Salgo a pasear con La Odisea en la mochila y, tan pronto como doy con un banco sombreado, me siento para continuar su lectura. También llevo el móvil, cosa que normalmente no hago, para resolver las lagunas que inevitablemente surgirán. La Odisea, como la Ilíada, son libros, por así decirlo, esotéricos, es decir, para iniciados. Si no lo estás te quedas a uvas. No por otra razón es que sean tan poco leídos fuera de los ámbitos académicos.
Estos libros son recopilación de historias que se contaban en las sobremesas. La propia Odisea es, mayormente, una historia contada por Odiseo en una sobremesa en casa Alcino, rey de los hombres feacios. Como pasa, y ha pasado siempre, en cualquier sobremesa, se comentan aspectos de gente, y hechos, conocidos por todos los comensales. Por eso alguien extraño a esa comunidad se aburriría estando allí, a no ser, que, por deferencia a él, cada vez que citasen a alguien, o algo, le explicasen quién era ese alguien o, qué, ese algo. Entre conocidos, siempre nos comunicamos con sobrentendidos. De lo contrario sería espantoso a causa de la cantidad de subordinadas que serían necesarias. De hecho, cuando das con alguien que tiende a redondear sus relatos a golpe de subordinada te destroza la sobremesa, porque, la inmensa mayoría son innecesarias ya que las sobremesas se suelen hacer entre amigos que vienen compartiendo información desde la noche de los tiempos.
El caso es que Odiseo divino anda perdido y un dios le dice que no podrá continuar viaje si antes no baja al Hades a consultar con Tiresias. Tiresias podría ser perfectamente el santo patrón de la cultura woke. Porque, que se sepa, es la única persona conocida que de hombre se convirtió en mujer y luego, de nuevo, en hombre. Dicen que yendo por el campo vio a dos serpientes apareándose. Por lo que fuere, empezó a bastonazos con ellas y mató a la hembra. Los dioses le castigaron por ello y le convirtieron en mujer. Tiempo después, volvió a encontrarse otras serpientes copulando y también la emprendió a bastonazos. En este caso, mató al macho y, por designio divino, volvió a su condición de varón. El haber sido hombre y mujer le proporcionó una experiencia de la que Zeus que lo sabía casi todo, pero no todo, quiso aprovecharse. Así que, estando un día discutiendo con su mujer Hera sobre quién obtenía más placer en el acto sexual, si el hombre o la mujer, decidió que para salir de dudas lo mejor era consultar a Tiresias. Tiresias dijo que la mujer obtenía diez veces más placer que el hombre. Hera no pudo soportar que se desvelase el secreto que tanto favorecía a las mujeres y por ello dejó ciego a Tiresias. Entonces fue Zeus y en compensación a la ceguera le dio a Tiresias el don de la adivinación y la longevidad. Claro, si tu dispones de toda esta información la lectura de la Odisea tiene otro sentido. Porque la bajada de Odiseo al Hades condiciona todo el relato. Dicho con lenguaje actual, Tiresias hace el papel de spoiler. Seguimos leyendo, pero ya a sabiendas de todo lo que va a pasar.
En fin, no sé qué más decirles que no sea que de las cosas mejores que me han pasado en la vida, una de ellas, sin duda, ha sido la de adentrarme por los intrincados vericuetos de la mitología clásica. O sea, algo que me ha permitido leer a los clásicos de carrerilla. Porque esa es la cuestión, que si lees a los clásicos de carrerilla ya lo tienes leído prácticamente todo.
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