lo de Venezuela es algo extraordinario. Sin ir más lejos, aquí en Europa no ha habido forma de echar del poder a la Vanderleyen esa de los cojones. Una tipa que ha firmado un contrato secreto con la farmacéutica Pfizer por 4,6 billones de euros: once dosis de vacuna por habitante de la Unión. "Safe and effective" bien sure. Se da el caso curioso de que la Vonderleyen está casada con un tal Heiko que, por pura casualidad, es el director de ORGENESIS, una filial de Pfizer especializada en terapias genéticas y vacunas RNA contra el Covid. Y da igual que la corte suprema europea haya condenado a la Vonderleyen por los contratos secretos; eso a la Vonderleyen y sus secuaces como quien oye llover. 

Y eso, por no hablar, aquí, en España, donde las habas se cuecen a calderadas, gracias a lo cual la economía va como una moto. Aquí, con tener experiencia en gestionar saunas para mariquitas ya te hacen catedrático en la Complutense. Y es que esa experiencia no es cualquier cosa que hay que ver lo que en estos días que corren cuenta para todo el pink power. Tiene línea directa con Dionisos, experto donde los haya en escapar de la cárcel, que bien caro que le salió a  Penteo el no haber sabido con quién se las estaba jugando. 

Y de Dionisos va la cosa, que bien que se ha visto en esa ceremonia que han hecho en París para inaugurar los JJOO. Ya no se respeta nada, ni falta que hace. Aquí todo el mundo a bailar en las faldas del Citerón y al que proteste nos le comemos. Es lo típico del siglo segundo del Imperio: que no pare la fiesta y los bárbaros acechando desde el otro lado de la valla. En fin, para qué preocuparse si de sobra es sabido que el orden solo puede surgir del caos. Paco con la rebaja, que decimos aquí en España.

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