domingo, 18 de agosto de 2024

Solón

Y ahora toca la viruela del mono. Ya se sabe que la principal artimaña de los psicópatas es tapar una mentira con otra. Claro, ellos ven a la gente en las terrazas, las playas, en los diversos corrales para que nos entendamos, y comprenden que lo tienen chupado. No tengo más que mirar a mi alrededor para darme cuenta de que están en lo cierto. A nadie le interesa una mierda los miles, por no decir millones, de personan que han muerto o quedado discapacitados por las dichosas vacunas "safe and effectives". "Pues a mí no me ha pasado nada por ponérmela", dicen los polluelos orgullosos de su ala cortada. "Si fuese verdad que son peligrosas el gobierno nos lo hubiera hecho saber", continúan con su perorata. "¡Ah, el Dr. John Campbell, ese, de la cascara amarga! Y todos esos colegas que entrevista, no importa lo prestigiosos que hayan sido hasta ahora, les ciega el ansia de fama". Así son los razonamientos que escucho a mi alrededor. 

Así todo, pienso que el problema es mío por no saber rodearme de gente que conserva las dos alas. Porque hay por ahí mucha más gente capaz de volar que la que a primera vista pudiera parecer. Prueba de ello es los millones de suscriptores que tiene el Dr. Campbell. Y eso por no hablar de los muchos más millones de admiradores que tiene el cómico Jim Breuer. Yo les recomiendo que vean videos suyos para enterarse en que consiste el ser un corderito. 

De todas formas, no creo que se atrevan a exigirnos ahora, por lo del mono, las mismas atrocidades que nos exigieron cuando lo del pangolín. Porque hasta los ala cortada puede que por lo bajo anden mosqueados. Hay mucho mar de fondo. Solo en el Reino Unido hay cuarenta mil expedientes encima de la mesa esperando ser resueltos. Gente que quedó para el arrastre y que los médicos secuaces del gobierno dicen que nada que ver con la vacuna. Me recuerda a aquellos que había en mis años mozos en Asturias retorciendo los informes para que los mineros no cobrasen pensión por silicosis. Ya saben, las mafias del poder y sus repugnantes sicarios. 

En fin, ya se verá, los que lo vean, cómo quedan las cosas porque, unas veces antes y otras después, la cordura siempre acaba por aparecer de la mano de la verdad. Aparecer para hacer justicia, claro está. Es  la lógica de la Historia, como bien se lo hizo saber el sabio Solón al autócrata Polícrates... perdonen mi asquerosa erudición. En cualquier caso, Solón dio en el clavo y Polícrates pasó a peor vida.   

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