Confucio es un conservador y como tal sabe que en el mundo hay dos tipos de personas perfectamente diferenciadas: las que se rigen por la razón, digamos que los caballeros, y las que se rigen por el instinto, digamos que el pueblo llano. Los caballeros tienden a practicar de una forma natural la contención y el pueblo llano de una manera no menos natural el despelote, que no de otra propensión es que le vengan todos esos apelativos con tintes denigratorios que existen en todos los idiomas: chusma, foule, moob... por citar solo unos pocos.
Desde el origen de los tiempos, las clases dominantes tuvieron claro que a la chusma, foule, moob, etc., hay que atarla en corto si se quiere tener la fiesta en paz. Pero, claro, atar en corto por la fuerza es indudablemente efectivo, pero tremendamente costoso. Por eso hubo que inventar algún procedimiento más sutil que, aparte de barato, no ofendiese la susceptibilidad del populus que, como cualquier estudioso sabe, es muy abultada. Así fue como surgieron las religiones. Una serie de normas y ritos que agradaban a una entidad sobrenatural que todo lo controlaba desde las alturas celestiales. Si no se cumplía con esas normas y ritos la entidad se cabreaba y te mandaba toda clase de males. En definitiva, las religiones no son otra cosa que echar mano del miedo como recurso de sujeción.
Claro que, me dirán, la norma se entiende, pero, ¿por qué esa insistencia en el rito? Concretamente Confucio insiste más en el rito que la norma como mecanismo de control. Santi se tiró ayer un buen rato especulando sobre este aspecto de las religiones tan, en principio, poco práctico. De hecho, los taoistas, tan pronto como ganaron la batalla cultural lo primero que hicieron fue suprimir los ritos. Bien, para que nos entendamos, si los confucianistas son el equivalente a los conservadores, los taoístas, lo serían a los anarquistas -todos los hombres son iguales-. Sin embargo, a la hora de la verdad, hasta los anarquistas ritualizan la vida. Como aquellos de Salamanca, que tal día del año, a tal hora, asaban sardinas en la calle. Para que todo el mundo supiese, vía olfativa, que allí estaban ellos. El rito, qué duda cabe, estructura la existencia, lo cual, es paso previo a la aceptación de la norma.
Digamos que todas las religiones son así, a la norma por el rito. Claro que, es mucho suponer. Una especie de ingenuidad. Siempre hubo y habrá, y Confucio lo sabía, listillos que se esconden tras el rito para saltarse la norma. Los hipócritas que les dicen. Pero a Confucio no le importaba, porque también sabía que la hipocresía es un homenaje que el vicio hace a la virtud.
En fin, en cualquier caso, esto de las razones del rito da para muchas especulaciones.
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