jueves, 7 de agosto de 2025

De genocidios y mariconerías

No es que me interese el asunto en sí porque no es más que más de lo mismo. La campaña sobre el pretendido genocidio de Gaza consiste en ese burdo truco de generar una convicción por medio de la repetición hasta la náusea de una opinión. La única realidad que al respecto podemos conocer es que allí se está llevando a cabo una batalla cultural para dilucidar quienes son los buenos y quienes los malos. De entrada y a corto plazo ya sabemos quién va a ganar esta batalla: por definición, el que no tiene razón. A la larga, no sabemos cuán larga, la verdad se abrirá paso y los equivocados de siempre se llamarán Andana. Si algo nos enseña la historia de la humanidad es que los equivocados que reconocen su equivocación son la excepción a la regla de la garrulería universal. El garrulo, la sostiene y no la enmienda así le vaya la vida en ello. 

Otra historieta que veo que tiene muy entretenida a la chusma es la que hace referencia a las preferencias sexuales del rey Felipe VI. Hay miles de vídeos colgados en las redes que sugieren que es maricón. Más truco del almendruco: nadie necesita aportar pruebas; solo sumarse a la corriente de difamación... difama que algo queda. Claro, este chico empezó mal su andadura al casarse con una plebeya. Eso, también por definición, nunca funciona. A los reyes les pasa como a la Iglesia, que no están aquí para adaptarse a los gustos del pueblo. Es el pueblo el que se tiene que adaptar a las maneras de los reyes y la Iglesia. Si para algo están ahí es para hacer pedagogía de costumbres. Un rey que no se sacrifica en aras de la misión que tiene encomendada es un chisgarabís. ¡A quien se le ocurre colgarse de la primera Circe que le sale al paso! Se ve que el pobre chaval no tuvo acceso a las reflexiones de Teresa Panza sobre con quién se debe casar cada cual. En fin, otra víctima del mito de la modernidad; esa absurda idea de que ahora sabemos mucho más de las cuestiones esenciales de la vida de lo que sabían nuestros lejanos antepasados... esa es una pretensión letal que está en el origen de la mayoría de nuestros problemas. De lo esencial, diría yo, no hemos aprendido nada nuevo desde la noche de los tiempos; de lo accesorio, todo lo que ustedes quieran. Y esa es la gran confusión de nuestros tiempos, tomar lo accesorio por esencial. ¡Que me lo digan a mí que no he parado de estrellarme a lo largo de toda la vida por no haber querido pasar por el aro de lo esencial!

Sea como sea, las cosas siempre vuelven a por donde solían. Esos que se dicen republicanos quizá consigan echar a este rey, lo mismo que la morangada palestina podrá conseguir alguna victoria moral sobre los judíos, pero será todo un espejismo. La monarquía, como los judíos, prevalecerán a la larga. Y no por nada, sino porque ambos son símbolo de verdades incontrovertibles sin las cuales la civilización es inviable. La estructura jerárquica de la familia y el santo temor de Dios, los dos pilares sobre los que se sustenta todo este tinglado. 

En fin, allá cada cual con sus artimañas para tratar de engañarse a sí mismo... la típica ilusión de la que siempre se sale escaldado. Por lo que a mí respecta, bastante tengo con los quebraderos de cabeza que me está dando la partitura de Libertango. ¡Cómo me fastidiaría tener que irme de aquí antes de haber conseguido dominarla mínimamente!                                                                    

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