AGUASONDA
Ratio et prudentia curas, non locus effusi late maris arbriter, aufer. (Es razón y sabiduría lo que disipa nuestras penas y no los lugares desde los que se divisa la extensión de los mares). Horacio.
Fuimos a ver lo de Aguasonda y, como da testimonio la foto que les muestro, estaba espectacular. No tanto, como aquel día de Navidad de hace ya como sesenta años que fui con mis hermanos a ver un petrolero al que el temporal había partido por la mitad y una de sus partes había varado allí. En cualquier caso, pude comprobar que ya no se llama Aguasonda, sino Arnillas. Quizá es que Aguasonda sonaba franquista, o algo así. En fin, lo que sea, para el caso da igual; allí estuvimos hablando con el propietario del antiguo molino de mareas -mi padre se lo vendió a su padre- ahora convertido en una granja moderna. Los años no han pasado en balde.
El caso es que, como sostenía Horacio, los lugares desde los que se divisa la extensión de los mares no me disipan las penas. Antaño me podía hacer esa ilusión, pero ya no me funciona el invento. Subir y bajar a estas edades por aquella geografía arriscada, azotada por los vientos, es algo que te apega a la realidad de la propia condición. Como se decía antaño, uno ya está para sopitas y buen vino. El rugido de los mares o la eterna sonrisa de las ondas marinas te la trae al pairo. Mucho mejor, como decía aquel poeta indio, escuchar los gritos de los niños que juegan en la calle desde un sillón reclinable cabe un ventanal a poniente.
Cabe un ventanal a poniente, con mis guitarras a mano, y mi Quijote, y mi Biblia, y mi Euclides... y María que anda por la casa enfrascada en sus asuntos. Y así hasta que Dios disponga.
Esa maravillosa playa me recuerda a la del Hotel Juan de la Cosa. Eso sí ,pegada a El Dueso
ResponderEliminarTu dices la de Berria. En el ismo que une la isla de Santoña a tierra firme. Y, efectivamente, con el hotel del Dueso a las espaldas. Cinco estrellas.
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