sábado, 9 de agosto de 2025

Celebración

 Ayer, como era el cumpleaños de María fuimos al Barrio Pesquero a celebrarlo. Entre dimes y diretes nos metimos entre pecho y espalda un machote que no se lo saltaba un torero. Así que, imagínense como estaremos hoy de riboflavonas, omegas-tres y demás bendiciones, de las que ese tipo de pescados, por lo visto, están a rebosar. El caso es que, aquello era lo más parecido a un bacanal. Todos los bajos de la manzana central del barrio están ocupados por restaurantes; quizá entre todos tengan espacio para más de mil comensales, lo cual no es óbice para que un día cualquiera de verano y cualquier fin de semana del año, sea problemático encontrar allí una plaza para comer si previamente no has reservado. Y no se crean que los precios son lo que se dice populares, que los cincuenta euros por menú te caen a nada que te descuides. Sin duda, todo aquello es una bicoca para la economía de la ciudad. Todo, por lo general, es dinero fresco que viene de afuera; comimos rodeados por dos numerosos grupos de franceses. En fin, que las cosas estarán muy mal en Francia, en España y en Europa en general, pero, de momento, el dinero corre que da gusto y la gente parece dispuesta a morir con el estómago lleno de machotes regados con albariños; siempre se dijo que las penas con pan son menos penas. 

Siempre me ha causado aprensión el asunto ese de las celebraciones. Desde muy joven procuré saltarme las más de las que por compromiso social estaba, como quien dice, obligado. Para mí la celebración siempre fue alegría impostada. Estoy convencido de que a Dios nunca le han agradado y, que, como abuses, te lo hace pagar. Siempre recuerdo a aquel pobre desgraciado que iba para artista y, por exceso de celebraciones sin motivo aparente, se quedó en limpiabotas. Así que, no se extrañen ustedes si el mundo actual está lleno de limpiabotas por todas las partes, porque no es posible, desde cualquier punto de vista que se lo considere, que haya motivo para tal cúmulo de celebraciones. La impresión que me da es que se celebra por obligación porque es la única forma que ya nos queda de evitar que el producto interior bruto se desplome. 

En fin, las cosas son como son porque así está dispuesto por los cielos. Así que nada que objetar con tal de que me dejen cumplir mi cuota con un par de celebraciones gastronómicas al año. A partir de ahí, la cosa ya empezaría a hacérseme insoportable. Aunque, si bien lo considero, celebración, lo que se dice celebración, las que intercalo cada día entre mis rutinas: una conversación, un paseo, una comida en el chino de enfrente... en general, el hecho de estar vivo me basta para dar gracias.   

No hay comentarios:

Publicar un comentario