Hoy, lo suyo va a ser encerrarse en casa a cal y canto. Anuncian temperaturas de casi cuarenta grados, aunque hacia las seis de la tarde habrá una degringolade que las pondrá por los veintitantos; nunca son muchas las pulgas en casa del rico. Llevamos todo el verano con temperaturas que raramente sobrepasan los veinticinco grados, lo cual, por contraste con lo que hay a unos pocos kilómetros al sur es una bicoca. Así es que no es extraño que estemos invadidos. Es tanta la gente que nos vemos precisados a acomodar que apenas queda espacio para deambular. Ya hay que ir por las aceras de canto; es para lo que da el espacio dejado entre la pared de la casa y la pertinente terraza de los bares o cafeterías que jalonan las calles sin solución de continuidad. De esta, como decía el otro, nos forramos.
Una ciudad para el hedonismo. Como Herculano y Pompeya. De momento no sabemos muy bien cuál es el Vesubio que nos acecha. Pero seguro que hay alguno, porque sabido es que a los dioses no les agrada que la gente de un día quiera parecérseles. En cualquier caso, uno, se sienta en un banco de cualquier paseo y se entretiene viendo pasar a la gente ociosa que va de un bar a un restaurante y, de ahí, a una cafetería. Y así se cierra el círculo, porque de la cafetería, se vuelve inevitablemente al bar. Lo cual, como que está en intrínseca armonía con el exceso de gente oronda que se aprecia por doquier. Ya, sí, de acuerdo, pero ¿y lo que ha disfrutado toda esa gente llenando la endorga hasta los topes?
En fin, cosas de los tiempos. En mis años infantiles nos hacía gracia ver a Carpanta soñando siempre con pollos asados que nunca llegaba a catar. La diferencia con los carpantas de hoy día es que los sueños se cumplen. La gente sale de casa soñando con pinchos, tapas, raciones y cazuelitas, y raro es que no colme con creces todos sus anhelos. Tiempos, estos, prodigiosos, en los que nos está vedado luchar para satisfacer los deseos. Bueno, ya digo, somos como dioses. Ahora solo queda por ver hasta dónde van a tolerar los verdaderos antes de ponernos firmes.
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