domingo, 31 de agosto de 2025

Aventurada teoría

Muchos son los que no pueden entender los motivos por los cuales en tantos países con regímenes democráticos, es decir, donde se supone que es el pueblo el que elige a sus dirigentes, acaban triunfando las ideas de corte marxista que, por su propia naturaleza, tienden hacia la tiranía según la experiencia tiene archidemostrado. ¿Por qué los habitantes de esos países son incapaces de ver lo que ha pasado en donde triunfaron esas ideas? La Unión Soviética, Cuba, Venezuela... la lista es inacabable, tanto en su versión salvaje -comunismo- como en la light -socialdemocracia-. Sin duda, esa ceguera colectiva es un misterio que convendría desentrañar en lo posible por medio del estudio y la especulación. Y no por nada, sino porque si no damos con alguna puerta de salida estamos condenados a la extinción. Porque el comunismo, no se engañen al respecto, es la obra maestra del demonio para acabar con lo que él más odia, o sea, el santo temor de Dios que le dicen unos o prudencia y sabiduría que le dicen otros.

¿Cómo un país como Colombia, que tiene tan cerca el ejemplo venezolano, ha podido elegir como presidente a un tipo comunista al que las manos le chorrean sangre? Y lo más extraordinario del caso es que viene ese carnicero a España y la Universidad de Salamanca se apresura a concederle un doctorado honoris causa. ¡Pero es que aquí se ha vuelto loco todo el mundo! ¡Explíquenmelo si son tan amables!

Pues bien, servidor, en su afán de ser útil, va a aventurar una teoría sobre el porqué de esa locura colectiva. Resulta que, estas tardes veraniegas, incapaz de centrarme en nada, suelo mirar una emisora regional que pone concursos de bolos -me retrotraigo a la infancia-, lamentos por los pueblos semiabandonados -más nostalgia-, y, lo que más atrae mi atención, homilías de sacerdotes con motivo de cualquier evento religioso; homilías, que, por supuesto, no son para echar en saco roto, porque la Iglesia cuida mucho quiénes son los que predican la palabra de Dios cuando se supone que van a tener una amplia audiencia. Así es que he escuchado a auténticos propagandistas de calidad. De hecho, ¿qué es una Iglesia sino un atajo de propagandistas? En el caso de la que aquí parte el bacalao, lleva ya muchos siglos depurando las técnicas para ir adaptándose a los cambios so pena de pasar al baúl de los recuerdos. Así es como han llegado a ese discurso que, si ustedes se fijan con atención, podrán observar que tiene una sutil concomitancia con el de un líder socialdemócrata: igualdad, solidaridad, empatía, paz... todas esas mandangas qui van de soi siempre y cuando el sacrificio lo hagan los otros. Es una lógica elemental para seducir almas cautivas del miedo y la vaguería, cargar el sacrificio de su liberación sobre espaldas ajenas. Así que, mientras haya púlpitos en las iglesias, poco trabajo les quedará por hacer a los líderes, ya sea comunistas, ya socialdemócratas, que tanto da, que da tanto, para ganar las elecciones. En fin, solo es una teoría. 

Una teoría en la que me corroboro a la vista de los recientes acontecimientos de, digamos, cuando da la vuelta el aire. Resulta que ha llegado al poder de la nación más poderosa del mundo un hombre iluminado que, de inmediato, se ha dado cuenta de que, sin el control de lo que podríamos llamar la espiritualidad, todo lo demás huelga. Así ha sido que se las haya ingeniado para poner a alguien de su cuerda en la silla de San Pedro. A partir de entonces, han empezado a aparecer curas en las redes sociales, que, en vez de predicar derechos, predican obligaciones, como siempre hizo la Iglesia hasta que, como todas las demás instituciones, fue infiltrada por el marxismo cultural. Recuerden las cosas que decía, no hace mucho, el papa boludo, un tal Francisco, que hizo subir a las redes su enternecedora historia de amor con un perro. Claro, los comunistas estaban encantados con todo eso. 

Resumiendo, ésta es mi aventurada teoría: la Iglesia ha sido el pal de paller, que dicen los catalanes, de la difusión del comunismo, en todas sus versiones, por el mundo y, ahora, con la nueva deriva que ha tomado gracias al papa estadounidense, espero de todo corazón que repare, al menos en parte, todo el daño que hizo con sus boludeces.  

sábado, 30 de agosto de 2025

Gimnasia espiritual

 



Tenemos aquí un bonito problema de geometría. No es difícil resolverlo, pero exige pensamiento correctamente estructurado. Y ese es el asunto, el aprendizaje del recto razonar. Porque, ahí, es donde más fallamos todos, en el recto razonar. Y no por nada, sino porque es lo más difícil de todo y, para rematar, tenemos una propensión natural a confiar en nuestras dotes de discernimiento, dado lo cual, no le dedicamos la atención debida a la hora de formarnos. Y ahí está el punto y la fineza de todo este negocio, que, a causa de esa carencia que arrastramos, la vida es mucho más valle de lágrimas de lo que pudiera ser si no fuésemos tan presuntuosos. Por no saber pensar convertimos la vida en un rosario de equivocaciones cuyo recuerdo, luego en la vejez, es el famoso purgatorio por el que tienes que pasar para poder entrar en el cielo.
 
El caso es ese, que el ejercicio de la geometría es, seguramente, el mejor procedimiento que se conoce para el intento de aprender a pensar. Es algo que se viene sospechando desde la noche de los tiempos; no por otro motivo es que en la puerta de la Academia Platónica hubiese un cartel pidiendo que se abstuviesen de entrar allí los que no supiesen geometría. Luego, trescientos años, o así, antes de Jesucristo, y dos mil trescientos y pico antes de la pandemia del Covid-19, un tipo llamado Euclides se dedicó a recopilar todos los conocimientos geométricos que había hasta entonces -muy parecidos a los que hay hoy día- y los puso en un libro que llamó Los Elementos. Pues bien, ese libro, excepción hecha de la Biblia, se convirtió en el libro más leído de la historia de la humanidad. 

Digamos que la Biblia le dio a la humanidad el "en qué pensar" y, los Elementos, "el cómo pensar". Por eso fue que esos dos libros estuvieron en el centro de la formación del espíritu hasta que, hace ciento y pico años, se apoderó del mundo una casta de desalmados que decidieron que lo peor de todo para ellos era que la gente tuviese en qué pensar y, para colmo, supiese pensar. Por eso se apresuraron a retirar esos dos libros de la circulación. Ya ni se lee la Biblia, ni se estudian los Elementos, que no por otra causa es que la gente, porque viaja en aviones y se comunica con celulares, haya dado en creer que son dioses  .. digamos que, pura imbecilidad. 

Pues sí, señoras y señores, la Biblia y los Elementos: la fórmula que no falla. Cuenta la leyenda que Lincon -ayer como quien dice-, no quiso iniciar el ejercicio de la abogacía hasta haber estudiado a fondo los elementos de Euclides. Por lo visto, gasto varios años en ello una ver terminados sus estudios de abogacía. El hombre sabía que de nada sirve la información si no la sabes procesar correctamente... es decir, si no tienes músculo espiritual. Y ya saben que para hacer músculo de cualquier tipo hace falta gimnasia. Y esa es la cuestión, que la gimnasia exige disciplina por un tiempo, el que se tarda en convertirla en hábito. Una vez alcanzado el hábito es como una droga de la que estás colgado. 

En resumidas cuentas, que me resulta difícil tirar para adelante con la vida si de vez en cuando no me meto un chute de gimnasia geométrica; no sé en qué medida me ayudará eso a un mejor pensar, pero, en cualquier caso, el dar con la solución del problema me proporciona unos instantes de placer que me relajan el espíritu. 

viernes, 29 de agosto de 2025

Ricote

Ricote es un morisco de "en un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme" que fue expulsado de España con todos los de su etnia por Felipe III. El caso es que, por medio de una trama novelesca enrevesada, Ricote se encuentra en Barcelona a la vez que su hija, el pretendiente de su hija, Don Quijote y Sancho. Ricote y su hija, son tan buena gente que el visorrey de Cataluña, que va a ir a la corte en los próximos días, les dice que va a interceder por ellos ante el rey para que se puedan quedar en España. Ricote que es un tipo que tiene sobradamente demostrado que se las sabe todas, contesta al visorrey:

 " —No —dijo Ricote, que se halló presente a esta plática—, no hay que esperar en favores ni en dádivas, porque con el gran don Bernardino de Velasco, conde de Salazar, a quien dio Su Majestad cargo de nuestra expulsión, no valen ruegos, no promesas, no dádivas, no lástimas; porque aunque es verdad que él mezcla la misericordia con la justicia, como él vee que todo el cuerpo de nuestra nación está contaminado y podrido, usa con él antes del cauterio que abrasa que del ungüento que molifica, y así, con prudencia, con sagacidad, con diligencia y con miedos que pone, ha llevado sobre sus fuertes hombros a debida ejecución, el peso desta gran máquina, sin que nuestras industrias, estratagemas, solicitudes y fraudes hayan podido deslumbrar sus ojos de Argos, que contino tiene alerta porque no se le quede ni encubra ninguno de los nuestros, que como raíz escondida, que con el tiempo venga después a brotar y a echar frutos venenosos en España, ya limpia, ya desembarazada de los temores en que nuestra muchedumbre la tenía. ¡Heroica resolución del gran Filipo Tercero, y inaudita prudencia en haberla encargado al tal don Bernardino de Velasco!"

En este pasaje, ya en los últimos estertores de la novela, ha querido Cervantes dar su opinión sobre uno de entre los más espinosos y controvertidos asuntos por los que paso la patria por los tiempos en los que él vivió. 

Les traigo esto a colación porque el otro día me abordó, cuando iba paseando por los muelles del Barrio Pesquero, un tipo de esos que siempre está cargado de razones incontestables que, sin saber a cuento de qué, me espetó, así, de improviso, el desastre que había sido para España el que Felipe III hubiese expulsado a los moriscos -debía de haber visto algo en tele, al respecto-. Yo, por supuesto, le seguí la corriente y, cuando me pareció que ya le había aguantado suficientes tópicos, le dije, haciendo uso de la fórmula que me enseñó Ángel, uno de los proscritos de Alar: "Cambiando de tema, parece que vamos a tener lluvia a mansalva". El tipo que se las da de experto en meteorología, quedó encantado, porque de eso sí que sabe más que nadie. 

Es muy curiosa esta propensión que tienen muchos españoles -generalmente los de la correa, pobre bueno, rico malo- a denigrar todo lo que tiene que ver con la historia de nuestro país. Por eso no es raro que salgan en la televisión estatal tipos -famosillos de izquierda- gritando a todo pulmón que Cortés y Pizarro eran unos genocidas. Sé esto porque esas escenas de la televisión rápidamente son recogidas por los youtubers que luego lo cuelgan en la red, que es donde yo me distraigo de vez en cuando. Me encantan esos alardes de ignorancia mezclados de envidia y resentimiento; es el ser humano en su versión más grotesca en estado puro... lo que llaman "la izquierda".  

Por cierto, que, sobre lo de la expulsión de los moriscos, yo tenía una cierta idea cuando el tipo de marras vino a darme la vara. Recuerdo que me interesé por el tema con motivo de la lectura de las memorias del Capitán Contreras -uno de mis libros preferidos- en las se trata el tema de pasada. Yo diría que la idea que saqué es muy parecida a la que Cervantes pone en boca de Ricote. En cualquier caso fue una decisión muy controvertida, que fue precedida de varios años de debate entre los que se beneficiaban y los que se perjudicaban con la presencia de los moriscos en España. Al final predominó, con muy buen criterio, pienso, la cuestión de la seguridad sobre los beneficios económicos. España estaba entonces en guerra permanente con el imperio otomano y, una parte, no por menor, significativa, de la población morisca, actuaba como quinta columna de los otomanos, facilitándoles con su información las incursiones en la península que eran el pan nuestro de cada día. Así que, al final, no quedó más remedio que cortar por lo sano, a sabiendas, eso sí, que iban a pagar muchos justos por los pocos pecadores. De hecho, parece ser que, con la expulsión, mejoró bastante la seguridad en las costas levantinas. Otra cosa es que se resintiese la economía, porque los moriscos eran, en cierta medida, la mano de obra cualificada de la época. 

En fin, qué país éste. Toda esa gente que nace aprendida merced a su envidia y resentimiento. Claro, si leyesen el Quijote y, también, acaso, la Biblia, a lo mejor se enteraban un poco de qué va la fiesta y se les pasaba el sofocón. A la postre, como dice un labrador que ha escuchado las razones de Sancho: todo es burla, sino estudiar y más estudiar. ¡Que lo sepan! 

jueves, 28 de agosto de 2025

Papiroflexia

 


Me dice Santi que ha retomado su vieja afición por la papiroflexia y me manda foto del pavo real que hizo ayer. Por lo visto, Unamuno escribió un tratado sobre el tema incitando a practicar ese entretenimiento. Para los japoneses, que lo llaman origami, sin embargo, más que entretenimiento es un arte... o sea, hacer cosas con la pretensión de que vengan los turistas a verlo.  

Papiroflexia u origami, que tanto da como que da tanto, el caso es que, mientras lo estás practicando tienes sorbido el sexo, que no es lo mismo que comérselo o, lo que es más frecuente y perverso, tratar de comérselo a los otros: no hay mayor enemigo de uno mismo y de la especie humana que el tener la cabeza desocupada.  

Recuerdo que, de muy niño, hacía pajaritas, carros, aviones y otras cosas, supongo, de papel; de ahí nunca pasé, pero el gusto por hacer pajaritas o aviones, nunca se me quitó. Cuántas veces estando sentado en la mesa de una cafetería no habré cogido el tiquet de la consumición y hecho una pajarita con él. O un avión, para  comprobar, después, si funciona: todo un reto. Pero, claro, de ahí al pavo que les muestro en la foto hay todo un universo: el que hay entre una afición y una pasión. O, ya puestos, entre el entretenimiento y el arte. 

Vivir apasionado por lo que sea es tanto como ser inmune a los males del mundo. Comentábamos ayer el caso de Arquímides: le llegó la muerte en forma de ejército invasor mientras trazaba rayas en la arena de la playa intentando descubrir un nuevo teorema. El apasionado está en posesión de la mayor virtud que se puede concebir en un ser humano: no meterse en la vida de nadie. 

Bueno, les diré que ya consigo tocar Libertango de corrido, pero, ¡ay, los perinquinosos peros!, ni de lejos consigo que acabe de resonarme en el alma como cuando se lo escucho, por ejemplo, a Ksenija Sidorova... todo se andará si Dios quiere.  

miércoles, 27 de agosto de 2025

Hay un mundo ahí fuera

 
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Cortesía de Un Besi de Fresi


El señor Besi de Fresi tiene razón cuando tilda de lerdos a los rojos. Lo que no nos dice es de qué color es él, porque si es que es de alguno, que puede que sí, entonces estamos en las mismas. En el colegio al que fui de niño teníamos que ser, ya azules, ya amarillos; todos los años había un festival en el que ambos colores competían en diversos juegos y deportes. Era un día muy especial porque venían todos los padres -menos los míos- a verlo. Sin duda, con lo de los colores, se pretendía inculcarnos el sentimiento de pertenencia a un grupo enfrentado a otro grupo; no recuerdo de qué color era yo ni nadie; pienso que los niños teníamos muy poco interés por aquellas distinciones. Años después, con motivo de una adolescencia tardía, y supongo que adoctrinado por la moda imperante, anduve coqueteando con ideologías igualitarias. Pero me duró poco. De hecho, no recuerdo haber ido a votar más de una vez en toda mi vida. La primera creo, cuando salió elegido Felipe González; me duró el encanto menos que un caramelo a la puerta de un colegio. Y más, que hice una lectura de "La Rebelión de las Masas" de Ortega muy en los comienzos del periodo, digamos que democrático. Escribe Ortega en el prólogo que hace para la edición francesa: 

"Ser de izquierda es, como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejia moral." 

Pocas cosas he leído con las que pueda estar más de acuerdo. Derechas e izquierdas, como azules y amarillos, no es más que lo de aquella canción de Santana: Let the Children Play (deja que los niños jueguen). Mientras los niños están jugando no se enteran de que hay un mundo ahí afuera. Todos los partidos políticos quieren lo mismo: que los niños no se hagan mayores. Es lo que se llama estatismo, la peor tiranía de todas como ya les advirtió el profeta Samuel a los judíos cuando estos le dijeron que querían un rey para ser como los demás pueblos. 

Y ese es el caso, que la inmensa mayoría muere sin haberse enterado de que hay un mundo ahí fuera en el que la gente respira porque no lleva corsé. Es el mundo de los negacionistas, herejes, misóginos... todos esos insultos que tan de moda se pusieron hace unos años cuando los curas se dieron cuenta de que unos cuantos niños habían saltado la verja y andaba por ahí a su bola. Saltar la verja, quitarse el corsé, curarse la hemiplejia... Gracián lo llamaba: saltar por el portillo del caer en la cuenta; el que quiere, puede, añadía. Y ese es el asunto, que parece que son muy pocos los que quieren abandonar los parques infantiles. ¡Se está tan seguro en ellos! 

En fin, ni hay mal que cien años dure, ni cerdo al que no le llegue su San Martín. Cualquier día la gente se levantará con la cabeza despejada y se dirán los unos a los otros: ¿te acuerdas cuando íbamos a votar? ¡Pero qué lerdos que éramos! Y entonces habrá el típico orden espontáneo que es el propio del mundo que hay ahí fuera. 

martes, 26 de agosto de 2025

Sin solución posible

 


No hay que saber mucha geometría para darse cuenta de que el triángulo de la foto es un imposible matemático. En un triángulo rectángulo con la hipotenusa como base, por definición, la altura nunca puede ser mayor que la mitad de la base. Es elemental, y, sin embargo, multitud de estudiantes se dejan arrastrar por la simplicidad de la fórmula que hay en el ángulo superior izquierdo de la foto y la cagan sin entender por qué la han cagado. Así son la mayoría de los razonamientos que hacemos en la vida; utilizando premisas falsas llegamos a resultados que nos parecen incontestables y nos estrellamos una vez más. 

Las premisas exactas solo existen en las matemáticas, que no por otro motivo es el que los únicos problemas que tienen solución son los matemáticos. A la solución de los problemas que nos plantea la vida solo te puedes aproximar por tanteo y, por lo general, el tanteo de hoy no te suele servir para mañana. Desgraciadamente, a esta conclusión solo se puede llegar después de haber dejado un rastro de equivocaciones cuyo recuerdo son el dolor de la vejez. Afortunadamente, la sabia naturaleza suele atenuar ese dolor por medio de la perdida de la memoria. En fin, pelillos a la mar. 

Les traigo a colación estas reflexiones a propósito del tema de las drogas. ¿Legalización; no legalización? Mi opinión al respecto, que nunca ha sido convicción, se ha ido balanceando a lo largo de la vida entre las dos opciones en función de las circunstancias del momento. Nunca lo he tenido claro por la sencilla razón de que es imposible tenerlo ya que son tantas las variables que entran en juego que no hay mente humana que pueda poner orden en semejante galimatías. Así es que todas las soluciones que se le dan al problema no hacen más que empeorarlo. 

Lo de las drogas es más viejo que los pedos y, su uso, y sobre todo abuso, tiene que ver con el irreprimible deseo que tiene el hombre de ponerse en contacto con la divinidad -o sea, olvidarte de que te estás muriendo- evitando en lo posible los sacrificios que tal pretensión exige en condiciones normales. En el fondo no es más que un pecado de soberbia y, como tal, un despeñadero a los infiernos por el camino más directo. 

El caso es que yo también caí muchas veces en la trampa de autoconvencerme de que legalizando las drogas se evitaría gran cantidad de los problemas que su uso plantea. Se argumenta que, con la legalización, se les quitaría el valor añadido que las da el riesgo que supone traficar con ellas, con lo cual se disminuiría la ganancia de las mafias que, actualmente es tanta, que ponen y quitan gobiernos a su antojo. Los narcoestados que les dicen. Y no solo es Venezuela, o Cuba, o Colombia, no, es, en mayor o menor medida, por todo el mundo. Aquí en España, ni te digo; ver a un político en el yate de un narcotraficante es algo que, como que, ¡no, es que pasaba por allí! 

Desde luego que lo de las mafias es un problema gordo, pero, al fin y al cabo, problema subsidiario del nudo gordiano que supone la necesidad de evasión de sí mismo que tiene el ser humano cuando no tiene que luchar por su subsistencia. Porque esa es la gran paradoja de la vida, que, fuera de la lucha, la vida es un tormento por la conciencia permanente de que te estás muriendo. La droga no sería más que el intento desesperado de olvidarse de esa conciencia de la misma manera que lo hace la lucha. Es como una cuadratura del círculo. O sea, una imbecilidad... la más humana de todas las imbecilidades posibles. 

No, yo no sé, ni lo sabré nunca, si es mejor o peor legalizar las drogas; lo que sí sé es que estar mano sobre mano es desesperante. Y de un desesperado se puede esperar, valga la rebuznancia, cualquier cosa. Por eso para luchar contra el flagelo de las drogas no creo que haya otra solución que la "bendición del trabajo", el consuelo supremo del olvido de si mismo en la tarea cotidiana, que decía Nietzsche. Por eso es que cuantas más ortopedias se inventen para aliviar las que llaman penas del trabajo, mayor sufrimiento habrá en el mundo y, por tal, mayor consumo de drogas. Bueno, quizá el hecho de que estén prohibidas les da un plus de ilusión de efectividad, porque el asunto es ese, que su efectividad es la más tonta de todas las ilusiones. ¿O no? ¿Ustedes que piensan? 

lunes, 25 de agosto de 2025

Artistas y bandoleros

Don Quijote desecha la idea de ir a las justas de Zaragoza para así desmentir al autor apócrifo de la segunda parte de su propia historia. Así que desvía el rumbo y se dirige hacia Barcelona donde también hay justas. Han estado caminando todo el día y, al anochecer, se desvían un poco del camino para buscar el cobijo de un bosquecillo que había por allí. Ya es de noche cuando llegan y, Sancho, derrengado, se tumba en el suelo; al darse la vuelta y mirar hacia arriba, ve manos y pies colgando de los árboles; se asusta y corre a decírselo a Don Quijote. Son ahorcados, dice éste; ya debemos estar en Cataluña. No pasa mucho tiempo antes de que aparezcan unos bandoleros que se aplican a la tarea de desplumarles, pero, estando en ello, aparece su jefe, un tal Roque, que de inmediato reconoce a Don Quijote y Sancho porque ha leído la primera parte de su historia que ya ha sido publicada. Pronto podemos comprobar que Roque, más que jefe de bandoleros, es el propietario de una empresa que extrae sus beneficios de saltear a los viajeros. De inmediato ordena a sus empleados que restituyan a Sancho lo que le han quitado. Y, luego, cuando, se topan con otros viandantes, les quita solo una parte de sus pertenencias en función de sus condiciones sociopoliticaslaborales. Roque es un hombre culto que se dedica a lo que se dedica porque las circunstancias del momento histórico no dan lugar a otro tipo de emprendimientos. De hecho, da la sensación de que las grandes empresas de Cataluña son las partidas de bandoleros en encarnizada competencia entre ellas.  

En realidad, la Cataluña que describe Cervantes es la Cataluña eterna. La que yo he vivido, rodeado de bandoleros cultivados; mis vecinos del piso de enfrente y de debajo tenían sendos negocios de extorsión que, a juzgar por cómo vivían, les funcionaban a las mil maravillas. Eso sí, las llamadas más frecuentes que recibía por el telefonillo eran de correos de los juzgados para preguntarme por ellos, porque nunca estaban en casa. La verdad es que nunca en mi vida tuve tantos ofrecimientos por parte de los vecinos como por aquel entonces. Era gente cultivada, uno químico y el otro economista, y nunca nadie hubiese podido sospechar que eran unos delincuentes; y es que, eso de la delincuencia, es algo muy relativo, en función del tiempo y el espacio: lo que hoy es delito aquí, mañana puede ser virtud allá. Y viceversa. Y los catalanes, gente esclarecida, lo saben y actúan en consecuencia. 

Simplificaciones a parte, el caso es que, a mí, todo lo catalán me produce mucha curiosidad y sentimientos ambivalentes. Así es que, nunca les pierdo de vista; a D. G., no tengo el menor problema para entender su idioma, lo cual me facilita mucho las cosas. Poder entender, por poner un ejemplo, los discursos de Silvia Orriols, batllessa de Ripoll, es una delicia, porque hacía mucho tiempo que no se escuchaba en España a un político tan inteligente y honesto, a la vez que fanático. Tiene todas las virtudes del auténtico líder y les recomiendo que estén atentos al dato, porque esta mujer, o mucho me equivoco o va a ser fuente de multitud de quebraderos de cabeza para la patria: su fuerte atractivo, añadido a su fanatismo nacionalista, así lo hace presuponer. 

En fin, Cataluña es, también, Rosalía y Raül Refree, Rita Payes y Andrea Motis... para mí, de donde sale la mejor música es, también, en donde de mayor favor de los dioses se disfruta. Yo, desde luego, no volvería a vivir allí, pero, como soy bien nacido, soy agradecido y nunca olvido todo lo que me desasnaron los años que allí pasé... entre artistas y bandoleros.

domingo, 24 de agosto de 2025

Lágrima


Esta mafia de políticos demoníacos que gobierna el mundo es tan ignorante que ha dado en el peor de los pecados, el creerse dioses, que no por otra causa es que los verdaderos dioses nos estén arrojando a todos a los infiernos: no hay más que darse una vuelta por el centro de una estación balnearia una tarde de agosto para darse cuenta de que ya estamos en ellos; todas esas masas ansiosas en busca de una diversión imposible...  ¡cómo se va a divertir el que está ahíto de diversión! Toda la economía de la ciudad gira alrededor de ese imposible metafísico. Pero este es otro tema diferente del que hoy quiero tratar. 

El caso es que estos gobernantes demoníacos tienen puesto todo su empeño en ocultar las consecuencias nefastas de aquella ocurrencia de hace cuatro años, la vacunación de marras. Y la más sangrante de esas consecuencias, de las que el populacho no quiere ni oír hablar, por más que no se las puede sacar de la cabeza, es, sin lugar a dudas, las repercusiones sobre la fertilidad. Ha disminuido de tal modo el número de embarazos y aumentado el de abortos indeseados que, en países como China, por más que lo intenten con todo tipo de ingenierías sociales, no consiguen subir la tasa de reposición del 1,1, es decir, justo la mitad de lo que es necesario para mantener el equilibrio demográfico. De hecho, cada vez son más frecuentes las informaciones que nos llegan acerca de las cifras reales de la población china, por supuesto, muy alejadas de las oficiales: los mil cuatrocientos millones, que dicen, muy bien podrían andar rondando los setecientos, y en caída libre. 

Y en esas estando, no se les ocurre a esos demonios mejor remedio que ponerse a imitar aquella ficción que se hiciera famosa el siglo pasado con el título de "This brave new world", "Un mundo feliz ", en español. Por lo visto, el gobierno chino está invirtiendo cantidades millonarias en conseguir úteros artificiales que suplanten a los averiados de las mujeres chinas. Me imagino que no tardaremos en conocer la respuesta que dan los dioses a tamaño pecado de soberbia.

Soberbia sobre soberbia, al final acabamos todos en una estación balnearia, es decir, en el infierno que siempre es toda ficción de paraíso. Con lo fácil que sería apearse del burro y volver a por donde solíamos, o sea, al sacrificar a los dioses para ganarnos su benevolencia. Y, seguramente, no hay sacrificio que más agrade a los dioses que el de tener hijos. Por eso es, quizá, que se diga que siempre vienen con un pan debajo del brazo. Los hijos te dan la vida y, también, te la quitan. Quizá no haya forma mejor de entender esta realidad incontestable que agarrar la guitarra y ponerse a tocar la Lágrima de Tárrega. Es imposible concebir mayor desgarro del alma causado por la pérdida de una hija. Un lamento terrible. ¡Tanto sacrificio tirado por la borda! A la fuerza tiene que ser una venganza de los dioses... o una puesta a prueba. No sé, pero, en cualquier caso, no creo que los hipotéticos hijos salidos de úteros artificiales vayan a suplir esa predisposición al sacrificio que suscitan los hijos naturales. Y es que, nada más sustituible que lo fabricado en serie; si sale mal, se tira y se compra otro. 

En cualquier caso, urge deshacerse de estos demonios que nos gobiernan. Hay que desenmascararles sacando a la luz sus mentiras... empezando por la de que son dioses que todo lo pueden. Y siguiendo por poner un letrero bien visible a la entrada de todas las estaciones balnearias que ponga: ¡Ay, de los que entréis aquí, perded toda esperanza!

sábado, 23 de agosto de 2025

Teodio

 



Cuando yo era chaval, había aquí, en Santander, un tipo afeminado al que se le conocía por el sobrenombre de Teodio. La leyenda que corría por la ciudad a propósito de ese apodo era bastante grotesca y a los chavales nos hacía mucha gracia. Por lo visto, alguien le había tomado el pelo por el balanceo de sus caderas y él había contestado: "No te pego porque no te puedo, pero te odio, te odio, te odio". Fuera como fuese que hubiera sido, si es que fue, el caso es que, en Santander, a cualquiera que mostrase signos de afeminamiento, rápidamene se le aplicaba el apelativo Teodio... nombre que, por cierto, como todo lo que empieza por teo, tiene algo que ver con lo divino. 

Hoy día, la chusma imperante, la misma que antaño se encarnizaba con los Teodios, se rasga las vestiduras ante cualquier atisbo de falta de respeto hacia los homosexuales: es lo que toca. La realidad de aquel horroroso entonces era que se hacía chistes con todo lo que se movía, como siempre, por otra parte, que hay salud mental entre la ciudadanía. Pero de ahí no pasaba; nunca vi yo que, en mi barrio de Santander, o en mi pueblo, alguien hiciese daño a cualquiera de los que todo el mundo tenía por mariquitas: hubiera estado fatalmente visto por la inmensa mayoría. 

El caso es que, con la llegada de esto que llaman democracia, empezó a correr la voz de que ya éramos libres, la cual ilusión, tuvo como primera y nefasta consecuencia una notable caída de los índices de sentido del humor. Ya de casi nada se puede reír uno porque enseguida viene el guardián del templo a acusarte de delito de odio. ¡Oye, y que te pueden llevar a la cárcel por reírte de un maricón! ¡Pues anda que no están ufanos ellos con todo lo que han conseguido! Ahí tienen, en la foto que les muestro, como están pintados los pasos de cebra en una ciudad estadounidense. Y, el otro día, pasaba yo por la Plaza Porticada y, en lo que en los tiempos de Teodio era el Gobierno Civil y, hoy día, Delegación del Gobierno,  pude ver que en cada una de las numerosas ventanas había una bandera con los colores del arco iris, es decir, la enseña que se han sacado de la manga los mariquitas para expresar su orgullo de no sé qué, que ya me dirán ustedes cómo se puede estar orgulloso de algo que no tiene el menor mérito; uno es maricón por lo mismo que es alto o rubio, o sea, por el querer de los dioses... ¿se puede estar orgulloso por ser alto o rubio? Sería una necedad. 

Lo que pasa es que como todo en esta vida va por ondas sinusoidales, ya saben, seno y coseno, pues todo tiene su máximo, su mínimo y, también, sus puntos de inflexión. Y así ha sido que aquella ilusión de libertad tuvo su máximo, su punto de inflexión y, ahora, anda en trance de alcanzar sus mínimos. La gente cae cada vez más en la cuenta de que llamar Delegación del Gobierno a lo que antes llamaban Gobierno Civil no cambia nada las cosas. A la postre, lo que cuenta en esta vida es desenmascarar a los embaucadores que se organizan en mafias para propalar ficciones que quieren hacer pasar por realidades; sobre todo, la más rentable de todas las ficciones, la del victimismo: nos tenéis que restituir todo lo que nos quitasteis a lo largo de la historia. ¡Ya está bien, tíos! ¿A quién, por fas o por nefas, no le quitaron algo? Es algo que está en nuestra condición animal, el usar un ojo para quitar algo al prójimo, y, el otro ojo, para que el prójimo no te lo quite a ti. 

Y en esto llego Trump y mandó parar: se acabó señores, con la bandera multicolor se limpian ustedes el culo o lo que quieran, pero nada de imponerla a los demás. Pues apañados estaríamos si cada mafia nos impusiese su bandera... no íbamos a ganar para banderas. Y así ha sido que, en un ataque de sentido común, ha mandado volver los pasos de cebra a su estado original, es decir, a la neutralidad de las franjas blancas paralelas. Muy de agradecer, desde luego.

viernes, 22 de agosto de 2025

¡A qué estamos esperando!

 


Conversando con mi hermana el otro día, me decía que es muy frecuente que, cuando a una persona le surge de improviso una enfermedad, tenga propensión a achacárselo al haberse inyectado la vacuna de marras. Desde medios oficiales, que son todos, excepción hecha de las redes sociales, ni mencionar la más sangrante escabechina que nunca hizo poder alguno. Se multiplican las publicaciones científicas que demuestran dejando muy pocos resquicios a la duda el efecto pernicioso, sin paliativos, de esa vacuna. La foto que les muestro, tomada de un trabajo japonés recientemente publicado, representa la diferencia de muertes entre vacunados y no vacunados en el año posterior al comienzo de las vacunaciones: vacunados en rojo, no vacunados en verde. Diez y ocho millones de diferencia. ¿Qué son diez y ocho millones para la burrocracia que gobierna? Al parecer, nada de nada. 

Me seguía diciendo mi hermana, que la procesión va por dentro. La gente saca a relucir la pandemia a la primera de cambio. Se ha convertido en una referencia temporal del mismo calibre que Jesucristo; ahora, cualquier acontecimiento que se relate, exige ser ubicado temporalmente en un antes o un después de la pandemia. Una pandemia que, todo hay que decirlo, fue de características sorprendentes, ya que, por mucho que indagases, no conseguías conocer a alguien que tuviese noticia de algún muerto entre sus familiares y conocidos. Fue al año de aquel montaje mediático sin precedentes, cuando empezaron las vacunaciones, que se produjo el baile de muertes. La redes sociales se hicieron eco de inmediato; los medios oficiales todavía siguen, erre que erre, negando la mayor.  

Personalme, no tengo noticia, y eso que he leído un montón de libros de historia, de que nunca en el mundo pasase algo parecido. Ahí siguen gobernando los causantes del desastre como si con ellos no fuese la cosa. Por alguna extraña razón, la gente, que en su inmensa mayoría está convencida de que fue engañada, no siente necesidad de pedir cuentas. Es todo igual de gracioso que lo de aquella novela de Diderot: Jacques el Fatalista; la mortandad de las vacunaciones estaba escrita en el Grand Rouleau y nada hubo que los humanos hubieran podido hacer para impedirlo. Supongo que, andando los siglos, el asunto éste de las vacunaciones, será estudiado en las facultades de las ciencias del espíritu como el acontecimiento más sorprendente de la historia de la humanidad en lo que hace a manipulación de las conciencias. ¡Y mira que hay tela que cortar al respecto! 

El caso es que ahí están personajes como Alexandra Henrión-Caude, Dr. Malone, Dr. Michael Yeadon, Dr. Malhotra... la lista de los que fueron eminencias hasta que comenzó el circo es considerable, y, de la noche a la mañana, sin saber cómo, su biografía en la Wikipedia paso a ser la de unos villanos tirando a oligofrénicos. Pero ellos siguieron ahí, en redes, advirtiendo de la monstruosidad del engaño. De nada sirvió: si cien mil millones de moscas comen mierda, tiene que ser porque la mierda es rica. 

Así y todo, que nadie se llame a engaño, porque la justicia divina es implacable; tarde o temprano se producirá la catarsis que ponga las cosas en su sitio para que la gente pueda sosegar por una temporada. Hasta que el personal no vea pagar a los culpables del desastre tendrá excusas más que suficientes para hacer de su capa un sayo; así es como se produce el deterioro moral de las sociedades, cuando el poder no paga por sus errores. Todos los textos sagrados, empezando por la Biblia, así lo atestiguan. 

En fin, como les iba diciendo, la libertad es el más precioso don del que nos proveyeron los cielos. Y es precioso, sobre todo, porque nos da derecho a equivocarnos sin que por ello tengamos que sufrir menoscabo, a condición, eso sí, que nos confesemos a nosotros mismos nuestro error, tengamos nuestra dosis de contrición y, last, but not less, sepamos satisfacer con obras el mal que contribuímos a causar con nuestra zoquetería. ¡A qué estamos esperando!

jueves, 21 de agosto de 2025

Pictima y confortativo

Ya estoy en la recta final de El Quijote y eso me entristece porque quisiera que no se acabase nunca. Espero que los cielos me concedan vivir lo suficiente para volver a leerlo tras una breve pausa para desengrasar, pero, de no ser así, me iré ahíto de inteligencia en su forma más pura, el sentido del humor, que no otra cosa es lo que trasciende de todas sus páginas sin perdonar una sola. El caso es que les traigo a colación -no es la primera ni la segunda vez que lo hago en mis blogs- las reflexiones que Don Quijote le hace a Sancho a propósito de la libertad tan pronto como abandonan el castillo de los duques en donde han estado una temporada dando espectáculo -en el fondo Don Quijote y Sancho son una compañía de cómicos de la legua-. Si yo tuviese poder para ello, mandaría gravar en piedra esas reflexiones y las haría colocar en el lugar más visible de las plazas mayores de todas las ciudades y pueblos del país. Transcribo:    

"Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asumpto de sus caballerías, y volviéndose a Sancho le dijo:

—La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertadI así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos, que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

—Con todo eso —dijo Sancho— que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se quede sin agradecimiento de nuestra parte docientos escudos de oro que en una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como píctima y confortativo la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere, que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen."

Sancho va feliz con la paguita que le han dado los condes; no se le alcanza que se lo ha ganado con creces. Es como cuando toda esta chusma que campea por el mundo hace uso y abuso de todo lo que los Estados proporcionan aparentemente gratis. No se les alcanza a los pobres todo lo que han tenido que pagar y están pagando por ello. Así queda el ser humano cuando le han robado la libertad, con la cabeza hecha un guiñapo. Todas esas fiestas y eventos y centros cívicos y demás mierdas que organiza y proporciona el poder es para el populacho la misma píctima y confortativo que para Sancho han sido los doscientos escudos. Don Quijote, por contra, que se siente individuo, ni siquiera se acuerda del dinero; solo aspira a trascenderse, para lo cual, como primera condición está la de sentirse libre. Trascenderse o no trascenderse, esa es la cuestión. Dejar rastro o no dejarlo. La posteridad juzgará y tus herederos gozarán o padecerán las consecuencias de ese rastro. 

 En fin, da para tanto el asunto de la libertad que mejor será dejarlo para que cada uno extraiga sus propias conclusiones. ¡Allá cada cual con cómo siente su propia realidad! 

    

miércoles, 20 de agosto de 2025

My Rifle, My Pony and Me

Dan Smoot fue un estadounidense que vivió el siglo pasado y se dedicó, mayormente, a aclarar las ideas de la gente. Esto de dedicarse a aclarar las ideas de la gente es un empeño al que vienen dedicándose muchas personas desde la noche de los tiempos. Yo mismo, sin ir más lejos, no pretendo otra cosa cuando hago públicas mis reflexiones mañaneras en este blog. Supongo que todos tenemos en mayor o menor medida esa pretensión, digámosle mesiánica, de iluminar con nuestra luz el mundo por tal de aliviar la confusión que reina en él y que, a la postre, es la causa de tantos sufrimientos. Y ahí es donde está el punto y la fineza de todo este negocio, que nada se presta tanto al embaucamiento como lo de aliviar sufrimientos. El que sufre tiene una tendencia innata a aliviarse escogiendo el camino más fácil que es el que, por lo general, lleva al precipicio. Así es que la historia nos da noticia de notables embaucadores que ofrecieron duros a cuatro pesetas y tuvieron que pasar siglos antes de que fuesen desenmascarados... eso sí, después de haber dejado un rastro de miseria y desolación. Por eso hay que andarse con tanto cuidado con las pretensiones mesiánicas, las propias y las ajenas. 

Pero, bueno, a lo que iba que es lo que dijo el tal Dan Smoot respecto del sistema político que se rige en los EEUU de América: esto no es una democracia, es una república constitucional; conviene saber diferenciar lo que va de la una a la otra porque así será más fácil desenmascarar a los embaucadores. La democracia se apoya en la idea de la igualdad universal; la república constitucional, en la de la libertad individual. Igualdad universal irremediablemente se traduce en tiranía de las mayorías; es, por así decirlo, ponérselo a huevo a los embaucadores. En la república constitucional, por contra, las mayorías no pueden hacer otra cosa que administrar los negocios públicos constriñéndose siempre a los límites que les marca la constitución. Claro que a la constitución se la pueden hacer enmiendas, pero, para ello hacen falta mayorías cualificadas, es decir, la inmensa mayoría, cosa harto difícil de conseguir. 

En realidad, la constitución estadounidense, heredera, como no podía ser menos, de la de Solón, se apoya en los tres principios básicos de la libertad individual: derecho a la vida, a la propiedad privada y a la libertad de expresión. A partir de ahí, ya solo es cuestión de implementar las herramientas para defender de los depredadores esos derechos; fundamentalmente la libre posesión de armas. Muchas veces, sobre todo desde que leí el manifiesto libertario de Rothbard, saqué a colación entre mis contertulios el asunto de la libre posesión de armas como pieza fundamental de la libertad individual. Los más de ellos siempre se mostraron horrorizados ante la idea de tal posibilidad. ¡Fíjate lo que pasa en los EEUU de América!, me dicen. Los pobres siguen embaucados por la propaganda de los depredadores. Claro, antes se dejan matar que ponerse a leer a Rothbard; sencillamente, se les da una higa lo de ser libres o no. Son tan tontos que se sienten seguros en el rebaño, ajenos a la realidad de que el fin de todo rebaño es el matadero. 

Aunque, bien pensado, tampoco es que haga falta leer a Rothbard;  bastaría, supongo, con ver la película Río Bravo y escuchar con atención cuando Dean Martin canta My Rifle, My Pony and Me. 

Purple light in the canyons
That's where I long to be
With my three good companions
Just my rifle, pony and me

(Luz púrpura en los cañones
Ahí es donde quiero estar
Con mis tres buenos compañeros
Justo mi rifle, mi caballo y yo)


martes, 19 de agosto de 2025

De las pasiones

Como quien dice, ya se acabó el verano. Ayer vinieron mis hijas a despedirse; a penas me dedican un rato cuando llegan y otro cuando se van y siempre con la sonrisa puesta. Yo se lo agradezco infinito. Por así decirlo, son unas relaciones paternofiliales civilizadas: yo me preocupo por ellas y ellas se preocupan por sus hijos. Es la cadena biológica que, cuando invierte la dirección, da lugar a todo tipo de patologías. Al respecto, me considero afortunado; vengo de una familia bastante sana en lo que hace al amontonamiento familiar y solo he tenido que seguir la trayectoria que me trazaron mis mayores. En fin, pelillos a la mar. 

El caso es que, ya, por fin, he empezado a cogerle el punto a la partitura de Libertango. Me hablaba el otro día un amigo de la necesidad que tenía de aventuras; coger el coche, o el avión, e irse por ahí al quinto carajo. Sí, te comprendo, le dije; yo siento eso cuando me enfrento con una nueva partitura; es un empeño del que nunca sé cómo voy a salir parado. En cualquier caso siempre me supone un derroche de voluntad que me deja exhausto. Así es como me he ido haciendo con un repertorio con el que entretengo las soledades de los largos atardeceres otoñales; en vez de recordar viajes al quinto carajo, como es de suponer hará mi amigo, yo cojo la guitarra y dejo vagar la imaginación por el mar de notas que tengo dentro de la cabeza. 

Por cierto, que el otro día me topé con un video del insigne Boadella. En tono pausado explicaba que, mientras la gente andaba de vacaciones, él estaba montando una zarzuela. A mí lo que me divierte es trabajar. La gente se cree que ir por ahí, a los confines del mundo, es el gran privilegio de la época que nos ha tocado vivir; no se dan cuenta de que el verdadero privilegio es estar en casa. Lo que pasa es que como andan todo el día por ahí, gastando dinero, no ahorran para poder comprarse una casa en la que estar a gusto. En realidad, unos de los motores que les impulsa a irse por ahí es el vivir en una casa en la que no se sienten a gusto. Andando por ahí se pierde dinero y tiempo. No aprendes a centrate en algo de sustancia. Sin saber centrarte en algo de sustancia te conviertes en un un vampiro que se pasa el día esperando a que anochezca para ponerse las alas y salir por la ventana a la búsqueda de yugulares. 

Claro que lo de la buena casa que dice Boadella es algo muy subjetivo. Porque Pessoa dice lo mismo respecto de lo de ir por ahí a buscar aventuras y vivía en un cuartucho de la Baja lisboeta. El secreto es que tenía una pasión que le mantenía en estado perpetuo de aventura. Lo mismo que a Boadella le pasa con el teatro, le pasaba a Pessoa con la escritura. 

En fin, el caso es no vampirizar ni ser vampirizado y, para eso, nada como tener una pasión que te retiene en casa, ya sea la casa una mansión en el Ampurdán o un cuartucho en la Baja lisboeta.  

lunes, 18 de agosto de 2025

Resiliencia

 


Ayer, la mañana estaba fresca y la ciudad desierta, así que decidí dar un garbeo por ahí. Por unas escaleras mecánicas subí al Alta, la calle que atraviesa la cima de la colina que vendría a ser la espina dorsal de la península que es Santander. Cuando era chaval transité mucho por esa calle porque allí estaban los dos colegios en los que hice el bachillerato y, también, los dos a los que fueron mis hermanas. En aquel tiempo, a parte de los colegios, estaba allí el cuartel que albergaba al regimiento Valencia, el observatorio meteorológico municipal y una fábrica de curtidos. El resto de la calle eran palacetes, en uno de los cuales pasaba consulta Don Honorato, un brujo formdo en Cuba, que no daba abasto para atender a su numerosa clientela. También había algún pequeño grupo de casuchas miserables y, en la vertiente norte de la colina, bastantes prados en los que pacían vacas y algún caballo; se comía mucha carne de caballo por entonces. Lo de ahora, setenta años después, como es lógico, nada que ver; ha desaparecido el cuartel, algún colegio, la fábrica de curtidos y la mayoría de los palacetes. Los grupos de casuchas resisten agazapados entre los bloques de pisos y, los mejores palacetes, ¡oh, maravilla!, han resistido. ¿Saben cómo? Apuesto a que ya lo han adivinado. ¡Pues claro que sí, hombre, a cargo del erario público! ¿Qué sería de nosotros sin el manto protector de ese erario?

El antiguo centro meteorológico es ahora un centro cívico, para la inclusión, igualdad y resiliencia. Le sigue un depósito de agua. A continuación, el conservatorio de música Jesús de Monasterio. Luego viene otro tinglado que es el del cartel que les muestro en la foto: "centro de apoyo a los cuidados a lo largo del ciclo vital en el marco del plan de recuperación, transformación y resilencia"... el caso es que tengamos resiliencia hasta en la sopa. A continuación, viene otro conservatorio de música, el Ataulfo Argenta en este caso. Le sigue otro palacete dedicado a que bailen los jubilados los fines de semana y cosas por el estilo. Lo bueno de todo ello es que con tanto palacete los perros de la vecindad tienen todos los arboles que quieren para mear y césped para cagar. Debía ser la hora de sacar al perro cuando pasaba yo por allí porque no había otra cosa en la calle que gente paseando el perro. 

No se crean que acaba ahí la cosa; a continuación del palacete de los jubiletas viene el colegio de los Salesianos en el que cumplí condena un par de años durante mi atribulada adolescencia. Y, unos metros más allá, un lujoso edificio de nueva planta que alberga parte de las oficinas administrativas de la comunidad. Es imposible llevar la cuenta de todos los edificios que hay esparcidos por la ciudad dedicados a las tareas administrativas de la comunidad.  

El caso es que viendo lo que veo, cada día que pasa creo más en el milagro de los panes y los peces. De dónde sale el dinero para mantener todas esas instalaciones llenas de burócratas con sustanciosos sueldos. En la ciudad hay un par de fábricas metalúrgicas, unos cuantos barcos pesqueros, empresas que arreglan fachadas y, last but not less, la vasta red de instalaciones hosteleras; el resto, es todo resiliencia burocrática, por así decirlo.  

Para mi la resiliencia es lo contrario de la compliance. La compliance es lo que se estira un cuerpo elástico al que se aplica una fuerza. Resiliencia es la capacidad que tiene un cuerpo elástico estirado de volver a su posición inicial -facil de entender para cualquiera que de niño haya fabricado tiragomas-. Estos términos yo los empleba mucho cuando me dedicaba a estudiar el funcionamiento de los pulmones que, al fin y al cabo, son cuerpos elásticos. Y qué lejos estaba yo entonces de sospechar que, cincuenta años después, la palabra resiliencia se iba a convertir en la metáfora perfecta de las sociedades que viven del cuento, o sea, mayormente funcionariales. Funcionariales, es decir, que funcionan, o hacen funcionar, porque donde hay funcionarios inmediatamente surgen alrededor los bares en los desayunan los funcioarios... en fin todo es una rueda... y sobre todo un milagro.    

domingo, 17 de agosto de 2025

Divagaciones dominicales

Supongo que será a causa del agalbanamiento veraniego del espíritu el que tenga medio atragantada la partitura de Libertango. Es una versión diferente de la que ya casi dominaba hace un año. Todas las piezas musicales están sujetas a la subjetividad, valga la aliteración, del interprete, pero, en unas, mucho más que otras. No es lo mismo la Cavatina de Stanley Myers, en la que es difícil desviarse del patrón original, que cualquier pieza de Piazzola con las que se podría decir que cada interprete hace de su capa un sayo, por más que el sabor de su melodía es tan intenso que la hace inconfundible la toque quien la toque, de la manera que la toque. 

 En general, pienso, he ido por la vida bastante por libre, pero en el terreno de la música nunca he podido, por así decirlo, soltarme la melena. Como no estoy dotado tengo que adaptarme a las partituras como quien se agarra a una tabla de salvación. Veo, por poner un ejemplo, a Yamandu Costa interpretar, con su mujer Elodie Bouny, Helping Hands de Sergio Assad. Es un espectáculo irrepetible. Elodie, virtuosa donde las haya, se atiene rigurosamente a la partitura y Yamandu, sin perder un instante el hilo argumental, la sigue a su bola. Claro, hay que tener en cuenta que Yamandu nació en una familia de músicos de la legua, siempre en el carromato de pueblo en pueblo, con toda la familia a cuestas, persiguiendo las fiestas: mamó la música, para que nos entendamos, y el resto de su vida no necesito esforzarse mucho para pensar musicalmente; le das dos notas e instintivamente crea una sinfonía. 

Si bien lo consideramos, lo de Yamandu, no tiene gran mérito. Para mérito el mío, que sé que soy un zote e insisto en tirar hacia delante. Sé lo que es esto por experiencia propia, porque seguí el oficio de mi padre y pude darme cuenta de que, sin partirme la cabeza, aventajaba en habilidades a la mayoría de mis colegas que, por así decirlo, eran neófitos. Son las cosas de la biología que la especie humana se empeña en doblegar y a veces lo consigue; desde luego que no es mi caso con la música. Pero, ya digo, insisto, que es de lo que se trata so pena de haber pasado ya a la otra vida sin haberse dado cuenta. 

En cualquier caso, la música, como todas las artes, supongo, sirve de metáfora para todo lo humano. Si estás dotado puedes ir por libre; si no lo estás, solo sobrevives por medio de la obediencia. Y, si no, ¿por qué se creen que hay tanta obediencia en el mundo? No se engañen al respecto, porque los dioses son muy avaros a la hora de repartir dones. Aunque, también se dice, que Dios, donde quita, pone: te quita inteligencia y te da voluntad... aunque no siempre es el caso. Quizá casi nunca lo sea. 

sábado, 16 de agosto de 2025

Esperando a Pelayo

Como les iba contando estos días pasados, ando medio enfrascado en los romances que hacen referencia a la invasión musulmana de la Península Ibérica. Una vez más se cumple aquel precepto que hizo famoso la película "El hombre que mató a Liberty Wallace: si la leyenda es mejor que la realidad, nos quedamos con la leyenda. Supongo que el noventa y nueve con nueve de toda la historia que hemos estudiado en la escuela está contaminada por ese precepto. Al final, resulta que estamos llamando historia a lo que solo es literatura en su versión propaganda. Bueno, quizá la literatura no pueda tener otra versión que no sea la de la propaganda; siempre, detrás de toda creación subyace un deseo, o necesidad, de convencer de la bondad de una idea. 

Esa obsesión, que ya nos viene de Homero, de contar la historia por medio de leyendas no es algo que sea así porque sí; Homero se montó todo lo de Helena, Briseida y demás coños prodigiosos porque había que convencer -los coños siempre convencen- a los griegos de que exterminar a un pueblo por tal de dominar un paso clave para las rutas comerciales estaba plenamente justificado. La leyenda es, por así decirlo, una parábola: tiene sus enseñanzas morales. Si te saltas las leyes no escritas del cielo -robarle la mujer al prójimo, en este caso- es inevitable que el cielo se tome la justicia por su mano. Así, el exterminio de los troyanos fue justicia divina que utilizó a los griegos como herramienta. 

Con lo de la invasión musulmana de España estamos en las mismas: otro coño prodigioso, La Cava, para disfrazar de justicia divina una realidad poco edificante, la de una sociedad decadente, degenerada moralmente, consecuencia de lo cual se había ido vaciando el territorio. Es muy probable que cuando Tariq pasó el Estrecho con sus tropas, ayudado o no por el conde Don Julián, ya hubiese muchos musulmanes establecidos por la cuenca del Guadalquivir. Así que todo lo de La Cava, su padre el conde don Julián, el corrupto rey Rodrigo, y demás, no es más que la leyenda en forma de parábola para que el pueblo llano entienda con facilidad que la justicia divina es implacable, es decir, que el que la hace la paga. 

Y en esas es en las que estamos. Un pueblo degenerado que no quiere tener hijos se pasa el día llorando porque nos vuelven a invadir los moros. ¡Pues qué esperaban! Hay que ser muy tonto para no comprender que todo vacío es un polo de atracción. Y es que, además, el no tener hijos trae aparejado el abandono... ¿por quién vas a luchar? Para cuatro días que voy a estar aquí no merece la pena molestarse por nada ni por nadie. Un mundo, éste, lleno de Cavas, Rodrigos y Don Julianes. Y, de momento, a un Pelayo, ni se le ve, ni se le espera. Y menos mal que aquí, en la Cornisa Cantábrica, seguimos jugando a los bolos. Algo es algo... reserva espiritual.        

viernes, 15 de agosto de 2025

Minas caninas

Uno va por la calle tranquilamente, pero, eso sí, con un ojo siempre puesto en el suelo no vaya a ser que pises una mina canina. Por qué, me pregunto cada vez que veo una de esas minas, el dueño del perro ha hecho caso omiso de esa campaña institucional que ha llenado la ciudad de carteles instando a recoger esas minas y arrojarlas a una papelera. No encuentro otra explicación que el ejercicio de la maldad como búsqueda de consuelo por parte de aquel que vive carcomido por la desesperación. 

Pero, ¿por qué esa carcoma? Es gente que, aparentemente, tiene todas las necesidades de primer orden e infinidad de las de segundo -como tener perro- cubiertas. Sin embargo, es evidente que algo vital les falta. ¿Qué es lo que puede ser? Por más que me lo pregunto no encuentro otra razón que la del trastorno biológico: su glándula pineal, o cualquier otra glándula, se queda corta en la fabricación de cualquier sustancia esencial para el equilibrio psíquico. Es como si, sin una cantidad suficiente de esa sustancia, se diese una sensación de vacío insoportable que empuja al que lo padece a buscar alivio en la propagación de su mal... buscando el consuelo de los tontos. 

Ahora bien, ¿por qué esa glándula no fabrica la cantidad necesaria de sustancia equilibradora? Es por el querer de los cielos o por algún desequilibrio medioambiental inducido por la conducta humana. ¿Por qué hay lugares en el mundo en los que no hay, por poner un ejemplo, tantas cagadas de perro por las aceras? ¿Es que, acaso, no hay tanta gente en esos sitios acuciada por la necesidad de joder al prójimo? ¿Es que, por ventura, se respira mejor aire en esos sitios? ¿O es, simplemente, que en esos sitios la gente se dedicó a evitar las conductas humanas que envenenan los espíritus? Porque esa debe ser la cuestión fundamental, el envenenamiento de los espíritus por medio de conductas que contravienen las leyes no escritas del cielo. No puede ser que Dios se quede indiferente ante la gente que se dedica a adorar a los perros. Sabemos desde la noche de los tiempos que no hay nada que más le fastidie que la idolatría. Es muy exigente al respecto y, al que se salta el precepto, de inmediato le jode la glándula de marras y le hace vivir con ese vacío insoportable. Bueno, no es más que una conjetura, pero no me negarán que tiene algo de plausible, o sea, que no es tan disparatada. 

 Claro, el problema se complica cuando, en la búsqueda de consuelo, se pasa de dejar cagadas en las aceras a eliminar físicamente a los vecinos, que es en lo que está el mundo, ha estado siempre y, supongo, estará por los siglos de los siglos. Y es que no hay forma de escapar a la maldición que arrastramos como especie, la del vacío existencial. Sencillamente: estamos mal hechos y sin reparación posible. No nos queda otra opción que la de caminar siempre mirando al suelo so pena de pisar una mina canina. 

jueves, 14 de agosto de 2025

Hamburguesas

 


La reportera le dice a la señora: Señora, ¿no cree usted que no debiera comer hamburguesas? La señora responde: mi padre vivió ciento veinte años. La reportera: ¿comiendo hamburguesas? La señora: ¡no! No metiéndose en la vida de nadie. 

De lejos se ve en la foto que la escena es un pueblo castellano. Son pueblos que destilan una sabiduría milenaria. Me he cansado de recorrerlos en bicicleta conversando lo justo con la gente. Por la mañana, los viejos esperan a que Caronte les pase al otro lado libando en silencio orujos en la taberna. Los domingos acuden todos a misa mayor; a la salida hacen corrillos para hablar de la marcha de las cosechas. Las autoridades municipales esperan a que salga el cura para acompañarle hasta su casa hablando del tiempo. En septiembre, cuando ya todo haya pasado, organizarán una romería para que los mozos y las mozas de los contornos tengan oportunidad de intimar. A continuación, empezará la siembra para cerrar el ciclo. 

Este vídeo de la vieja sabia que me acaba de mandar un amigo palentino me ha traído a las mientes los pasajes de El Quijote en los que Sancho anda en funciones de gobernador. Sin duda, Cervantes ha querido señalarnos en esos pasajes que el sentido común no es algo que se aprende en las universidades. Más bien es cosa de la soledad de los campos que invita al reencuentro con uno mismo. No hay nada que enseñe tanto como la perspectiva de los horizontes lejanos; uno, así, ve de muy lejos al enemigo que viene y puede tomarse con calma su defensa. Sancho, mientras cuida cabras, ha tenido mucho tiempo para rumiar las Sagradas Escrituras que escucha recitar al cura en la misa de los domingos. Y ha sacado sus particulares conclusiones. Así es como ha llegado a tener un pensamiento puramente matemático: utiliza los refranes como si fueran teoremas. Así, de teorema en teorema no hay problema que se le resista.

Pues sí, señoras y señores, en ese video está toda la sabiduría que se necesita para vivir ciento veinte años. Hacer lo que te dé la gana a condición de no tocar los cojones a nadie ni dejar que te los toquen... es la filosofía que tan bien ha entendido en nuestros días el ínclito Clint Estwood, que no  otro es el motivo de que concite tantas simpatías por doquier.  

miércoles, 13 de agosto de 2025

Apetito de vida

El afán de novedad es uno más de entre los engañosos motores que mueven la economía mundo. Nos pasamos la vida persiguiendo la novedad como si de su hallazgo dependiera nuestra liberación de las penas del infierno que supone la ociosidad a la que estamos condenados por haber robado tanto fuego a los dioses. A veces la necesidad me lleva al centro de la ciudad y veo a esas ingentes masas de turistas estirando el cuello en busca de la novedad liberadora. ¿Qué de nuevo pensarán encontrar estos tipos en un lugar tan anodino como Santander? Al final todos acaban en Los Cien Montaditos comiendo platos gigantescos de patatas fritas y bebiendo cañones que son vasos enormes repletos de cerveza. Esa es su gran novedad y por la que les ha merecido la pena hacer tantos kilómetros. Que nadie se engañe al respecto, todos los lugares son anodinos, es decir más de lo mismo. 

La novedad, claro está, existe; concretamente está dentro de nosotros si es que la sabemos buscar, que no es fácil. por cierto, porque su hallazgo está ligado al sacrificio. Con sacrificio descubres el milagro, o la belleza, que hay en las pequeñas cosas que te rodean y, entonces, sientes una satisfacción pasajera que te ayuda seguir tirando hacia delante. Así todo, por mucho que te sacrifiques y muy bien que hayas aprendido a buscar, el paso del tiempo no perdona; llega un momento en la vida en el que estás condenado, si es que así se puede decir, a la sensación de que ya lo viste todo... todo es repetición; entonces es, quizá, eso que alguno llamó saciedad de vida. 

Les confieso que en muchos momentos tengo esa sensación de saciedad... que también es de abandono. Pero entonces alargo el brazo y agarro la guitarra. ¡Leches, ya me empieza a sonar esto! ¡Esto sí que es novedad! Y noto como si se me estuviera abriendo el apetito de vida. Sí, that is the cuestion, tener o no tener apetito de vida. Llamémoslo también, ganas de sacrificio: aprender una nueva partitura y cosas así.  

En fin, Pilarín, allá cada cual con sus intentos de esquivar la saciedad que, a algunos, quizá la mayoría, les llega a edades muy tempranas... no por otro motivo es que veamos por ahí tantas pulsiones suicidas -perdonen el pleonasmo-; si ya estoy saciado, agarro un avión y, so capa de búsqueda de novedad, me voy al quinto coño que seguro que allí también hay un Cien Montaditos donde atiborrarse de patatas fritas y cerveza.

martes, 12 de agosto de 2025

Rodrigos

Estamos atravesando una ola de calor para ricos; aquí siempre vinieron a veranear los ricos porque calor quiere decir pasar de los veintidós o veintitrés grados habituales a los veintiséis o veintisiete. Con todo ello, como todo es relativo y el hombre es animal de costumbres, con la presente subida ando un tanto agalbanado, es decir, con tendencia a la clinoposición en su variedad decúbito supino... tumbado en el sofá, para que nos entendamos. Así es que, para matarla ya de una vez por todas, agarro un libro maravilloso que me dejó en herencia mi madre y me pongo a leerlo en voz alta. Se trata de una recopilación de romances editado por Aguilar en el año treinta del siglo pasado, encuadernado en piel, con papel biblia y pan de oro en el canto. Ayer me estuve entreteniendo con las vicisitudes de La Cava y el Rey Rodrigo.

Y entonces me puse a pensar que la historia de España se dilucida entre dos Rodrigos que vendrían a representar, el uno, los pecados capitales y, el otro, las virtudes cardinales. Vamos, como si se tratase de un Mr. Hyde y un Dr. Yekyll. Bien sure, que por el medio de los pecados capitales siempre tiene que haber una mujer; como en lo de Troya. La Cava en un caso y Helena en otro. Si no hubiera habido una mujer por medio, ni Troya se hubiera perdido, ni los moros hubiesen invadido España. Pero estaba escrito y nada pueden los humanos contra las leyes del cielo. Con razón decía Sancho Panza: "la doncella honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la mujer y la gallina por andar se pierden aína; y la que es deseosa de ver también tiene deseo de ser vista. No digo más."

El caso es ese, que, si La Cava no hubiera andado midiéndose las piernas con un listón en el jardín haciendo caso omiso de las celosías de palacio...

"De una Torre de palacio 

se salió por un postigo

La Cava con sus doncellas

con gran gusto y regocijo.

Metiéronse en un jardín

cerca de un famoso humbrío

 de jazmines y arrayanes

 de pámpanos y racimos.

Sentadas a la redonda

La cava a todas las dijo

que se midiesen las piernas

con un listón amarillo.

Midiéronse las doncellas,

La Cava lo mismo hizo,

y en blancura y lo demás

grandes ventajas les hizo.

Pensó La Cava estar sola;

pero la ventura quiso

que por una celosía

mirase el rey Don Rodrigo."


¿Ustedes creen de verdad que La Cava pensó estar sola? Como sostiene Sancho, la que es deseosa de ver también lo es de ser vista. Y es que si hay una ley de la naturaleza que no falla, esa es, que el, y sobre todo la, que tiene algo sobresaliente se muere por exhibirlo. La Cava sabía que tenía unas piernas bonitas y quería que todo el mundo se enterase; eso, pensaba con razón, le podía dar una ventaja biológica a la hora de transmitir sus genes. En fin, la cosa no hubiese pasado a mayores si el rey Rodrigo no hubiera sido un tanto rijoso. Como les decía el otro día, es lo que tiene la ociosidad descuidada, que saca de quicio las almas y luego pasa lo que pasa. ¿Qué hacía un rey espiando por las celosías? No es propio, desde luego. 

Compárenlo con el otro Rodrigo, el de Vivar. Para empezar, mata al padre de Jimena, que es como debe empezar cualquier relación hombre/mujer con visos de llegar a buen puerto. Valentía, prudencia, templanza y, Jimena, la pata quebrada y encerrada en un convento para que ni vea ni sea vista. ¡Como tiene que ser!

Rodrigos: el uno la hundió y el otro la sacó a flote. A España, quiero decir.  

lunes, 11 de agosto de 2025

Obviedades

 


Sí, todos ustedes están equivocados

En este caso se trata de la farsa palestina porque es la que más de moda está, pero el modelo sirve para otro millón de equívocos que señorean el mundo dando por el saco bien dado a cualquiera que tenga el vicio de pensar por sí mismo. 

Toda esa mentira sobre el efecto benéfico de los perros. Está archidemostrado que son una máquina de producir problemas sanitarios de todo tipo. Los propietarios de mascotas están en su mayoría infestados de parásitos con el consiguiente ir y venir a los centros sanitarios a hacerse pruebas diagnósticas. Lo mismo que los parques en los que ya no te puedes tumbar en la yerba porque está llena de garrapatas gracias a ese entrañable mejor amigo del hombre. Por no hablar de esas patologías mentales que se cristalizan en unos afectos desmesurados hacia las mascotas: por el muelle del Pesquero ya hay más cochecitos para llevar perros que para llevar niños. Sí, los perros, son un problema mayor que algún día habrá que mirar de frente. 

Y luego está eso del turismo; al respecto hay un vídeo de Boadella, colgado en las redes, que deja el asunto niquelado. Yendo por ahí no se ve nada de particular que no puedas ver mil veces mejor en tu casa en una pantalla de alta definición, y eso, sin necesidad de contribuir al gigantesco deterioro medioambiental que produce el que miles de millones de personas paseen por el mundo su angustia, ansiedad o, simplemente, su aburrimiento de cadáver viviente. Pero es que, además, yendo de acá para allá, o sea, malgastando su dinero, se verán privados de una de las posibilidades más liberadoras, es decir, el tener una casa en la que poder sentirse a gusto. El que se siente a gusto en su casa es el que, por lo general, crea cosas que contribuyen a mejorar la vida sobre el planeta. 

¿Y qué me dicen ustedes de toda esa bazofia que llaman cultura y que no es más que entretenimiento, trufado de adoctrinamiento, para chachas? Nada habría que objetar si no se hiciese a cargo de los presupuestos del Estado. A cuánto por barba nos sale ese simulacro de cultura. No creo que haya nada más perverso y demoledor que el hecho de que sea el Estado el principal proveedor de entretenimiento. De entretenimiento gratis, bien sure, ¡cómo si eso fuese posible! 

Y, last but not lest, por no cansar con más obviedades, los templos de la socialización y la empatía, las dos palabras mágicas del marxismo cultural; me estoy refiriendo a los bares, al ser posible con terraza. Cuando yo era niño, la gente que iba a los bares con la misma frecuencia con la que va hoy día prácticamente todo el mundo, eran considerados los desastres del pueblo o del barrio... en el que yo pase la niñez, había uno de esos al que llamábamos Curculio -gorgojo-, hijo de un indiano, al que no paraba de crecerle la nariz al mismo ritmo que le decrecía la riqueza. Porque esa es la cuestión, que, socializar y empatizar a diario, empobrece en todos los aspectos, pero sobre todo en el mental. Ya digo, Curculio, gorgojo, aquel personaje tan gracioso de Plauto. Por cierto, que el gorgojo es un insecto que parasita las legumbres hasta destruirlas por completo. 

En fin, allá cada cual, pero que nadie me venga después haciéndose la víctima, porque advertidos estaremos todos a nada que no diluyamos nuestra atención en la vorágine de la información interesada... la información para chachas, que le dicen.   

domingo, 10 de agosto de 2025

Dioses caídos

 El primer mono que se bajó del árbol y tomó conciencia de que el tiempo pasaba y que era finito para él, sintió horror y para aliviarse inventó a los dioses, unos seres inmortales, ubicuos y omniscientes; a partir de ahí, todo su empeño fue, ya, ser como ellos. Y en eso es en lo que ha estado todos estos siglos con los resultados de todos conocidos: para unos ya casi podemos tratarlos de tú a tú y, para otros, estamos a la misma distancia que estábamos en la noche de los tiempos. 

Veía ayer el título de un vídeo en el que se aseguraba que los chinos habían construido una vía férrea en la que los trenes van a mil kilómetros por hora. Es la obsesión de la ubicuidad; trasladarse instantáneamente de un sitio a otro... para salvar una vida, supongo, porque, de no ser así, ya me dirán ustedes qué sentido tiene tanto riesgo. A lo largo de los años he visto evolucionar los trenes, desde aquel de vapor que nos llevó a Valladolid a examinarnos del preuniversitario -10 horas para 250 kilómetros- a estos eléctricos que apenas tardan tres horas. Hemos avanzado mucho, desde luego, pero respecto de la ubicuidad, lo que en términos matemáticos sería el equivalente al infinito, no nos hemos movido... ni nunca nos moveremos.  

Respecto de la omnisciencia, la cosa es todavía más peliaguda. Es como una maldición tantálica: cuando más te esfuerzas por saber mayor conciencia vas adquiriendo de que no sabes nada. Todo lo esencial se nos escapa. Siempre estamos en las mismas, carcomidos por la ignorancia... y por el dolor que nos produce la contemplación del bien ajeno. Entonces la gente va e inventa el socialismo en un intento de aliviarse y todo es inútil, cuando no peor, porque al dolor hay que añadir el hambre. Así, cada vez nos vemos más alejados de nuestro empeño con el consiguiente aumento del dolor. 

Respecto de la inmortalidad, ya, ni te digo: dan risa todos esos científicos que dicen estar a un paso de la fórmula mágica. Y también la dan todos esos, y sobre todo todas esas, que se esfuerzan en ocultar sus arrugas. ¡Qué inocencia! Como dice Celestina, ¿quién, cuando está al final de una jornada de camino, si le preguntan si quiere volver al inicio, va a decir que sí? Si de verdad has vivido, sentirás saciedad de vida y lo que querrás será descansar. La inmortalidad, en cualquier caso, sería una tortura. 

En fin, perdonen, es que lo del tren de los chinos me puso metafísico.