Me imagino que lo que está pasando en Venezuela tiene que ver con el petróleo que los venezolanos tienen bajo sus pies. La velocidad con la que Rusia y China han felicitado a Maduro es comprensible porque no quieren que ese petróleo caiga en manos enemigas. Se rompería el equilibrio de fuerzas. Si lo agarran los americanos y se ponen a explotarlo a toda máquina los precios podrían caer por los suelos y a tomar por el saco la ufanía de Putin. Incluso le podría costar el puesto.
¡El dichoso petróleo! La peor maldición que le pudo caer al planeta. Con lo bien que estaríamos viajando a motor de alubias. Porque, ¿qué sacamos con ir de aquí para allá a toda mecha? Pero éste es otro asunto. Los demonios que tenemos encima se desataron el día que los gringos decidieron poner a Putin en un brete por medio de un golpe de estado en Ucrania. Siempre será igual; Napoleón, Hitler, se estrellaron contra el muro de hielo. Ahora le toca al amigo americano. Los elementos hacen a Rusia, con todas sus codiciadas riquezas, inexpugnable.
El mundo es una mierda porque los humanos somos una especie enferma: tengamos lo que tengamos nunca nos sentimos ahítos... o seguros, para ser más exactos. Eso impide que los vecinos puedan vivir en paz y colaborando. A la segunda transacción, una de las partes, inevitablemente, se siente perjudicada. Y ya la tenemos armada. No hay forma de entrar en razones. ¿Por qué los griegos no podían pasar por el Bósforo sin que los troyanos les exigiesen tributo? Una injusticia que dio lugar al poema épico que explica toda la historia de la humanidad. Todo lo de Helena, Paris, Menelao y demás, fue la mentira que siempre se inventa para dar a las guerras un aire romántico. La realidad fue bien distinta: suprimir las trabas para hacerse con las riquezas de los países a orillas del Mar Negro. Ya habían mandado previamente una nave exploradora, los argonautas, para ver lo que se podía arramplar por allá. Y se habían traído nada menos que el Vellocino de Oro. Todo un símbolo que todavía anda por ahí coleando.
Fíjense lo que son las cosas, Maduro, en principio, un chófer de autobús, en el centro de todas angustias. Vamos a ver en qué acaba la cosa. En cualquier caso, no creo que vaya a dar para otro poema épico. Más bien bufo, por muchas vidas que se lleve por delante. Por cierto, en algunos países hispanos, cuando se ve ya la solución de un problema, se dice: se cae de maduro. A ver si se cumple.
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