Estamos atravesando una ola de calor para ricos; aquí siempre vinieron a veranear los ricos porque calor quiere decir pasar de los veintidós o veintitrés grados habituales a los veintiséis o veintisiete. Con todo ello, como todo es relativo y el hombre es animal de costumbres, con la presente subida ando un tanto agalbanado, es decir, con tendencia a la clinoposición en su variedad decúbito supino... tumbado en el sofá, para que nos entendamos. Así es que, para matarla ya de una vez por todas, agarro un libro maravilloso que me dejó en herencia mi madre y me pongo a leerlo en voz alta. Se trata de una recopilación de romances editado por Aguilar en el año treinta del siglo pasado, encuadernado en piel, con papel biblia y pan de oro en el canto. Ayer me estuve entreteniendo con las vicisitudes de La Cava y el Rey Rodrigo.
Y entonces me puse a pensar que la historia de España se dilucida entre dos Rodrigos que vendrían a representar, el uno, los pecados capitales y, el otro, las virtudes cardinales. Vamos, como si se tratase de un Mr. Hyde y un Dr. Yekyll. Bien sure, que por el medio de los pecados capitales siempre tiene que haber una mujer; como en lo de Troya. La Cava en un caso y Helena en otro. Si no hubiera habido una mujer por medio, ni Troya se hubiera perdido, ni los moros hubiesen invadido España. Pero estaba escrito y nada pueden los humanos contra las leyes del cielo. Con razón decía Sancho Panza: "la doncella honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la mujer y la gallina por andar se pierden aína; y la que es deseosa de ver también tiene deseo de ser vista. No digo más."
El caso es ese, que, si La Cava no hubiera andado midiéndose las piernas con un listón en el jardín haciendo caso omiso de las celosías de palacio...
"De una Torre de palacio
se salió por un postigo
La Cava con sus doncellas
con gran gusto y regocijo.
Metiéronse en un jardín
cerca de un famoso humbrío
de jazmines y arrayanes
de pámpanos y racimos.
Sentadas a la redonda
La cava a todas las dijo
que se midiesen las piernas
con un listón amarillo.
Midiéronse las doncellas,
La Cava lo mismo hizo,
y en blancura y lo demás
grandes ventajas les hizo.
Pensó La Cava estar sola;
pero la ventura quiso
que por una celosía
mirase el rey Don Rodrigo."
¿Ustedes creen de verdad que La Cava pensó estar sola? Como sostiene Sancho, la que es deseosa de ver también lo es de ser vista. Y es que si hay una ley de la naturaleza que no falla, esa es, que el, y sobre todo la, que tiene algo sobresaliente se muere por exhibirlo. La Cava sabía que tenía unas piernas bonitas y quería que todo el mundo se enterase; eso, pensaba con razón, le podía dar una ventaja biológica a la hora de transmitir sus genes. En fin, la cosa no hubiese pasado a mayores si el rey Rodrigo no hubiera sido un tanto rijoso. Como les decía el otro día, es lo que tiene la ociosidad descuidada, que saca de quicio las almas y luego pasa lo que pasa. ¿Qué hacía un rey espiando por las celosías? No es propio, desde luego.
Compárenlo con el otro Rodrigo, el de Vivar. Para empezar, mata al padre de Jimena, que es como debe empezar cualquier relación hombre/mujer con visos de llegar a buen puerto. Valentía, prudencia, templanza y, Jimena, la pata quebrada y encerrada en un convento para que ni vea ni sea vista. ¡Como tiene que ser!
Rodrigos: el uno la hundió y el otro la sacó a flote. A España, quiero decir.
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