sábado, 3 de agosto de 2024

Nuevo orden

YouTube vendría a ser un reflejo del mundo. En teoría ahí lo encuentras todo. Si, por ejemplo, piensas que no te estas rascando el culo adecuadamente, no tienes más que ir a ese portal y escribir: rascarse el culo. De inmediato empezarán a aparecer vídeos que te explican la manera perfecta de hacerlo. Ya saben lo que dijo aquel torero, que hay gente pa tó. Y ya no te digo nada para la política que es una plaga casi peor que la de los médicos velando por tu salud. En definitiva, morralla para parar un tren. Pero, como todo lo que se mantiene a flote necesita de un cierto equilibro, la morralla está contrarrestada por una cantidad equivalente de gemas... aunque eso de morralla y gemas es una cuestión de apreciación personal, que los humanos somos muy nuestros en esto de las valoraciones y cada cual alimenta su espíritu de la forma que le viene en gana, ya sea ejercitando su voluntad, ya tumbándose a la batola. A la postre, todo es entretenimiento. 

En cualquier caso, no podemos ignorar que la forma de entretenernos que escogemos tiene su importancia; incluso me atrevería a decir gran importancia, y no solo a nivel individual sino en lo que hace a las repercusiones sociales. No es lo mismo estar todo el día viendo vídeos sobre la salud -los más visitados, sin lugar a duda- o la política -los segundos en el ranking-, que si te demoras en los de matemáticas o música que, por cierto, a veces, como me paso anoche con un tutorial de Joe Pass, son difíciles de distinguir. 

Es evidente que ver vídeos sobre salud o política tiene la misma repercusión que el beber vasos de agua. A la media hora de haberlos visto tienes que correr a algún sitio privado para mearlos. No dejan nada dentro; si acaso una sensación de incomodidad en las vías urinarias subsecuente al uso abusivo que hay que hacer de ellas para desintoxicarte. Sin embargo los de música y matemáticas promueven una gradación progresiva de exigencia. Empiezas con Pitágoras y no puedes parar hasta llegar a Euler por lo menos. O con los acordes perfectos hasta llegar a los que tienen todas las notas alteradas. 

El asunto de la exigencia no es baladí. No creo que exista mayor motor de cambio en el mundo. Millones y millones de personas esforzándose cada día para alcanzar la meta de llegar a entender la Identidad de Euler es algo que tiene que hacer temblar a los tiranos que rigen el mundo. No por otra razón que esa exigencia es que el mundo se esté poniendo patas arriba. La exigencia convierte a los corderos en leones. O sea, que los pastores se olviden de los perros porque no sirven para nada frente a los leones. 

No lo duden, el nuevo orden se cae ya de maduro. 

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