miércoles, 20 de agosto de 2025

My Rifle, My Pony and Me

Dan Smoot fue un estadounidense que vivió el siglo pasado y se dedicó, mayormente, a aclarar las ideas de la gente. Esto de dedicarse a aclarar las ideas de la gente es un empeño al que vienen dedicándose muchas personas desde la noche de los tiempos. Yo mismo, sin ir más lejos, no pretendo otra cosa cuando hago públicas mis reflexiones mañaneras en este blog. Supongo que todos tenemos en mayor o menor medida esa pretensión, digámosle mesiánica, de iluminar con nuestra luz el mundo por tal de aliviar la confusión que reina en él y que, a la postre, es la causa de tantos sufrimientos. Y ahí es donde está el punto y la fineza de todo este negocio, que nada se presta tanto al embaucamiento como lo de aliviar sufrimientos. El que sufre tiene una tendencia innata a aliviarse escogiendo el camino más fácil que es el que, por lo general, lleva al precipicio. Así es que la historia nos da noticia de notables embaucadores que ofrecieron duros a cuatro pesetas y tuvieron que pasar siglos antes de que fuesen desenmascarados... eso sí, después de haber dejado un rastro de miseria y desolación. Por eso hay que andarse con tanto cuidado con las pretensiones mesiánicas, las propias y las ajenas. 

Pero, bueno, a lo que iba que es lo que dijo el tal Dan Smoot respecto del sistema político que se rige en los EEUU de América: esto no es una democracia, es una república constitucional; conviene saber diferenciar lo que va de la una a la otra porque así será más fácil desenmascarar a los embaucadores. La democracia se apoya en la idea de la igualdad universal; la república constitucional, en la de la libertad individual. Igualdad universal irremediablemente se traduce en tiranía de las mayorías; es, por así decirlo, ponérselo a huevo a los embaucadores. En la república constitucional, por contra, las mayorías no pueden hacer otra cosa que administrar los negocios públicos constriñéndose siempre a los límites que les marca la constitución. Claro que a la constitución se la pueden hacer enmiendas, pero, para ello hacen falta mayorías cualificadas, es decir, la inmensa mayoría, cosa harto difícil de conseguir. 

En realidad, la constitución estadounidense, heredera, como no podía ser menos, de la de Solón, se apoya en los tres principios básicos de la libertad individual: derecho a la vida, a la propiedad privada y a la libertad de expresión. A partir de ahí, ya solo es cuestión de implementar las herramientas para defender de los depredadores esos derechos; fundamentalmente la libre posesión de armas. Muchas veces, sobre todo desde que leí el manifiesto libertario de Rothbard, saqué a colación entre mis contertulios el asunto de la libre posesión de armas como pieza fundamental de la libertad individual. Los más de ellos siempre se mostraron horrorizados ante la idea de tal posibilidad. ¡Fíjate lo que pasa en los EEUU de América!, me dicen. Los pobres siguen embaucados por la propaganda de los depredadores. Claro, antes se dejan matar que ponerse a leer a Rothbard; sencillamente, se les da una higa lo de ser libres o no. Son tan tontos que se sienten seguros en el rebaño, ajenos a la realidad de que el fin de todo rebaño es el matadero. 

Aunque, bien pensado, tampoco es que haga falta leer a Rothbard;  bastaría, supongo, con ver la película Río Bravo y escuchar con atención cuando Dean Martin canta My Rifle, My Pony and Me. 

Purple light in the canyons
That's where I long to be
With my three good companions
Just my rifle, pony and me

(Luz púrpura en los cañones
Ahí es donde quiero estar
Con mis tres buenos compañeros
Justo mi rifle, mi caballo y yo)


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