viernes, 30 de agosto de 2024

Singapur

Singapur es un país curioso. Dicen que está entre los más avanzados del mundo. Tuvieron un dictador, Lee Kuan Yew, que le puso las pilas a la gente. Cuando llegó al poder, era un país que hablaba más de cuarenta lenguas. Entonces fue cuando dijo aquello de que una sociedad en la que sus individuos no pueden cantar juntos, ni los unos entender los chistes que hacen los otros, no puede funcionar. Y por eso puso el inglés como idioma oficial. Respecto de las religiones, puso en guardia a la gente. La religión, les dijo, es algo que pertenece al ámbito privado de cada uno y el ir por ahí exhibiendo las propias creencias es signo de poca inteligencia y pésimo gusto. Por eso puso en guardia a la población contra cristianos y musulmanes que son gente muy aficionada a convencer a los demás de que lo suyo es lo acertado. Por lo demás, puso todo el énfasis de la política en la educación. Así es que, hoy día, la media de idiomas que hablan los singapurenses es de cuatro. Otra cosa curiosa es la tolerancia cero con los estupefacientes. A todo el que pillan comerciando con ellos, le liquidan y santas pascuas. El caso es que cuando el dictador Lee Kuan Yew se retiró para dar paso a una especie de democracia, el país estaba ya entre los más avanzados del mundo a todos los niveles. Siempre quedó entre los tres primeros cuando esa agencia que mide el nivel de matemáticas y comprensión lectora de los países hace su ranking anual. 

El caso es que les cuento estas cosas de Singapur porque siguiendo mi inveterada costumbre de mirar vídeos musicales di con uno que era una jam sessión en la que estaban tocando blues al estilo de B. B. King. Algo que me retrotrae instintivamente a aquellos festivales de jazz de San Sebastián a los que tan aficionados éramos mis amigos y yo en los años mozos. ¿Y qué tiene que ver una cosa con otra? Pues elemental, que el guitarrista invitado a la jam no era otro que el actual primer ministro de Singapur, Lawrence Wong. Así que una cosa trae otra y por eso me puse a mirar otro video  en el que el tal Lawrence Wong cuenta su biografía. Nada de particular. Una familia llegada allí desde la vecina Malasia hace un par de generaciones. Una educación típica del lugar redondeada con una estancia en el MIT de Bostón. Respecto de sus conocimientos musicales, ni una palabra. Se ve que allí, ese tipo de adornos son como las religiones, algo del ámbito privado de cada uno.  

No sé qué pensar de todo esto. Me da la impresión de que en los países de nuestro entorno hay una política de información cero sobre la forma de organizarse los países que ya nos dejaron muy atrás en la, digamos, evolución civilizatoria. ¿Por qué no hablamos aquí más idiomas de una forma natural? ¿Por qué tiene que estar la noche controlada por las mafias de los estupefacientes? ¿Por qué nuestros políticos no saben tocar ni el bombo? ¿Por qué hay que seguir dándole a la matraca de las diversas religiones monoteístas? Por qué, por qué, por qué... nuestras carencia respecto a otros países son más que notables. Y no es consuelo, desde luego, saber que otros están peor... aunque, a este paso, no sé lo que podrá durar nuestra ventaja. En fin.

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