lunes, 26 de agosto de 2024

Solo Dios

 Ayer, o anteayer, las autoridades francesas detuvieron al creador y dueño de la plataforma de mensajería Telegram. La cosa es seria, muchachos. Mi esperanza es que sea uno de esos pasos en falso que siempre acaban por dar los tiranos cuando empiezan a ser conscientes de que su poder se tambalea. Porque, por si no lo saben se lo digo yo: esto que vivimos es una tiranía. Aquí a nadie le preguntan si quiere o no quiere en ninguno de los aspectos cruciales de la vida. El tirano, llámenle Estado o como más les guste, es dueño y señor absoluto del destino de sus súbditos. Apenas deja unos pequeños resquicios por los que dejar escapar las pequeñas preferencias de cada cual: a esto es a lo que llaman libertad. Recuerda mucho todo esto a lo que cuentan que era el imperio Inca, la tiranía más acabada de la que se tiene memoria. Allí no había ni pequeños resquicios. El camino de la vida estaba allí señalado con puntos y comas y desviarse un milímetro era sinónimo de muerte. 

Claro, en Telegram fue en donde, por poner un ejemplo, nos enteramos de todo el fraude que fue la famosa pandemia. Todavía, el otro día, hablaba yo con una de las personas más notables de la ciudad por sus conocimientos y, a mi alusión de la conveniencia de informarse por Telegram,  me contestó: ¿pero eso es muy extremista, no? También me confesó que sigue viendo telediarios. ¡A qué extrañarse entonces! Una víctima de la guerra cultural en ciernes. 

La libertad de expresión: el caballo de batalla. Me acuerdo perfectamente de los chistes que hacíamos en aquellos años del cuplé a propósito de los esfuerzos de las autoridades por convencernos de que una cosa era libertad y otra, libertinaje. Siempre marcando diferencias entre lo que al poder le conviene o no le conviene a efectos de perpetuarse: ese es todo el arte del gobernar. 

El problema de las autoridades francesas es que Pavel Durov no es un cualquiera como lo atestigua el hecho de que le detuvieron justo cuando aterrizó con su jet privado en suelo francés. Es, dicen, una cabeza privilegiada. Ahora, como pasó cuando detuvieron a Galileo, el emperador tendrá que bajar a los calabozos a tratar de convencer a Pavel de que es mejor para todos que deponga su actitud. Y Pavel les dirá que sí y le dejarán irse. Les dirá que sí porque sabe que por mucho que se empeñen las autoridades en querer lo contrario es la tierra la que gira alrededor del sol. O dicho de otra manera: no se puede torcer el curso de la historia; es como es porque así lo quieren los dioses. Si cierran Telegram surgirán otras mil plataformas en las que nos podremos enterar de que el rey va desnudo. Y, así, hasta que acabemos por no necesitar ni rey, ni patria; solo Dios.  

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