martes, 26 de agosto de 2025

Sin solución posible

 


No hay que saber mucha geometría para darse cuenta de que el triángulo de la foto es un imposible matemático. En un triángulo rectángulo con la hipotenusa como base, por definición, la altura nunca puede ser mayor que la mitad de la base. Es elemental, y, sin embargo, multitud de estudiantes se dejan arrastrar por la simplicidad de la fórmula que hay en el ángulo superior izquierdo de la foto y la cagan sin entender por qué la han cagado. Así son la mayoría de los razonamientos que hacemos en la vida; utilizando premisas falsas llegamos a resultados que nos parecen incontestables y nos estrellamos una vez más. 

Las premisas exactas solo existen en las matemáticas, que no por otro motivo es el que los únicos problemas que tienen solución son los matemáticos. A la solución de los problemas que nos plantea la vida solo te puedes aproximar por tanteo y, por lo general, el tanteo de hoy no te suele servir para mañana. Desgraciadamente, a esta conclusión solo se puede llegar después de haber dejado un rastro de equivocaciones cuyo recuerdo son el dolor de la vejez. Afortunadamente, la sabia naturaleza suele atenuar ese dolor por medio de la perdida de la memoria. En fin, pelillos a la mar. 

Les traigo a colación estas reflexiones a propósito del tema de las drogas. ¿Legalización; no legalización? Mi opinión al respecto, que nunca ha sido convicción, se ha ido balanceando a lo largo de la vida entre las dos opciones en función de las circunstancias del momento. Nunca lo he tenido claro por la sencilla razón de que es imposible tenerlo ya que son tantas las variables que entran en juego que no hay mente humana que pueda poner orden en semejante galimatías. Así es que todas las soluciones que se le dan al problema no hacen más que empeorarlo. 

Lo de las drogas es más viejo que los pedos y, su uso, y sobre todo abuso, tiene que ver con el irreprimible deseo que tiene el hombre de ponerse en contacto con la divinidad -o sea, olvidarte de que te estás muriendo- evitando en lo posible los sacrificios que tal pretensión exige en condiciones normales. En el fondo no es más que un pecado de soberbia y, como tal, un despeñadero a los infiernos por el camino más directo. 

El caso es que yo también caí muchas veces en la trampa de autoconvencerme de que legalizando las drogas se evitaría gran cantidad de los problemas que su uso plantea. Se argumenta que, con la legalización, se les quitaría el valor añadido que las da el riesgo que supone traficar con ellas, con lo cual se disminuiría la ganancia de las mafias que, actualmente es tanta, que ponen y quitan gobiernos a su antojo. Los narcoestados que les dicen. Y no solo es Venezuela, o Cuba, o Colombia, no, es, en mayor o menor medida, por todo el mundo. Aquí en España, ni te digo; ver a un político en el yate de un narcotraficante es algo que, como que, ¡no, es que pasaba por allí! 

Desde luego que lo de las mafias es un problema gordo, pero, al fin y al cabo, problema subsidiario del nudo gordiano que supone la necesidad de evasión de sí mismo que tiene el ser humano cuando no tiene que luchar por su subsistencia. Porque esa es la gran paradoja de la vida, que, fuera de la lucha, la vida es un tormento por la conciencia permanente de que te estás muriendo. La droga no sería más que el intento desesperado de olvidarse de esa conciencia de la misma manera que lo hace la lucha. Es como una cuadratura del círculo. O sea, una imbecilidad... la más humana de todas las imbecilidades posibles. 

No, yo no sé, ni lo sabré nunca, si es mejor o peor legalizar las drogas; lo que sí sé es que estar mano sobre mano es desesperante. Y de un desesperado se puede esperar, valga la rebuznancia, cualquier cosa. Por eso para luchar contra el flagelo de las drogas no creo que haya otra solución que la "bendición del trabajo", el consuelo supremo del olvido de si mismo en la tarea cotidiana, que decía Nietzsche. Por eso es que cuantas más ortopedias se inventen para aliviar las que llaman penas del trabajo, mayor sufrimiento habrá en el mundo y, por tal, mayor consumo de drogas. Bueno, quizá el hecho de que estén prohibidas les da un plus de ilusión de efectividad, porque el asunto es ese, que su efectividad es la más tonta de todas las ilusiones. ¿O no? ¿Ustedes que piensan? 

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