martes, 6 de agosto de 2024

Lunes negro

Observando a vuela pluma los titulares de los vídeos de YouTube no me queda más remedio que enterarme de que ayer fue un "lunes negro". Uno de tantos de los que he visto pasar sin pena ni gloria a lo largo de la vida. Al final, estos acontecimientos, que se resumen en que los jugadores de la bolsa de valores tienen una mala racha, para lo único que sirven es para que los agoreros saliven con fruición. ¡Ya lo decía yo!, gritan desaforados. Como si constatar una vez más la más tozuda de todas las leyes de la naturaleza, que todo lo que sube, baja, tuviese algún mérito. 

La bolsa, por un lado, Maduro que no acaba de caer por muy maduro que esté, los israelitas y los filisteos que andan a la greña por variar, las mafias de EEUU, una vez más, intentando resolver sus problemas a tiros, las fronteras del este europeo echando fuego para no perder la costumbre... lo de siempre, en definitiva, con pequeñas variaciones. 

Las grandes catástrofes, mi impresión es que siempre llegan por sorpresa. Leía, en no sé dónde, la que se armó hacia mediados del siglo VI cuando el cielo se cubrió de una espesa nube negra y estuvo tres o cuatro años sin poderse ver el sol. Lo más seguro, según dicen, es que fuese por una erupción volcánica, lo más probable en Islandia. Ni que decir tiene que de aquella el mundo se quedó en los huesos. A la imposibilidad de las cosechas le siguió la hambruna y, a continuación, como no podía ser de otra forma, la peste. Ya ven, una erupción volcánica que lo mismo puede pasar mañana que dentro de cien o mil años. Y todo a tomar por el saco. Porque ¿se imaginan lo que podría pasar si, ahora, de repente, nos quedásemos sin sol por cuatro años? Ponte a alimentar a siete mil millones de personas en esas condiciones. Sería un imposible metafísico. Ni aún comiéndonos a los perros íbamos a salir del paso. 

Así es que, olvídense de los agoreros. Los humanos vivimos a merced del capricho de los dioses y lo único que podemos hacer para calmar nuestras angustias es creernos que ofreciéndoles sacrificios nos van a ser propicios. Una ilusión, desde luego, pero, ¿a qué otra cosa nos podemos acoger para sosegar un poco?   

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