Esta mafia de políticos demoníacos que gobierna el mundo es tan ignorante que ha dado en el peor de los pecados, el creerse dioses, que no por otra causa es que los verdaderos dioses nos estén arrojando a todos a los infiernos: no hay más que darse una vuelta por el centro de una estación balnearia una tarde de agosto para darse cuenta de que ya estamos en ellos; todas esas masas ansiosas en busca de una diversión imposible... ¡cómo se va a divertir el que está ahíto de diversión! Toda la economía de la ciudad gira alrededor de ese imposible metafísico. Pero este es otro tema diferente del que hoy quiero tratar.
El caso es que estos gobernantes demoníacos tienen puesto todo su empeño en ocultar las consecuencias nefastas de aquella ocurrencia de hace cuatro años, la vacunación de marras. Y la más sangrante de esas consecuencias, de las que el populacho no quiere ni oír hablar, por más que no se las puede sacar de la cabeza, es, sin lugar a dudas, las repercusiones sobre la fertilidad. Ha disminuido de tal modo el número de embarazos y aumentado el de abortos indeseados que, en países como China, por más que lo intenten con todo tipo de ingenierías sociales, no consiguen subir la tasa de reposición del 1,1, es decir, justo la mitad de lo que es necesario para mantener el equilibrio demográfico. De hecho, cada vez son más frecuentes las informaciones que nos llegan acerca de las cifras reales de la población china, por supuesto, muy alejadas de las oficiales: los mil cuatrocientos millones, que dicen, muy bien podrían andar rondando los setecientos, y en caída libre.
Y en esas estando, no se les ocurre a esos demonios mejor remedio que ponerse a imitar aquella ficción que se hiciera famosa el siglo pasado con el título de "This brave new world", "Un mundo feliz ", en español. Por lo visto, el gobierno chino está invirtiendo cantidades millonarias en conseguir úteros artificiales que suplanten a los averiados de las mujeres chinas. Me imagino que no tardaremos en conocer la respuesta que dan los dioses a tamaño pecado de soberbia.
Soberbia sobre soberbia, al final acabamos todos en una estación balnearia, es decir, en el infierno que siempre es toda ficción de paraíso. Con lo fácil que sería apearse del burro y volver a por donde solíamos, o sea, al sacrificar a los dioses para ganarnos su benevolencia. Y, seguramente, no hay sacrificio que más agrade a los dioses que el de tener hijos. Por eso es, quizá, que se diga que siempre vienen con un pan debajo del brazo. Los hijos te dan la vida y, también, te la quitan. Quizá no haya forma mejor de entender esta realidad incontestable que agarrar la guitarra y ponerse a tocar la Lágrima de Tárrega. Es imposible concebir mayor desgarro del alma causado por la pérdida de una hija. Un lamento terrible. ¡Tanto sacrificio tirado por la borda! A la fuerza tiene que ser una venganza de los dioses... o una puesta a prueba. No sé, pero, en cualquier caso, no creo que los hipotéticos hijos salidos de úteros artificiales vayan a suplir esa predisposición al sacrificio que suscitan los hijos naturales. Y es que, nada más sustituible que lo fabricado en serie; si sale mal, se tira y se compra otro.
En cualquier caso, urge deshacerse de estos demonios que nos gobiernan. Hay que desenmascararles sacando a la luz sus mentiras... empezando por la de que son dioses que todo lo pueden. Y siguiendo por poner un letrero bien visible a la entrada de todas las estaciones balnearias que ponga: ¡Ay, de los que entréis aquí, perded toda esperanza!

Había leído algo sobre esto de los chinos. -recuerdo que había un cálculo bastante sencillo, que demostraba la imposibilidad del aumento de población oficial entre 1990 y 2005 , datos oficiales y únicos del Partido Comunista Chino. Los más conspiranoicos cafeteros, le dan menos habitantes que a los USA. Creo que algo debe de haber , cuando suena tanto el río. Como decía un tío mío:" estos chinos son muy taimados"
ResponderEliminarEsa es la cuestión, que con tanta información, al final resulta que no estamos enterados de nada. Es de cajón que si han estado cuarenta años con la política del hijo único la población ha tenido que disminuir de una forma drástica. Lo que está claro es que no pueden vender las casas que construyen. Dicen que es la mayor burbuja inmobiliaria de la historia. Es como todas las que hubo hace quince años juntas. Allá ellos; a mí con que me sigan funcionando los que tengo aquí al lado de casa... frutería y bazar todos los días hasta las doce de la noche.
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