lunes, 5 de agosto de 2024

El pincho

Uno madruga porque la naturaleza se lo exige. A esas horas tempranas en las que me asomo a la ventana y veo regresar a los jóvenes que vienen de esnifar cocaína. ¡Juventud, divino tesoro! Y, ya que me he asomado, aprovecho para dejarlas abiertas de par en par para que la casa se refresque en previsión de lo que está por venir: están orientadas a poniente y hasta casi las diez de la tarde les pega el sol de plein fouet. Uno trata de adaptarse a las estaciones como a todo lo demás. Así es que, no ha pasado mucho tiempo de esa paz matinal cuando empiezan a asaltarme los aromas de la fritanga. Son las cinco y media y la ciudad se afana en producir tortillas de patata. Siempre dije que si a la bandera española le pusiesen en el centro una tortilla de patatas -como otros ponen un sol- todo el país se identificaría con ella. Porque no conozco a nadie que no le chifle. A media mañana, con un cafelito, deja al néctar y la ambrosía de los dioses en cosa de aprendices. 

Digo lo de los dioses porque ahora ando por cuando Zeus, a instancias de Atenea, manda a Hermes que se coloque los talares de oro y vaya a toda mecha a donde la diosa Calipso a decirle que suelte a Odiseo que, por aquel entonces, se pasaba el día en la playa llorando a moco tendido. ¡Imagínense, el héroe en ese plan! Así es que todo es llegar Hermes y, primero que nada, Calipso le da a comer el néctar y a beber la ambrosía. Es ésta una costumbre muy curiosa de aquellos tiempos; lo mismo humanos que dioses, antes de ponerse a hablar de lo que fuera que les concernía era preceptivo que llenasen la endorga. Una sabia medida, sin duda, porque sabido es lo bien que se encaja cualquier noticia, buena o mala, cuando uno tiene saciadas sus más perentorias necesidades. No hay más que darse una vuelta por la ciudad a media mañana y ver la harmonía que reina por doquier: todo el mundo en las terrazas en animada conversación mientras dan buena cuenta del pincho de tortilla y el mediano de café. Ahí se difuminan todas las ideologías y demás zarandajas del humano discurrir. 

Por lo demás, el mundo sigue su curso con sus dimes y diretes. El caso es, como siempre fue y será, no dejarse engañar por los vendedores de quimeras... que mira que es fácil que te la cuelen cuando te pillan con el pincho en la boca. 

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