sábado, 10 de agosto de 2024

Ciorán

"No olvide decirles que solo soy un marginal, un marginal que escribe para hacer despertar. Repítaselo, mis libros pueden hacer despertar." Así termina la conversación mantenida por Cioran y Savater que esta colgada en YouTube con el título: Escribir para despertar. Como es de suponer, cualquier reflexión sobre el hecho de escribir tiene que interesar, y mucho, a cualquiera que haya hecho de la escritura uno de los aliviaderos por donde intenta que se vayan sus angustias existenciales. Nunca se podrá saber porque se escoge, precisamente, ese tipo de aliviadero, pero el hecho es que se da en ello y ahí está, primero para intentar despertarse a uno mismo, y, después, una vez crees haber conseguido, al menos en parte, ese soñado objetivo, para trasmitir la buena nueva a los demás. Porque el escribir siempre tiene algo de mesiánico. 

Muy al comienzo de esa conversación, Cioran hace referencia, dándole una importancia decisiva, a su infancia feliz en un pueblo de los Cárpatos rumanos. Viene a decir, que una infancia feliz tiene sus consecuencias de tipo psicológico a todo lo largo de la vida. Y es que una infancia feliz hace de la vida una continua sensación de ir a menos; de hastío en cierto modo. 

¿Qué quiere decir una infancia feliz? Seguramente, recuerdos de algo que te empeñas en idealizar. A mí me pasó y traté de dejar constancia de ello en un libro que publiqué en su día y que acabo de colgar en Amazon con el título de "La alargada sombra de la Peña Pelada". Quizá el que un buen día me diese por ponerme a escribir no fuese por otra causa que por haberme fallado todos los otros intentos que hice de desprenderme del hastío que me provocaban aquellos recuerdos idealizados. Pero, vaya usted a saber.

En cualquier caso, escribir, quiero pensar, me ha ayudado a ser un poco menos tonto. Quizá a eso es a lo que Cioran llama despertar. Porque mira que se hacen tonterías cuando estás dormido.  

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