jueves, 14 de agosto de 2025

Hamburguesas

 


La reportera le dice a la señora: Señora, ¿no cree usted que no debiera comer hamburguesas? La señora responde: mi padre vivió ciento veinte años. La reportera: ¿comiendo hamburguesas? La señora: ¡no! No metiéndose en la vida de nadie. 

De lejos se ve en la foto que la escena es un pueblo castellano. Son pueblos que destilan una sabiduría milenaria. Me he cansado de recorrerlos en bicicleta conversando lo justo con la gente. Por la mañana, los viejos esperan a que Caronte les pase al otro lado libando en silencio orujos en la taberna. Los domingos acuden todos a misa mayor; a la salida hacen corrillos para hablar de la marcha de las cosechas. Las autoridades municipales esperan a que salga el cura para acompañarle hasta su casa hablando del tiempo. En septiembre, cuando ya todo haya pasado, organizarán una romería para que los mozos y las mozas de los contornos tengan oportunidad de intimar. A continuación, empezará la siembra para cerrar el ciclo. 

Este vídeo de la vieja sabia que me acaba de mandar un amigo palentino me ha traído a las mientes los pasajes de El Quijote en los que Sancho anda en funciones de gobernador. Sin duda, Cervantes ha querido señalarnos en esos pasajes que el sentido común no es algo que se aprende en las universidades. Más bien es cosa de la soledad de los campos que invita al reencuentro con uno mismo. No hay nada que enseñe tanto como la perspectiva de los horizontes lejanos; uno, así, ve de muy lejos al enemigo que viene y puede tomarse con calma su defensa. Sancho, mientras cuida cabras, ha tenido mucho tiempo para rumiar las Sagradas Escrituras que escucha recitar al cura en la misa de los domingos. Y ha sacado sus particulares conclusiones. Así es como ha llegado a tener un pensamiento puramente matemático: utiliza los refranes como si fueran teoremas. Así, de teorema en teorema no hay problema que se le resista.

Pues sí, señoras y señores, en ese video está toda la sabiduría que se necesita para vivir ciento veinte años. Hacer lo que te dé la gana a condición de no tocar los cojones a nadie ni dejar que te los toquen... es la filosofía que tan bien ha entendido en nuestros días el ínclito Clint Estwood, que no  otro es el motivo de que concite tantas simpatías por doquier.  

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