
Convine recordar a los plañideros que babean ante la idea de que el imperio estadounidense ha entrado en barrena que estas cosas no suelen ser de hoy para mañana. El imperio romano estuvo unos cuantos siglos que si me voy que si me quedo y, el español, por poner otro ejemplo, más o menos lo mismo. Así que ya pueden ir limpiándose las babas esos señores porque seguramente ni ellos ni sus tataranietos van a ver ese tan ansiado derrumbe. Los EEUU, hoy por hoy están en la cúspide de su poderío. Y no precisamente por el alcance y precisión de sus misiles sino por los jeans o genes, que no es lo mismo, pero suena lo mismo, de Sydney Sweeney; solo se los tiene abotonar delante de las cámaras para que todo el mundo babee, pero esta vez con fundamento.
Sí, señoras y señores, Sydney ha comenzado esta guerra que se estaba haciendo esperar demasiado con grave deterioro de los espíritus. No se puede vivir tanto tiempo seguido viendo y oyendo imbecilidades sin que te este permitido responder so pena de estrellarte contra un muro de incomprensión. A partir de ahora, vamos a poder decir la nuestra y va a resonar a todo lo largo y ancho del mundo porque llegó la hora de la verdad. Sidney es ahora como Helena fue para los aqueos o Marilyn para los americanos de los años cuarenta del siglo pasado, algo por lo que no importa ir a partirse el pecho a tierras lejanas. Son los auténticos valores eternos: unas buenas tetas y un buen culo; los bastiones que garantizan la supervivencia de la especie.
Y es que, ¡joder!, esto ya ha llegado a un grado de irracionalidad indigerible. Voy a Mercadona tan contento y a la hora de pagar me topo con una cajera, o cajero, que no se puede saber, hormonado, mutilado, o sabe Dios que tipo de barbaridades, y se me parte el corazón. Me niego en redondo a aceptar esa realidad porque es impostada. Es como regresar a aquella barbarie de antaño cuando se hacían lobotomías para corregir las neurosis obsesivas. O aquellas inyecciones intramusculares de esencia de trementina que ponían a los agitados en el hospital en donde hice la especialidad. ¡Qué barbarie, por Dios! ¿Cómo podemos consentir el vivir con eso? Es necesario ir a la guerra; ya no se puede posponer un minuto más.
No se puede postponer un minuto más porque, todo esto del wokismo que dicen, no es más que un nihilismo suicida. Es la negación de la alegría por la vida que emerge, por la belleza, por el culo y las tetas de Sydney... por Afrodita surgiendo de entre la espuma formada por los genitales cercenados de Urano... conviene conocer esas historias.
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