viernes, 31 de octubre de 2025

Mercaderes en el Templo

Así ha amanecido el rellano de la escalera, discretamente adornado para la ocasión.

Hoy es la víspera de Todos los Santos. Es lo que los anglosajones llaman Halloween, una derivación de All Hallows´Eve (Víspera de Todos los Santos). Hay quien dice que la cosa viene de lejos, de ritos paganos relacionados con el inframundo, y bien pudiera ser porque lo de recordar a los muertos es algo consustancial a la naturaleza humana. A lo largo de la historia hemos ido ideando lugares en los que estarían amontonados todos los que nos precedieron. El Hades, el Erebo, al otro lado del Leteo, el Infierno con sus círculos cada vez más profundos... ya, la primera literatura de que tenemos constancia, el Poema de Gilgamesh, hay una bajada a los infiernos con la intención de rescatar a un ser amado. También Ulises bajó a los infiernos para consultar a Tiresias la manera de poder regresar a Itaca. También Orfeo bajo allí a ver si podía recuperar a Eurídice. Por no hablar del viaje que se pegó Dante por todos los círculos del infierno recreándose en los sufrimientos de todos los indeseables que había conocido en vida. En fin, de historias de muertos hay para dar y tomar. Quizá no sea más que una forma de ahuyentar el miedo a la muerte. ¡Vete tú a saber! 

El caso es que ayer me enteré de que tanto Bukele como Trump, han dado orden de que en sus respectivos países no se celebren los ritos del Halloween por considerarlos ritos satánicos, es decir, una glorificación del mal. Una perversión moral, en definitiva. Una vez más, los mercaderes han tomado el templo y los mesías han agarrado el látigo con la intención de expulsarlos. 

Todo esto me parece muy sintomático de los momentos que estamos viviendo. Poco a poco va tomando fuerza entre sectores cada vez más numerosos de la ciudadanía la idea de que hay demasiados mercaderes en el templo. El mercado, sí, es la madre de la libertad individual, pero, cuando se mete en el templo, todo empieza a pudrirse... que es en lo que estamos, en una pudrición de orden moral que exige la venida de los mesías. Y aquí están ya, dando los primeros palos de ciego: ¡fuera Halloween! ¿Y qué van a hacer ahora los comerciantes con todos esos cachivaches que han colocado en sus escaparates para seducir a la clientela? Y, ¿por qué sí el Halloween y no la Navidad? ¿Acaso no son, tanto el uno como la otra, más que nichos de negocio? ¿Qué quedaría de las Navidades si se limitasen a ir a la Misa del Gallo? 

No hay quién que entienda nada. Que hay una pudrición generalizada, es una impresión muy extendida. Pero, ¿cuándo no hubo pudrición en el mundo? ¿Y cuando no hubo mesías que vinieron a corregirla? ¿Y cuántas veces el remedio no fue peor que la enfermedad? No sé, yo, por si las moscas, me he gastado diez euros en golosinas para no estar desprovisto cuando vengan los niños de la vecindad a lo del "trato o tuco", esa costumbre americana que al menos sirve para que uno tome contacto con los niños del vecindario. Luego me los encuentro por ahí y me dicen: tú nos distes unas frutas de Aragón... los tíos se acuerdan de todo  

jueves, 30 de octubre de 2025

Carne viva

 

Una forma de desenmascarar la catadura moral, y quizá también intelectual, de las personas, es escuchar sus opiniones sobre las redes sociales. Estamos en lo de siempre: cuando no hay conocimiento, el hábito califica, ignorando que debajo de mala capa suele haber buen vividor. Las redes sociales, a mi juicio, son la representación del mundo más elaborada -en carne viva, diría yo- que nunca se conoció. Está todo en ellas y cada cual toma la parte que más le convence, o le apetece, o, simplemente, como suele ser casi todo en la vida, uno cae sobre ello por mero azar... vas por la calle un día y te topas con algo cuya existencia ignorabas y, por razones desconocidas, quedas enganchado de ello. 

Así es que, tras esas críticas alarmistas a las redes sociales, lo que es muy probable que haya sea una mente totalitaria: querer eliminar del mundo todo lo que te perturba. Algo más viejo que los pedos: el miedo a la libertad. Claro, yo comprendo que a los miedosos la carne viva les multiplica por cien sus paranoias. Y por eso es que estén que trinan, como Severina, aquella chica de San Sebastián de Garabandal a la que, las apariciones de la Virgen María en carne mortal, la excitaron tanto que acabó por agarrarse una tuberculosis que dio con ella en la planta tercera del pabellón 21 de Valdecilla, de la cual, a la sazón, era yo el responsable. "Severina está que trina", me decía, y con razón, cada vez que le preguntaba por su estado de ánimo. ¡Imagínense, aquel pueblo pastoril de pronto invadido por miles de personas buscando la salvación!

Divagaciones aparte, lo que no se puede ignorar es que, con las redes sociales, los poderes mundiales tienen una nueva, y muy poderosa, dificultad para llevar a cabo su permanente empeño de poner puertas al campo de la libertad individual. Cada cual tiene ahora, redes sociales mediante, un altavoz para decir la suya, no importa cuán extravagante sea... siempre encuentra su eco en donde menos se espera. Así que, a qué extrañarse que en los parlamentos de las naciones gasten horas y saliva intentando imaginar leyes que pudieran poner coto a lo que por su propia naturaleza es inaprensible.

Haciendo caso omiso de los inconvenientes que, las redes sociales, como mundo que es, tienen a montones, también nos encontramos, a nada que busquemos, maravillas sin cuento de libre disposición. Matemáticas, física, música, pensamiento, artesanía... cualquier niño inquieto, aunque viva en las quimbambas, puede ver desde el primero hasta el último vídeo de la Khan Academy y adquirir con ello unos conocimientos matemáticos que le permitirán catapultarse hasta los más sofisticados centros del conocimiento. Por no hablar de los tutoriales musicales, o, ya, en otro orden de cosas, esa liberación de tensión psíquica que puedes conseguir viendo chistes mexicanos. 

En fin, pobre gente esa que no soporta la visión de la carne cruda. Como el Byung-Chul Hang, que les decía el otro día. Están condenados al ridículo por muchos premios que les den los gobernantes con ansias totalitarias.   

miércoles, 29 de octubre de 2025

Los incurables vanidosos

Uno, a estas alturas de la vida, todavía se encuentra a años luz de alcanzar esa distinción del espíritu que consiste en poder prescindir de la vanidad como motor del esfuerzo. Aquí estoy escribiendo en este blog por motivos diversos, como pudiera ser el de apoyarme en la escritura para mejor reflexionar y así comprender un poco mejor el mundo en el que vivo y, de paso, a mí mismo; es una noble pretensión, y más lo sería, seguramente, si fuese capaz de guardármelo para mí en vez de publicarlo con la tonta esperanza de conseguir algún reconocimiento. 

La vanidad del reconocimiento. Se ve que nuestra mente está hecha de tal modo que no puede prescindir de ello. Si los demás no te reconocen es como si no existieras. Y, cuando te llega algún signo de reconocimiento, tienes un subidón momentáneo que de inmediato te exige nuevas dosis so pena sumirte en la tristeza. La vanidad es una bebida que exacerba la sed. Por eso, en definitiva, no es más que miseria espiritual. Los incurables vanidosos, que dijo no recuerdo quién. 

La vanidad encubierta por el altruismo. Uno quiere compartir las propias reflexiones por si ello pudiera ser de utilidad a alguien. Si a mí me sirvieron mis hallazgos, ¿por qué no han de servir a los demás?, te dices sin la menor malicia. Al fin y al cabo, así fue como se fue construyendo el mundo en el que vivimos: aupándose los unos sobre los hombros de los otros. 

Recuerdo haber leído en alguna parte que, una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad y, que, en esa índole de su origen, está su juicio: no hay otra. ¿Necesidad de qué?, me pregunté cuando lo leí. Uno se siente Dios cuando tiene la sensación de estar creando algo original o, simplemente, ejercitando una habilidad que le costó mucho adquirir, pero, todo es sentirse Dios y tener la necesidad de que te adoren, porque, si no, ¡menudo Dios de mierda! Sin adoración no hay confirmación.  

Me imagino que la diosa naturaleza lo tendrá bien pensado y por eso nos ha hecho así. La vanidad, sin duda, destruye al hombre, pero, al ser motor del esfuerzo, contribuye a conservar la especie, lo que vendría a ser el fin último de  todas las especies vivientes. 

 Y colorín, colorado...

   

martes, 28 de octubre de 2025

Prevención a destiempo

Mi padre siempre insistió en la idea de que "prevención a destiempo, malicia arguye". Digamos que es un refrán de los que el vulgo no pilla a la primera de cambio. Se lo tiene que pensar y, así todo, muchas veces se queda a uvas. Sin embargo, por lo que he podido comprobar con mis lecturas, en el Siglo de Oro era de lo más común. No sé, a lo mejor es que, por aquel entonces, la gente en general andaba más despierta. Pudiera ser. En cualquier caso, pocos refranes habrá que le vengan tan de molde a eso que se ha dado en llamar política y que en la pura realidad no es más que zafia propaganda con pretensiones adoctrinadoras. 

Me entero hoy en un vídeo de esos de humor de que, en la Universidad de León -hasta los gatos gastan zapatos-, imparten clases para obtener una microcredencial -¿qué cosa será esa?- en pedagogía antifascista. Por lo visto la microcredencial está financiada por la Unión Europea que anda muy preocupada por las derivas ideológicas de la juventud. ¡Vamos, que se les están yendo de las manos! 

¿A quién creen ustedes que se le puede ocurrir ponerse a impartir una microcredencial de pedagogía antifascista sino es a un fascista que pretende camuflarse? Es que il va de soi. Hay que ser muy tonto para no darse cuenta. Para el caso también sirve aquello de dime de qué presumes y te diré de qué careces. Porque esa es la clave de todo este asunto, que todos esos políticos que se pasan el día blasonando de demócratas -los socialistas de todos los partidos- no ven la hora de dar, como les decía ayer, otra vuelta de tuerca al mecanismo de control ciudadano. Son, simple y llanamente, fascistas en el más puro estilo mussoliniano: todo dentro del estado; nada fuera del estado. 

Y así es como estamos en este mundo de opereta que nos han montado los socialistas de todos los partidos. ¡A ver si se enteran, son todos socialistas a rabiar! Los últimos de la clase. Se pasan el día previniendo a destiempo con tan poca inteligencia que sin quererlo hacen gracia al estilo de los tontos del pueblo. ¿Pero cómo puede haber gente que se tome todavía en serio a estos tipos y todo el tinglado que tienen montado? ¿Como puede ser que les sigan el juego y vayan a votar cada sí y cada no? ¡Por Dios bendito, pónganse de espaldas de una vez! ¡ Ya está bien de literatura para chachas!

lunes, 27 de octubre de 2025

San Robin Hood

 


He aquí la que para algunos podría ser la vuelta de tuerca definitiva para acabar de una vez con todas con los últimos resquicios de resistencia frente al poder de las mafias estatales. Sería, entonces, lo que Keir Starmer llama La Edad Moderna. Es decir, que el padrino de la mafia sepa, punto por punto, dónde estuviste anoche, con quién estuviste, de qué hablasteis, cuántas copas bebisteis... porque quizá le parezca necesario pararte los pies y quiere tener todos los datos para poder hacerlo sin que parezca un atropello. 

Yo ya sé que a la inmensa mayoría estas cosas se la traen al pairo. Son las paranoias de los de siempre, dicen. De esos que leen El Quijote y demás bazofias libertarias. Acuérdense de la falsemia, que el padrino señalaba y las masas aborregadas iban ciegas a por la presa. Y da igual que haya mil evidencias del disparate que aquello fue: las masas funcionariales, que son todas las masas, siguen convencidas de que todo aquello se ajustó a razón. Ni con bombas atómicas les podrías convencer de que se dejaron engañar. Tal es su fidelidad al padrino Estado. 

Afortunadamente para los europeos, están todos esos países del este que todavía tienen muy fresco el recuerdo de la opresión. Pero por estos lares occidentales, las muchos años de opulencia han acabado por arrasar todo vestigio de rebeldía e inteligencia. La consigna por aquí, es que hemos venido a este mundo a disfrutar. Les han convencido de que lo de conservar la especie es algo que está chupado... en realidad, cae del cielo. Y así es que ves a toda esa chusma que, en sus edades más fértiles, se pasa las noches en los bailes de vampiros. ¿Tener hijos? ¡Uf! ¡Quita, quita! ¡Menudo marrón! ¡Que los tengan los moros! ¡Y vaya que sí los tienen!

Es la historia de siempre, los opulentos decaen y por el este y el oeste presionan para apoderarse de los restos del banquete. Al final, chocarán los unos con los otros y será lo que Dios quiera. Parece que por ahí, por el este, se escuchan los pasos de un nuevo Carlos Martel (Martillo). Y, por el oeste, arrecian con fuerza los de "la mujer y la sartén en la cocina están bien". El asunto no puede estar más interesante. 

Ya ven lo que son las paradojas de la vida. Matarse para ser opulento y, una vez conseguido, dejarse matar por la desidia. En cualquier caso, no creo que Keir Starmer se salga con la suya. No veo yo a los ingleses con muchas ganas de ser modernos. Para mí que prefieren seguir viviendo en los bosques. Como San Robin Hood. Últimamente no paran de sacarle en procesión.  

domingo, 26 de octubre de 2025

El laureado

Le han dado un premio, por lo visto muy importante, a un filósofo de origen coreano, pero de formación alemana, o sea, de echarse a temblar. Yo no tenía ni idea del asunto éste del premio, pero en los dos encuentros que tuve en mis paseos ha salido a relucir el fantástico discurso que el payo había pronunciado al recibir el premio. Hace varios años escuche un par de videos suyos y me parecieron la típica castaña de palabrería tan altisonante como hueca. La típica ilación de lugares comunes que tanto gusta a la gente que no pierde acto cultural de su ciudad de provincias. 

Total, que, como andaba atacado de insomnio y no sabía qué hacer, me he puesto a escuchar el discurso de marras y, lo que me temía, a los cuatro minutos de rollo ya no he podido más. No es que él, el laureado, esté en contra de la digitalización, pero nos alerta del mal uso que se hace de ella. Una idea más vieja que los pedos. Las redes sociales y todo eso, que, en vez de crear comunidad, aíslan. ¡Les encanta eso de crear comunidad! Cuándo, me pregunto yo, se habrá inventado una tecnología, del garrote para acá, de la que no se haya hecho un buen uso y mal uso; cada cual a la medida de sus deseos y posibilidades. 

Que si el filósofo, dice, es como el tábano que con sus picaduras despierta la conciencia y aguza el espíritu crítico. Supongo yo que la filosofía también es una tecnología que tiene diversos usos: para aguzar el espíritu y también para adormecerlo. Ahí hemos estado escuchando a filósofos durante todos aquellos maravillosos años y ni uno, ni por asomo, nos mentó la Escuela de Salamanca ni la Austriaca de Economía. ¡Qué casualidad! Al final, como el del tan alabado discurso, todos ellos se apresuraron a recoger los premios que les otorgaba, por los servicios prestados, el poder comunista en curso. ¿O es que acaso le otorgan a alguien un premio sin haber prestado previamente servicios a la causa?

En muchas cosas coincido más o menos con el profesor García Maestro, pero en una, al cien por cien: la filosofía no es más que mala literatura. O sea, catecismos para adoctrinar a las chachas. Si quieres aguzar el entendimiento, lee buena literatura o libros de matemáticas. Bueno, también partituras de música. García Maestro es un gran músico... que es otra forma de ser matemático. 

Resumiendo, que lo mismo que te clavan una vacuna venenosa, te meten el discurso no menos venenoso de un laureado. Y así es como se hace eso que ellos llaman comunidad: borreguismo en vena. Por cierto, que esas dos personas que les dije que me habían contado maravillas del discurso del laureado filósofo, ninguna de las dos ha podido leer El Quijote. Una porque le parecía un rollo y la otra porque nuca sintió esa curiosidad. Muy sintomático todo ello. 

En fin, los tostones que se traga la gente con tal de no leer El Quijote, La Biblia, Homero, El Decamerón... y unos cuantos más, pero no demasiados. 

sábado, 25 de octubre de 2025

Justine

El ser humano nunca paró ni parará de hacer esfuerzos inútiles para torcer el brazo a la naturaleza, o a Dios, o como quieran llamar a este todo en el que estamos inmersos como una gota de agua lo está en el océano. ¡Con lo que duele que te tuerzan el brazo! En realidad, todo eso que llamamos educación no es más que un puro torcer el brazo entre continuos gritos de dolor. ¡Y qué le vamos a hacer si no hemos dado con mejor procedimiento para conservar la especie! .

Pensaba en estas cosas porque al abrir hoy el ordenador lo primero que he tenido ante mis ojos ha sido el anuncio de una serie de cachivaches con los que se pretende conseguir que los perros caguen y meen en casa. No cabe duda de que es una muy loable pretensión porque hasta el más furibundo animalista coincidirá conmigo en que veinte, o más, millones de perros, cagando y meando por las calles de nuestras ciudades, constituyen un problema sanitario de primera magnitud. Pero, -¡los perinquinosos peros!, que decía Gracián-, ¿qué es un perro que no puede cagar y mear por la calle?, o sea, un perro que no puede marcar territorio. Sin duda otra torcedura de brazo por la que a buen seguro se verá compelido a lanzar incesantes gritos de dolor. Lo escucho a diario por las ventanas que dan al patio: hay un par de perros que se pasan la mañana gimiendo como almas en pena.

A mí todo esto me recuerda mucho a los libros del Marqué del Sade: Justine o los infortunios de la virtud. Aquellos monjes que tenían a Justine siempre en la posición idónea por, si les daba un pronto, poder desahogarse al instante. ¿Qué cosa más virtuosa para un animalista que un perro? Sus dueños les torturan con manifiestas señales de gozo. Recuerdo a uno de aquellos proscritos de Alar al que sus hijos le habían traído un perro para que le hiciese compañía. Cuando íbamos al monte el perro disfrutaba como un chon en un patatal; corría detrás de todo animalillo que olfateaba y aquello no le gustaba un pelo al proscrito. Se lo dijo a sus hijos y los hijos le trajeron un collar eléctrico; mano de santo. A partir de entonces lo que más nos divertía de aquellos paseos por el monte era ver cómo el pobre perro quedaba paralizado cada vez que iniciaba una expansión: todo era ponerse a correr y el proscrito apretar el botón. El hombre estaba feliz con aquella solución tan sofisticada. Y nada, el perro como si tal, seguía en la posición idónea. 

En fin, qué vida esta. El caso es tener a alguien a quien torturar para poder mantener un cierto equilibrio mental. Debe de estar en nuestra condición de la misma manera que necesitamos ingerir alimentos. Quizá no sea más que un mecanismo de resarcimiento por lo mucho que nos torcieron el brazo en la infancia. ¡Vete tú a saber! Pero, en cualquier caso, para los que en los animales solo vemos proteínas aprovechables, el hecho de que se inventen cachivaches para que caguen y meen en casa por lógica elemental nos tiene que parecer una buena cosa... así podremos pasear por las calles sin tener que tener todo el rato la vista pendiente del suelo. 

viernes, 24 de octubre de 2025

El arrepentimiento

Cuando iba acabando mis estudios de medicina se me presentaron muy jugosas oportunidades para haberme dedicado a la actividad privada, pero por alguna circunstancia de la que en absoluto era consciente ya estaba infiltrado hasta los tuetanos de marxismo cultural. Por eso fue que me parecía infinitamente superior en el plano moral -¡qué cosa tan fea lo de ganar dinero a costa de la enfermedad, o sea, el sufrimiento, de los demás!- convertirme en funcionario. No necesité mucho más de diez años de ejercicio profesional en los hospitales del Estado para convertirme en una piltrafa que vegetaba entre piltrafas. Vivía en una continua huida hacia adelante en el inútil intento de olvidar mi miserable condición. Hasta que, por algún tipo de gracia divina, saqué fuerzas de flaqueza y salté por el portillo del caer en la cuenta. Como siempre pasa en estos casos, tuve que andar unos años vagando por el desierto antes de conseguir una razonable reconciliación conmigo mismo. La primera treta del trato, desde luego, consistió en reconocer sin paliativos que la cobardía había sido el motor de mi fracaso existencial. 

Como ven, es una historia de lo más vulgar y no por otra cosa sino porque la cobardía es la condición predominante en el mundo.  Nietzsche lo deja meridianamente claro cuando explica como las especies débiles siempre van en manada para defenderse de las fuertes. No otra es la filosofía del marxismo cultural: tots plegats, como dicen en Cataluña; da igual que lo llamen comunismo, que lo llamen fascismo, o cualquier otro sinónimo que se quieran inventar, el caso es que el individuo sea solo un número... el de la cartilla de la seguridad social. 

Les contaba estas milongas a propósito de un artículo que me enviaron ayer: "El arrepentimiento del exilio republicano: "la izquierda pensaba que iba a ganar cualquier guerra civil". Todos los que han sido imbéciles alguna vez en la vida fue porque "pensaron que...". ¡Pobrecillos! No pensaron nada; simplemente se dejaron arrastrar por su cobardía. Por eso se adhieren a cualquier ideología, que vendría a ser la ortopedia que utilizan los discapacitados para seguir arrastrándose por el mundo. La superioridad moral, en definitiva. ¿Conocen alguna ideología que no se sustente en esa falacia? 

En fin, los exilados. Conocí a uno -al que las circunstancias me llevaron a tener que hacerle una broncoscopia-, que había sido miembro del gobierno español en el exilio. Había regresado a España como un corderito. Recuerdo que me regalo una moneda de plata con el escudo de México. No sé a dónde iría a parar aquella moneda. Hoy día, seguramente hubiera sido más cuidadoso.  

jueves, 23 de octubre de 2025

El Gran Mandala

 Alan Watts fue un filósofo que tuvo cierto predicamento en la segunda mitad del siglo pasado. Recuerdo haber leído un libro suyo, El gran Mandala, que, sin duda, me dejó bastante huella. Iba de filosofías orientales que, en esencia, te vienen a decir que no te compliques la vida con chorradas. Yo no creo que pueda haber algo más sensato en un mundo como el que vivimos, porque, si ustedes se fijan, todo este tinglado socio/político/económico se sustenta en que la gente se complique cada vez más la vida con chorradas. Cuando no es un coche innecesario, es un viaje de placer a las quimbambas; y, por ansia de placer, te metes en el maldito embrollo de una segunda vivienda, cuando no, un yatecito, por no hablar de la adicción a los bailes de vampiros o al "buen gusto" en general... un sinvivir en perpetua huida hacia delante en medio de una montaña de burocracias asfixiantes. 

Vivimos en un mundo que es así y uno tiene que aprender a defenderse si no quiere acabar subsumido en la barbarie. En realidad, a lo que más se parece lo que debemos hacer para no sucumbir es, como hiciera Ulises, atarse al palo mayor de la nave que nos lleva para no poder torcer el rumbo hacia los paraísos que nos prometen los cantos de sirena que resuenan por doquier. ¿Cuántas veces no habré tenido que escuchar la milonga de lo importante que es la socialización? Sin duda, muchos piensan que soy un desgraciado porque no socializo lo suficiente. Socializar, o sea, plegarte a los gustos de la gente... ir a actividades, que así es como llaman ahora ir a sitios donde un especialista en vivir del cuento te adoctrina. Bueno, también está lo de ir a los bares, pero eso es para cuando ya has alcanzado el grado óptimo de adoctrinamiento. 

El caso es que Alan Watts nos previene contra todo tipo de sirenas de las que, al menor descuido, ya las tienes colgadas de la yugular. Porque sus artimañas son infinitas. Y más sutiles cuanto más atrapados están en el laberinto de las necesidades inútiles. ¡Mucho cuidado con la compasión!, nos dice, porque no hay emoción más traicionera. Por eso lo de ayudar a la gente es algo que hay que mirar con lupa. Y es que la sabia experiencia nos dice que en la inmensa mayoría de los casos la mejor forma de ayudar a la gente es no ayudándola; nada precipita tanto la decadencia de los pueblos como la ayuda institucionalizada... las paguitas que le dicen aquí y ahora. 

No sé a cuento de qué les he traído a colación estas obviedades. Quizá sea porque estando ayer tranquilamente sentado bajo las palmeras del paseo de la estación marítima, leyendo, por cierto, las opiniones de Thoreau sobre las visitas, se me acercó un conocido muy aficionado a enumerar los sinsentidos de este mundo en el que vivimos. Así fue que estuvimos un rato entonando cantos jeremiacos hasta que me cansé y le dije que me tenía que ir a hacer unas compras... golosinas, concretamente, para los niños de la vecindad que están a punto de venir a lo del "truco o trato" esa costumbre americana que hemos importado con el entusiasmo propio de los que piensan que haciendo lo mismo que los importantes te igualas a ellos. En cualquier caso, el invento sirve para tomar un somero contacto con la gente que te rodea, lo cual, siempre y cuando quede en somero, es cosa de agradecer. Por cierto, que, qué baratas son las golosinas; por diez euros atiborras de azúcares y grasas saturadas a todos los niños de la vecindad. 

miércoles, 22 de octubre de 2025

La vida te da sorpresas

 

Cortesía de Un Besi de Fresi

"La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida", cantaba el Gato Pérez, allá por lo ochenta del siglo pasado, en aquellas verbenas del barcelonés Barrio de Gracia. ¡Aquellos sí que eran tiempos! Y, además, yo era joven; un poco revenido ya, pero joven. Sobre todo, de espíritu. No me vestía para lo ocasión porque a tanto no llegaba, pero estaba en la onda de pasarme por el culo unas cuantas cosas de las que nunca se deben pasar por tan irrespetuoso lugar. Y ya ven, hoy día, por la noche, antes de retirarme, suelo coger la Biblia, como hace el padre de la foto de la derecha, y leo un rato... es como si fuese un acto de rebeldía contra mí mismo que, de tanto haber tragado doctrina cuando lo de aquellos maravillosos años, me había convertido en un conservador de toda la mierda del mundo. ¡Dios, qué poco conscientes somos de lo conservadores que nos volvemos cuando nos dejamos arrastrar por las modas del momento! ¡Cadáveres vivientes!  

Pues sí, la vida te da sorpresas y por eso nunca digas de este agua no beberé. Porque la única verdad incuestionable, excepción hecha de que nos vamos a morir, es que no se puede vivir sin beber agua. Y unas veces la bebemos de aquí, y otras de allí, según las circunstancias de este desierto que es la vida te van facilitando unos manantiales u otros. Allá, por la adolescencia, escapaste de los faraones que son los padres y empezaste a vagar por el desierto como un alma en pena creyendo haber encontrado la salvación en el primer ídolo que te salió al paso. Y bebiste de él hasta embriagarte de su verdad emponzoñada. ¡Dios mío, lo que costó recuperarse de aquella borrachera! Y luego otra, luego otra. Hasta que, molido de tanto palo, ya solo crees en Dios, más que nada por tener a alguien a quién temer, y en el bicarbonato, por la cosa de las dispepsias que nunca cesan. 

En fin, no es que me vaya a poner ahora corbata, como el de la foto, para leer la Biblia, pero sí que adopto una postura de máximo respeto porque sé que tengo entre las manos al más clásico entre los clásicos, es decir, el registro de los más nobles pensamientos, donde los haya habido, que tuvieron los hombres a lo largo de los siglos. Pensamientos que son considerados nobles porque se ha llegado a la conclusión que son los que mejor se adaptan al fin último de todo lo que vive que no es otra cosa que la conservación de la especie. 

Pero, bueno, tampoco es que me dejen de hacer gracia esos punkeros de la foto de la izquierda. Veo en ellos una especie de inocencia que me inspira ternura. ¡Dios mío, qué cruz para sus padres! 

martes, 21 de octubre de 2025

Soledad

"Considero saludable estar solo la mayor parte del tiempo. Estar acompañado, incluso por los mejores, pronto resulta fatigoso y disipador. Me encanta estar solo. Nunca he encontrado un compañero tan sociable como la soledad. En gran medida estamos más solos cuando vamos acompañados al extranjero que cuando nos quedamos en nuestra habitación."

Estas consideraciones que hace Thoreau se las he escuchado a unos cuantos antes que a él. Claro, cada uno es como es y tiene que haber gente "pa to". Yo, sin ir más lejos, fui poco a poco simpatizando cada vez más con esa concepción de la vida. Así es que ahora estoy casi convencido de que, si es que hice algo de algún mérito en esta vida, ello fue por ese haber ido cogiéndole el punto a la soledad. En realidad, me pasé la vida cambiando de aires, cada sí y cada nó, con la única finalidad, pienso ahora, de buscar las condiciones más propicias al desarrollo de esa pulsión interior. Y, todo ello, teniendo en cuenta que, cuando estuve acompañado, casi siempre fue por los mejores. Pero, así todo, al poco empezaba a sentir esa disipación que es fatiga del espíritu... también lo podríamos llamar ansiedad. 

En resumidas cuentas, que cuando alguien me viene con la milonga de la soledad, sencillamente no le entiendo... o le empiezo a ver los colmillos. Y, cuando voy por las calles céntricas, lo menos posible, y veo esas muchedumbres apelotonadas a las puertas de las tabernas, huyo como de la peste, no me vaya a pasar como a Penteo que, por curioso, lo descuartizaron y se lo comieron. De banquetes de ese tipo ya tuve mi lote de jovencito y, a los dioses gracias, fue relativamente pronto que se me empezaron a indigestar. Así fue que, faltaba todavía bastante para que mis sienes blanqueasen y ya mis expansiones dionisiacas apenas podían sobrepasar las meriendas campestres. 

Pues sí, mejorando lo presente, ha sido la soledad la que me ha presentado todos esos amigos que me endulzan la vejez... el allegro solemne en Si menor de La Catedral de Barrios Mangore; la identidad de Euler, que nunca terminas de descubrirle matices que se te habían escapado; las incursiones en el propio yo guiadas por cualquier pasaje de la Biblia; las conversaciones desde la lejanía que son cátedra que me esclarece; los paseos alrededor de la dársena de Pesquero mientras escucho las divagaciones a propósito de nada que va haciendo María... y, así, mientras la vida se va yendo tan callando. 

lunes, 20 de octubre de 2025

Misterio

Para una de las cosas, entre otras muchas, que me ha servido la lectura insistente de la Biblia ha sido para cambiar mi percepción acerca de los mendigos. Tendía antes a pensar que darles limosna solo servía para propagar la plaga. Y, para colmo, había leído las consideraciones que acerca de esa profesión -porque profesión es- hace Mateo Alemán en su Guzmán de Alfarache. Una lectura somera de ese libro te puede llevar a pensar que los mendigos son unos jetas que aprenden a trocar al trascantón y con eso ya tienen aprendido el oficio. Sin duda había interpretado mal el asunto porque no tuve en cuenta que las circunstancias de la vida, si por un lado las puedes convertir en favorables con tu esfuerzo, por otro están sujetas al querer de los dioses, es decir, que tienen un componente de imprevisibilidad contra el que nada podemos hacer. Por eso supongo que es que la Biblia insiste una y otra vez en que seas misericordioso con los mendigos sin preguntarte nunca por el porqué de que hayan llegado a ese estado miserable. ¿O es que acaso tú piensas que estás libre de verte en una situación similar? Pues ándate con cuidado con tu soberbia porque se te puede disparar y llamar con ello la atención de los dioses, que ya sabes lo mal que soportan ese pecado. Sí se da el caso, ya te puedes poner a buscar una puerta de supermercado que este libre -que no es fácil-para tomarla de asiento. 

Comentábamos esta mañana acerca del misterio por el cual se encadenan las circunstancias de la vida que, lo mismo que te pueden llevar a ganarte el pan trocando al trascantón por las ciudades de la Italia renacentista, pueden llevar a una persona nacida en un barrio humilde de extrarradio de una ciudad de provincias a ser catedrático en una universidad de un país del otro extremo del mundo. Pues sí, al margen de la desidia del uno y el insistente esfuerzo del otro, hay en esos resultados finales un cierto componente misterioso que nunca podemos perder de vista. Y por eso precisamente es que, yo, que no es que no me haya esforzado, pero que, también, he hecho tonterías para dar y tomar, me pregunte muchas veces, al verme cómodamente instalado en el reclinable de Ikea, con mis guitarras aquí al lado, cómo ha podido ser que los dioses me hayan favorecido tanto... porque méritos para que fuese lo contrario no me faltan. 

En resumidas cuentas, que unos dicen que todo es cuestión de libre albedrío y, otros, que estamos predeterminados; y por esas falsas convicciones se han andado matando a lo largo de los siglos. Tanto lo uno como lo otro, no sería más que hemiplejias morales, que diría Ortega. Todos somos un conjunto de todo y si hoy te sientes predeterminado, mañana pensarás que fue el libre albedrío el que te llevó a donde estás. Por eso no merece la pena darle vueltas al asunto; bastaría con sentir compasión cuando ves a un mendigo... bueno, la verdad es que mi percepción del asunto no solo la cambió la Biblia; la cosa también me viene de mi admiración por Bukowski: le dio un día cinco dólares a un mendigo alcoholizado y, éste, le dijo: "no lo voy a gastar en vino"; "¿por qué? -le respondió Bukowski- yo sería lo primero que haría". 

domingo, 19 de octubre de 2025

El delicioso

 En el Reino Unido hay un movimiento en contra de la implantación, por parte del gobierno, de la identificación digital. Lo que pretende ese gobierno es una identificación al estilo de lo que hay en China. Allí el gobierno sabe lo que haces cada minuto y, si consideran que eres chico malo, lo primero que hacen es bloquearte la cuenta corriente del banco. En Tailandia, por lo visto, están en las mismas y, al mes de haber implantado ese tipo de identificación ya había trescientas mil cuentas bancarias bloqueadas. Cuando lo del Covid, en muchos países, España incluida, trataron de implantar ese sistema por la puerta de atrás -para controlar a los no vacunados decían-. Yo conocí a unos cuantos, que no sé cómo calificarlos, que se tragaron el anzuelo. Afortunadamente, aquello no prosperó de puro burdo que era. 

Estamos en lo de siempre: pagando las consecuencias de tanto fuego robado. Nos creíamos que esto de la informática solo iba a redundar en nuestro beneficio. ¡Sancta simplicitas! Sería la primera vez que un descubrimiento no acabase convirtiéndose en un quebradero de cabeza. Pues bien, el quebradero ya hace tiempo que funciona en China y, las mafias que controlan los diversos países, no van a parar hasta que clonen el sistema. Porque se trata de la única guerra que siempre ha existido y nunca dejará de existir por los siglos de los siglos: la que mantienen los gobernantes con los gobernados; el afán de control de los unos siempre, en mayor o menor medida, ha chocado con el afán de libertad de los otros. Y no se engañen al respecto, porque todas esas guerras que nos cuentan los libros de historia no fueron más que artimañas que implementaron los gobernantes cuando sintieron que los gobernados se les estaban subiendo a las barbas. 

El caso es ese, que ahora le toca el turno a Inglaterra, el país en el que los gobernados, allá por el año mil doscientos y pico, hicieron firmar a los gobernantes una carta de derechos fundamentales. En mil seiscientos y pico, el rey intentó saltarse la carta y los gobernados le cortaron la cabeza. Entre esos derechos fundamentales estaba y está el de no tener necesidad de identificarse ante la autoridad gubernamental: los ingleses nunca tuvieron un carné de identidad como el que tenemos nosotros. Tienen el carné de conducir y el pasaporte, el que los tiene, pero nadie te los puede exigir si no has cometido una infracción de tráfico o quieres viajar al extranjero. Y, ahora, va el gobernante de turno -socialisto por más señas- y quiere imponer la identificación digital: no querías taza, pues toma taza y media. La pelota está en el tejado; será interesante ver de qué lado cae. 

En cualquier caso, es tanto el control al que de forma sibilina nos han ido sometiendo con la cosa digital que no sé si tanta movida va a merecer la pena. Personalmente, en una actitud seguramente ilusoria, me niego a pagar con tarjeta salvo que no haya otra opción. Pienso que es verdad que el dinero en metálico es uno de los bastiones de libertad que aún nos quedan. Y también creo que, caso que las autoridades suprimiesen los pagos en metálico, no tardaría en aparecer algo que lo sustituyese, porque, sustraerse al control estatal siempre será un nicho de negocio. 

En fin, ya digo, a la espera de ver de qué lado cae la pelota. Aunque, caiga del que caiga, el resultado será transitorio, porque lo que nunca va a cesar, porque no puede ser, y además es imposible, es la dialéctica gobernantes/gobernados... es una cuestión inherente a nuestra condición animal; no hay especie que, al respecto, se libre: el que manda es el que más veces hace el delicioso, como dicen los mexicanos.    

sábado, 18 de octubre de 2025

Comegambas

Veo por ahí una noticia, dada en clave de humor, en la que se ve al actual jefe del sindicato más poderoso de España afirmando que "hay que trabajar menos para vivir mejor". Personalmente, comprendo este tipo de lógica que tiene su punto de partida en aquella condena que Dios hizo a los hombres por haber comido del fruto prohibido. ¡Te ganarás el pan con el sudor de tu frente!, dicen que dijo irritado. No es muy diferente a lo que Zeus le dijo a Prometeo que, por cierto, ahí sigue encadenado a una roca del Cáucaso. El trabajo como condena es una de las claves de la conflictividad social desde que existe sociedad. Querer vivir del trabajo de los otros, como el sindicalista ese de marras, es la más arraigada aspiración de cualquier persona analfabeta. Y es que el analfabeto tiene una muy particular concepción de lo que es trabajo, relacionándolo siempre con la hiperactividad de las glándulas sudoríparas. 

Recuerdo al respecto a uno de aquellos proscritos de Alar con los que solía pasear por el monte. El hombre tenía un hermano que de niño había ido al seminario. Cuando ya estaba a punto de cantar misa, se echó para atrás y se puso a trabajar de contable en una empresa de su pueblo. El proscrito decía que su hermano nunca había pegado un palo al agua, porque, para él, estaba clarísimo que cualquier actividad que no produce sudor no se puede considerar trabajo. 

Sea como sea, el caso es que hay trabajos y trabajos. Unos producen sudor y otros quebraderos de cabeza. Y ahí es donde se engendra el problema sindical, que el sudor se ve a simple vista y, los quebraderos, no. En esa diferencia de percepción está la madre de todas las envidias y, eso, no tiene cura porque el que nunca se ha quebrado la cabeza no puede comprender qué cosa pueda ser eso. 

Así están las cosas, mediatizadas por la envidia que produce el desconocimiento. A aquel proscrito de marras ni se le pasaba por la cabeza que pudiese existir una cosa que se llama cálculo infinitesimal. Por eso despreciaba a los ingenieros de la fábrica en la que trabajaba porque, decía, no tenían ni idea de cómo se manejaba el torno. No se le podía pasar por la cabeza que aquel torno era el resultado de los cálculos del ingeniero. Así las cosas, ¿qué motivos iba a tener para no despreciarle?

Pues en eso precisamente se basa el marxismo, en mantener a los proscritos ignorantes de que las neuronas también sudan; y de que para aprender cálculo infinitesimal hay que exprimirlas hasta dejarlas exhaustas. Aprender esta realidad sería lo único que podría transformar la envidia en respeto, cuando no en admiración. Entonces, no habría lugar al marxismo. 

Resumiendo, que esto del resentimiento de los ignorantes tiene menos enmienda que la jodienda. Y eso lo saben todos esos líderes inspirados por el marxismo y, no por otra causa es que pongan todo su empeño en que la ignorancia no retroceda entre los proscritos. Mientras la ignorancia campe por sus respetos, ellos podrán seguir comiendo gambas a dos carrillos, en este caso, sí, sin pegar palo al agua. 

En fin, no sé para qué coño me meto en estas historias tan aburridas. 


viernes, 17 de octubre de 2025

Analfabetismo

Thoreau era un soñador en el buen sentido. O, mejor dicho, en el sentido que a mí me parece el bueno. Él pensaba que, una vez satisfechas las necesidades de alimento y refugio, el resto del esfuerzo debiera estar encaminado a cultivar el espíritu. Porque un espíritu cultivado es la única riqueza real posible. ¿Se imaginan ustedes una comunidad en la que la inmensa mayoría de sus miembros pudiese leer en sus lenguas originales a los clásicos? 

Los clásicos: el registro de los más nobles pensamientos de los hombres. Pensamientos que son el arsenal que mejor te puede ayudar a ganar la gran batalla de la vida, la que libras contigo mismo. Como Don Quijote, gran conocedor de los clásicos, que regresa a casa vencedor de sí mismo para morir en armonía con el mundo. 

Thoreau considera igual de analfabetos a los que no saben leer que a los que leen libros para chachas. Por qué, se pregunta, gastar el dinero en construir un puente en vez de dedicarlo a enseñar a leer a los analfabetos. Un puente que solo sirve para evitar dar un rodeo; para ganar unos minutos o unas horas que en la inmensa mayoría de los casos no sabrás en qué utilizarlos con la consiguiente desesperación... que siempre se acaba traduciendo en resentimiento y búsqueda de culpables. El tiempo libre de los analfabetos es la verdadera maldición de la tierra. Así que, si no vamos a conseguir que aprendan a leer a los clásicos, por lo menos mantengámoslos entretenidos dando rodeos para llegar de un sitio a otro. 

El caso es que no hay mayor engañifla que eso que llaman progreso. No es otra cosa que la ilusión de que se puede ganar tiempo al tiempo: un pecado de soberbia que automáticamente te arroja a los infiernos. ¿Han conocido ustedes alguna vez a alguien que se tilde a si mismo de progresista que no viva en los infiernos del victimismo y el resentimiento? Es un deshecho humano que dedica toda su atención a lo de afuera para no tener que enfrentarse a lo que tiene por dentro. Cambiarlo todo para no tener que cambiarse a sí mismo. 

En fin, cosas de la naturaleza humana que no tienen enmienda. La eterna contradicción: querer ser como dioses con la ley del mínimo esfuerzo. Querer alfabetizarse leyendo libros para chachas.  


jueves, 16 de octubre de 2025

La decadencia

A Salomón le pasó como lo de aquel Papa que cantábamos en el colegio, que era "muy sabio con la voca pero con la polla a veces se equivoca". Así fue que, según dicen, coño que veía, coño que quería. Eso a Dios no parecía importarle demasiado; lo que no pudo tolerar es que por dar gusto a todas esas mujeres construyese altares a falsos ídolos. Así fue que decidió quitarle las nueve décimas partes de su reino; le dejo Juda e Israel se lo dio a otro rey. A partir de ese momento, el Pueblo Elegido -todos los pueblos lo son- ya dispuso de los ingredientes necesarios para poder pasar la vida dándose leña entre ellos -judíos e israelitas-. Reyezuelos a los que se les hacía muy cuesta arriba ceñirse a la ley del Dios único, como hiciera David. En realidad, con la casa de David, se cumplió el mito de las tres generaciones: padre bodeguero, hijo millonario y nieto pordiosero. David, el bodeguero; Salomón el millonario; y sus sucesores los pordioseros. Y es que Salomón sería todo lo sabio que ustedes quieran, pero a la hora de la verdad se comportó como un necio. Porque, quién siendo sabio se va a complicar la vida con tanta mujer; por no hablar de su gusto por el lujo. Quizá, lo uno por lo otro y lo otro por lo uno. A la postre, todo ello representa una feminización de los valores, lo cual vendría a ser la madre de todas las decadencias. Porque es que lo de los falsos ídolos -becerros de oro- es cosa, fundamentalmente, de mujeres... y de hombres afeminados.

La gente habla de la decadencia de Occidente y, haciendo alarde de cultura, se remite a la decadencia de Roma. Si leyesen un poco más la Biblia sabrían que es en ella en donde el asunto de la decadencia está realmente niquelado. Nos cuenta exactamente lo que ahora está pasando en nuestras sociedades. Con la feminización a la cabeza. Feminización que, lo que quiere decir, en definitiva, es pasteleo. Cualquier solución es buena con tal de que no haya mal rollo. Y venga a celebrarlo todo al margen del mérito que tenga; y venga a cultivar el "buen gusto" -pongo buen gusto entre comillas porque es un concepto que se las trae-. Así es que no hemos salido de una fiesta cuando ya estamos en otra y, entre fiesta y fiesta, a pedir dinero prestado para comprar trajes nuevos para la próxima. No hay nada más femenino, ni más degradante, que celebrar lo que no tiene mérito, es decir, lo vulgar.  

Supongo que todo esto de la feminización de los valores es inevitable. De tanto criarse entre algodones. Ya no se ve por ningún lado a los niños jugando a las guerras. De darse el caso, de inmediato vendría el monitor de turno a impedirlo. Se ha entronizado la palabra paz como el tótem al que hay que sacrificar incluso la justicia, por no hablar de la libertad. Y, lo peor de todo, hemos concedido el monopolio de la violencia al poder de turno. Nos hemos convertido en seres indefensos que ante cualquier imprevisto corren a meterse bajo las faldas de mamá Estado. Y el Estado, ¡ancha es Castilla!, sin nadie que le tosa, cada vez más corrupto. 

Recuerdo que cuando era niño, cuando salíamos de la escuela y no llovía, íbamos a cortar varas de avellano para utilizarlas a guisa de espadas; luego, hacíamos dos bandos, uno que defendía el portalón y el otro que trataba de tomarlo. Teníamos nuestras reglas para no hacernos mucho daño, pero eran inevitables las mataduras. Luego, de allí, si era verano, nos íbamos al río a pescar truchas a mano que era un delito bastante perseguido. El caso era correr riesgos... siempre, eso sí, con la anuencia de nuestros padres. Eran los padres bodegueros. Nosotros fuimos los hijos millonarios que corrimos sin freno tras las mujeres... de resultas de lo cual tuvimos estos hijos afeminados que no quieren otra cosa que los bailes de vampiros. 

En fin, así se lo he contado porque así me parece que es.   

miércoles, 15 de octubre de 2025

Cofradía de los lletraferit

No sé si leer libros habrá sido la ocupación más importante de mi vida, pero de lo que sí estoy seguro es de que ha sido la que más horas me ha llevado y la que más ratos de dicha me ha proporcionado. Por lo demás, no estoy muy seguro de que, a efectos prácticos, sirva para mucho. He conocido gente en la que me pareció descubrir una sabiduría fuera de lo común y que, sin embargo, en su vida habían leído un libro. Pero me da igual que sea como sea, lo que me importa es que desde que, hacia los diez años, empecé a leer libros, no he podido parar porque muy pronto se convirtieron en un escudo sin el cual me hubiera sido imposible resistir los embates de la vida. En los peores momentos, me puse detrás de los libros y conseguí sobrevivir. Por eso es que me considero miembro de pleno derecho de la cofradía de los lletraferit (letraherido). Y ya saben lo que pasa cuando vas por ahí y te topas con un cofrade; de inmediato entras en sintonía con él, lo cual, como supongo sabrán por experiencia, está entre las cosas más placenteras con las que nos ha querido obsequiar la naturaleza. Y eso es lo que me ha pasado con Thoreau, que me he encontrado con un cofrade... de entre los más esclarecidos que he conocido. Y entonces va y me dice las mismas cosas de las que tantas veces he comentado con otros cofrades; pero las dice con tanta elegancia...  


"En los intervalos de mi trabajo leí uno o dos superficiales libros de viajes, hasta que esa ocupación hizo que me avergonzara de mí mismo y me pregunté dónde vivía yo.

...

A veces los hombres creen que el estudio de los clásicos tiene que ceder el paso, por fin, a estudios más prácticos y modernos, pero el estudiante aventurero siempre leerá a los clásicos, cualquiera que sea la lengua en que estén escritos y por antiguos que sean. Pues, ¿qué son los clásicos sino el registro de los más nobles pensamientos del hombre? Son los únicos oráculos que no han decaído y brindan tales respuestas a la investigación más moderna como nunca dieron Delfos y Dodoma. De igual modo podríamos omitir el estudio de la naturaleza por ser vieja. Leer bien, es decir, leer verdaderos libros con un espíritu verdadero, es un noble ejercicio, y ocupará al lector más que cualquier ejercicio estimado por las costumbres del día. Requiere un entrenamiento como el de los atletas, la firme intención de casi toda una vida con este objetivo. Los libros deben ser leídos tan deliberada y reservadamente como fueron escritos."

Ese es el asunto, que los clásicos son los únicos oráculos que no han decaído. Por eso es que, a partir de ellos, todo lo que se ha escrito no es más que repetición de la jugada. Es muy difícil, por no decir imposible, que alguien pueda descubrir algo nuevo respecto de la condición humana. A lo más que se ha podido aspirar desde entonces ha sido a decir lo mismo de una manera adaptada a los gustos de la época... algunas veces con gracia y la mayoría de las veces con maldita la gracia.
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A la postre, lo que cuenta es no tener que avergonzarse por haber malgastado tu tiempo en leer superficiales libros de viajes... libros para chachas que dice el periodista Sostres. 
 

martes, 14 de octubre de 2025

La mañana

"La mañana, el momento más memorable del día, es la hora del despertar. Es entonces cuando estamos menos soñolientos y, al menos durante una hora, despierta una parte de nosotros que dormita el resto del día y la noche. Poco ha de esperarse del día, si podemos llamarlo así, en que no nos despierta nuestro genio, sino los codazos mecánicos de un sirviente, ni nos despiertan la fuerza recién adquirida y las aspiraciones internas, acompañadas por las ondulaciones de la música celestial, en lugar de la sirena de la fábrica...

Diría que los acontecimientos memorables transpiran en el tiempo matutino y en una atmósfera matutina. Los Vedas dicen: «Toda inteligencia despierta por la mañana». La poesía y el arte, y las más hermosas y memorables acciones de los hombres, datan de esa hora. Los héroes y poetas, como Memnón, son hijos de la aurora, y emiten su música al salir el sol. El día es una mañana perpetua para aquel cuyo elástico y vigoroso pensamiento corre parejo con el sol. No importa lo que digan los relojes o las actitudes y trabajos de los hombres. La mañana llega cuando estoy despierto y hay un amanecer en mí. La reforma moral es el esfuerzo para quitarnos el sueño de encima. ¿Por qué los hombres dan tan pobre cuenta del día si no estaban durmiendo? No son calculadores tan pobres. Si la somnolencia no los hubiera vencido, habrían hecho algo. Hay millones lo bastante despiertos para el trabajo físico, pero sólo uno en un millón está lo bastante despierto para el ejercicio intelectual efectivo, sólo uno en cien millones, para una vida poética o divina. Estar despierto es estar vivo. Nunca he conocido a un hombre que estuviera completamente despierto. ¿Cómo podría haberle mirado a la cara?"

Lo de ponerse a hacer metafísica es señal inequívoca de que el tiempo que pasa te está aplastando. Entonces, para escapar a esa tortura, te pones a dar vueltas a cualquier cosa. En este caso, Thoreau, se pone a filosofar sobre las indudables ventajas del madrugar, que es lo que él hace. Se levanta antes de que salga el sol y se baña en la laguna, lo cual, dadas las temperaturas del agua en aquellas latitudes, tiene que ser como un despertar al cuadrado. En fin, sea como sea, lo que importa es que nos deja unas reflexiones sobre el despertar que tienen cierta gracia. Porque, no nos equivoquemos al respecto, lo que muchas veces llamamos estar despierto no es más que una somnolencia que solo nos sirve para satisfacer las necesidades más vitales y, luego, acaso, ir a una terraza a ver un partido de fútbol o, en su defecto, asistir a un baile de vampiros.  En realidad, casi todo lo hacemos en la vida en estado de somnolencia y, muy de tarde, tomamos conciencia del significado de lo que estamos haciendo: son pequeños momentos de lucidez que en ocasiones utilizamos para dar un giro a nuestras vidas.   

El caso es que en estos últimos tiempos -after pandemic, concretamente- se habla mucho del despertar. Y es que la actitud de la inmensa mayoría ante la sarta de disparates que los gobernantes impusieron a los gobernados por aquellos nefastos días no dejó lugar a mucha duda acerca de la escasa actividad cerebral del populacho. Solo la gente somnolienta se puede comportar así, haciendo caso omiso de las facultades que la naturaleza nos otorgó. Y así sigue la mayoría. ¿Cuántos de ustedes, por cierto, se han enterado, de los resultados de los trabajos que se han hecho comparando la salud de los vacunados con la de los no vacunados? Resultados que invitan a coger una metralleta. ¡Apetece fusilallos!, como decían aquellas pintadas que había por las paredes de Portugal cuando la Revolución de los Claveles. 

Sí, lo de estar despierto no es sencillo. Exige voluntad. No se puede aprender jugando, como dicen los pedagogos marxistas. Voluntad, esa es la palabra que mejor define el estar despierto. Porque hace falta mucha voluntad para bañarse en un lago de aguas heladas nada más levantarse, como hacía Thoreau o su discípulo más sobresaliente, Chris Stevens, el locutor de la radio local K-OSO de Cicely, Alaska. Uno y otro, únicos entre cien millones por la calidad de su vigilia... poética y rozando siempre lo divino. 

No sé, porque cada cual es cada cual; yo solo sé que, tan pronto me despierto, no puedo resistir ni un segundo más en la cama. Me levanto como un tiro y de inmediato entro en acción. Bien es verdad que las pilas ya me duran muy poco. Allá, hacia el mediodía, a efectos mentales, ya no puedo con mi alma. Entonces, me instalo en la somnolencia a la espera de enchufarme de nuevo al cargador a la caída del sol. Todo lo cual no quita para que esas primeras horas mañaneras sean una fiesta en la que hago intentos de rozarme con la divinidad... que es la vigilia por excelencia.

lunes, 13 de octubre de 2025

Pecios a la deriva

Navegando esta mañana por YouTube a la búsqueda de pecios -restos de naufragios a la deriva- me topo con uno que me inspira de inmediato curiosidad: es un fragmento de una entrevista a Fernando Savater -pecio a la deriva donde los haya-. Este hombre que, a estas alturas, tiene que andar justificándose por haber cambiado de ideas; siempre, incomprensiblemente para mí desde hace muchos años, blasonó de ser de izquierdas... precisamente por eso lo fui apartando de entre mis instructores habituales. ¿Cómo puede un intelectual ser de cualquier cosa? Como dice en el pecio encontrado: cambio de forma de pensar porque pienso; solo el que no piensa se mantiene en sus trece. ¡Correcto! Pero, entonces, ¿cómo nos va a justificar ahora toda una vida blasonando de ser de izquierdas? Desde luego que, una vez más, por la boca muere el pez. Ya me pareció a mí hace tiempo que, a este hombre, de tanto ir por los caseríos a comer chuletones se le había reblandecido algo la sesera. Aunque, sí, por otra parte, se pudiera decir que más vale tarde que nunca, resulta que, el que tuvo, retuvo, y, ahora, con la misma actitud convincente, defiende la figura de Ayuso, la presidenta de la comunidad madrileña. Y añade: es que la izquierda no hace nada bien. 

Bueno, sí, Ayuso, aunque de muy lejos, es lo que más se acerca en este país -el resto está a años luz- al "vive y deja vivir", que es la única política a la que realmente se le puede dar el nombre de política... a la que impera, yo la llamaría tocar los cojones hasta hacérnoslos tener siempre en forma de sarpullido. Pero, en fin, me inspira ternura este Savater pasado de chuletones en caseríos. Fue para mí un gran maestro cuando aquellos maravillosos años. "Criaturas del Aire", "La Infancia Recuperada", me ayudaron mucho a ir adentrándome por este camino de la literatura que, a la postre, ha sido el jardín en el que más tiempo me he demorado a todo lo largo de la vida. Todavía me emociono recordando el impacto que me causaron las reflexiones que en esos libros encontré sobre la figura de Guillermo Brown, mi indiscutible introductor en el mundo literario. No creo que haya habido personaje de ficción que, ni de lejos, haya influido tanto en la formación de mi carácter... pero esta es otra historia que daría para llenar muchos folios. 

El caso es que los humanos tenemos una propensión irreprimible a adorar ídolos. No por nada, sino porque son el camino fácil para aliviar la angustia que el vivir ocioso nos produce. Y nadie se salva de caer en esa trampa; ni el mismísimo Salomón que, según dicen, fue el más sabio de todos. Y eso fue en lo que se convirtió Savater para mí, en un ídolo que me suministraba los alimentos ya digeridos. No me enseñaba a pensar; me decía lo que tenía que pensar, y yo feliz, porque era un pensar que me venía de molde para estar integrado en las corrientes de la moda que frecuentaba. !Es tan agradable estar de acuerdo en todo con los compañeros de francachela! ¡Ay, juventud, maldito tesoro! 

domingo, 12 de octubre de 2025

A imagen y semejanza


Quién podría discutir que en el mundo hay podredumbre para dar y tomar; es la consecuencia inevitable de nuestras bajas pasiones con la cobardía a la cabeza. El miedo a enfrentarse con la realidad es lo que te hace adoptar posturas despreciables. ¿Quién es el que no ha estado implicado en ello alguna vez, o incluso toda la vida? Sí, todo eso es de lo más lamentable y no nos queda más remedio que vivir con ello sobre la conciencia. Pero nos convertiría en seres miserables no saber reconocer que toda esa podredumbre resulta radicalmente eclipsada por los destellos de belleza producidos por la insistencia de los valientes en relacionarse con lo divino. No nos podemos engañar al respecto: este mundo es vivible gracias a los valientes. 

Pensaba en estas cosas ayer mientras contemplaba un video de Juan, el de Matemáticas con Juan, en el que hace una representación gráfica de la Identidad de Euler. Es increíble la belleza de esa fórmula y la infinidad de perspectivas desde las que se la puede afrontar. Resulta muy difícil concebir que algo así haya podido ver la luz sin intervención divina por medio. Euler, a buen seguro, fue un luchador infatigable que consiguió poner a los dioses de su lado. Para mí, no tiene otra explicación. 

Pero no hay que ir tan lejos para extasiarse ante la belleza; me son suficientes unos boleros como los que ayer me mandó Manolo. Me resulta impensable un mundo sin boleros; y me digo que pocas creaciones humanas habrán contribuido tanto como ellos a perpetuar la especie. ¡Si tú me dices ven, lo dejo todo! ¿Es que puede haber endecasílabo que mejor exprese la pulsión generativa? Eso es lo que son los boleros, pulsión generativa. Eros en acción.

En fin, matemáticas, música, la demostración palpable de que estamos hechos a imagen y semejanza de los dioses. A partir de ahí, solo hay que ser valientes para comer a su mesa y, de paso, arrebatarles algo de fuego. 

sábado, 11 de octubre de 2025

Epimeteo cabalga

"There is no scientific truth, only replicable science. Then it becomes theory, but not law. And not truth. There are fundamental laws of physics that have been overturned. Law is not truth, law is law, and in science, law can be overturned."

(No hay verdades científicas, solo ciencia reproducible. Entonces se convierte en teoría, pero no en ley. Y tampoco verdad. Ha habido leyes fundamentales de la física que han sido anuladas. Ley no es verdad. Ley es ley y, en ciencia, la ley puede ser revertida.)

Ya ven, algo tan sencillo de entender parece ser que no está al alcance de muchas de las mentes que se sientan en los escaños de los parlamentos de toda calaña, porque, otra cosa no, pero parlamentos los hay ahora hasta en la sopa. Les digo esto porque ayer me mandaron un vídeo en el que se veía a un científico chocando frontalmente con unos parlamentarios por la cuestión esa tan chusca del cambio climático. A los parlamentarios, como cuando lo de la falsemia, no se les apeaba de la boca la palabra ciencia con todos sus derivados semánticos. Es lo que tiene el no querer creer en Dios, que de inmediato te pones a adorar a los dioses más absurdos. ¡Dios mío, las barbaridades que no se habrán cometido en nombre de la ciencia! Más o menos las mismas que se han cometido en nombre de cualquier Dios que no sea el verdadero... es decir, esa abstracción que nos hemos fabricado para aliviar la angustia que nos produce el no encontrar respuesta a las grandes cuestiones. Desde que le hemos descubierto nos basta con pensar que las cosas son como son porque así las tiene Él dispuestas. Lo único que tenemos que hacer, entonces, es confiar, guardar su ley no escrita, y dejarnos llevar de su mano sabiendo que, mientras le seamos fieles, no nos abandonará. Ya sé que es una ilusión, pero funciona como nunca funcionó nada en la Tierra. 

La ciencia, habría que decir a esos parlamentarios, es ese fuego que robamos a los dioses y que, después, se nos va de las manos y causa grandes catástrofes. Esto es algo que se sabe, más o menos, desde que Apolo dejó conducir a su hijo Faetón el carro del sol. Ahí nos queda, como recuerdo de aquella veleidad, el desierto del Sahara. Luego, Hesíodo, versificó el asunto con lo que todo quedó niquelado. Así que, el que no lo entienda -como esos parlamentarios que les decía-, es, sencillamente, porque está afectado por carencias estructurales básicas. Que no otra es la gran tragedia del mundo, las carencias estructurales del hermano tonto de Prometeo, Epimeteo, que para desgracia de la humanidad fue el encargado de hacer el reparto de dones entre las especies. 

Pues sí, ahí están todos esos Faetones y Epimeteos, partiendo el bacalao desde sus escaños parlamentarios. Y así nos va. Pero ¿cómo pudimos consentirlo? Pues por lo mismo que Apolo consintió a Faetón o Prometeo a Epimeteo, por decadencia. El esquema se reproduce ad infinitum. Así que no podemos esperar otra cosa que unos cuantos desiertos como el del Sahara repartidos por el mundo. Ya ven, ahí están todos esos Faetones y Epimeteos que se acaban de cargar unos cuantos millones de personas con las vacunas y como si nada porque fue en nombre del dios ciencia. Y están echando unas mierdas en el cielo para cambiar el clima que, a saber qué regalito nos reserva de rebote. Por no hablar del uso que están haciendo de lo digital, que, por cierto, ayer hizo un comunicado al respecto Pável Dúrov, el fundador de Telegram, en el que nos avisa de que ya se nos pueden ir poniendo los pelos de punta porque la cosa no va a ser para menos. 

Así son las cosas de este mundo, por cada Prometeo que sabe que no sabe hay millones de Epimeteos que viven convencidos de que saben lo que no saben. Cojan, por ejemplo, ese libro sobre la ciencia médica de Vernon Coleman. Por cada vida que salva un buen médico mueren mil personas a manos de los malos médicos. La historia da cumplida cuenta de esa realidad que no quiere cesar, seguramente, porque Él Todo Poderoso así lo tiene dispuesto.  

viernes, 10 de octubre de 2025

Ya va siendo hora

 
Hay una chica muy mona por ahí, que, por lo visto, pasó de cajera de supermercado a ministro del gobierno de España en menos de lo que canta un gallo. La he visto en un video, de esos cortos que tanto abundan en las redes, echando sapos y culebras por su boquita divina. Me ha recordado mucho a aquella desalmada que llamaban la Pasionaria, que tanto contribuyó a que pasase lo que pasó, ya va casi para noventa años. El odio, la envidia o, como también se dice, la mala hostia. Esa forma de expresarse es sin duda el resultado de un malestar interior insufrible que no deja resquicio al uso de la razón; todo lo que se dice, entonces, sale de las entrañas que, como todo el mundo sabe, están llenas de mierda. 

Es muy curioso todo esto, porque desdice algunos de los presupuestos con los que nos veníamos desenvolviendo a la hora de considerar la realidad: a una tía buena, por definición, le sonríe la vida por la sencilla razón de que, por lo menos la mitad de la humanidad a su alrededor, babea imaginando lo que haría con una cosa así entre las manos. Pero ya ven, a esta señorita parece que con eso no le basta. Ella no se sacia con nada y, como consecuencia, se la llevan los demonios y, de ahí, esa verborrea con la que trata de destruir todo lo que es sagrado... empezando por la propiedad privada de los otros, que, la suya, ni se la toquen. 

La magia de todo esto es la sintonía que este tipo de poseídas por el demonio establecen con amplias capas de población. Y no precisamente con las más desfavorecidas; más bien con los hijos de esas clases medias que, según Franco, eran la garantía de un futuro de paz social. Sin duda Franco no sabía tanto como presumía saber. Si hubiese leído un poco, Nietzsche sin ir más lejos, habría sabido que clase media y mediocridad son sinónimos. Lo sé muy bien por haberlo vivido desde que nací. ¡Qué triste es la mediocridad! Es la alergia al riesgo. La burocracia. La carcoma que todo lo destruye, en definitiva.

Está todo muy claro. Lo vimos cuando lo de la inventada pandemia: una sociedad de mediocres mierdosos incapaces de cuestionarse nada. Porque mira que había que ser mierda para no darse cuenta de que todo aquello era un montaje. Igual que lo de ahora con lo de Gaza, ¡por Dios bendito!, si lo único que todavía nos puede dar alguna esperanza en la humanidad es la actitud con la que Israel se está enfrentando a la barbarie. ¿Cómo se puede estar tan ciego para no verlo? Pero, claro, se comprende, porque es muy duro mirarse en ese espejo; mejor emborronarlo todo para no verte. 

Sí, Israel es la esperanza, y, en contra de lo que pudiera parecer tras una mirada superficial, cada vez hay más israeles por el mundo. Por eso están tan nerviosos los mediocres, porque presienten que se les va acabar el chollo. Y es que ya va siendo hora.   

jueves, 9 de octubre de 2025

El hedor

 Estoy, tan ricamente, escuchando tal que STAN GETZ & BILL EVANS_NIGHT AND DAY y, así, de improviso, un dardo ponzoñoso me atraviesa el alma: "lo que pagas en impuestos vuelve a ti". De una temporada para acá da igual al medio que te asomes porque desde todos te arrojan, como una lluvia incesante, ese dardo infame. Primero te lo quitan y luego te lo dan... y por el camino ya saben lo que pasa. Bueno, si Dios lo quiere así, será que es lo que nos merecemos, lo cual no es óbice, ni tampoco cortapisa, para que, todo sea oírlo y arrastrarme de los pelos un enjambre de demonios. ¡No me resigno a que me tengan que devolver lo que antes me habían quitado! ¿Por qué me lo tuvieron que quitar? 

El caso es que yo estoy desde hace ya bastante tiempo en el trance de que me vuelva, pero solo en forma de dinero, lo cual se agradece hasta donde se puede que es más bien poco: no pasa de amargo consuelo. Y es que un día, ya lejano, caí en la cuenta de que el dinero no era lo más importante de lo que me estaban quitando; lo terrible eran los pedazos de alma que me habían arrancado para, así, convertirme en una mierda pinchada en un palo. Al menos, esa fue la sensación que tuve el día que di con el portillo del caer en la cuenta... y menos mal que salté por él. Desde entonces, no he hecho otra cosa que tratar de liberarme del hedor con el que aquel pasado ominoso había infiltrado mi espíritu: el hedor de la cobardía. 

Ese es el asunto, que uno se hace a todo, y al hedor más que a cualquier otra cosa. Sobre todo, al propio hedor. Por eso cuesta tanto darse cuenta de lo cobarde que es uno. No por otro motivo es que se nos vaya la vida tomando la cobardía por inteligencia. Ya saben, lo que sea con tal de tener "calidad de vida". Calidad de vida, uno de los tantos sintagmas engañabobos salidos de la factoría socialdemócrata. Calidad de vida, o sea, funcionario. Muerto viviente, para que nos entendamos; lo que yo era hasta que di con ese escondido portillo que les decía. Sí, desde que salté por él las he pasado canutas, pero mucho más llevadero que cuando me obligaban a obedecer a los que no sabían mandar porque nada sabían que no fuese obedecer. 

Resumiendo, que, como dijo Temístocles a los atenienses cuando lo de Salamina, "estaríamos perdidos si no hubiéramos estado perdidos". El caso es caer en la cuenta de que lo has estado y, ¡zas!, saltas... y se te empieza a ir el hedor. 

miércoles, 8 de octubre de 2025

Saber prescindir

 Mi principal habilidad, dice Thoreau, es la de saber prescindir. ¡Uno se siente tan seducido por tantas ortopedias como ofrece el mercado! En vez de utilizar las piernas, te colocas bajo el culo un vehículo a motor que te lleva mucho más rápido y más lejos. Así te hace tener la sensación de que estás aprovechando mucho más la vida. Pero es solo una sensación que, una vez analizada, deja muchos cabos sueltos a la verdadera satisfacción que siempre estará ligada a la necesidad. ¿De verdad necesitaba yo ir tan rápido y tan lejos? ¿Para hacer qué? Desde luego que, no sé ustedes, pero, lo que es yo, en la actualidad vivo convencido de haber perdido miles y miles de horas a causa de haber comprado un día esa ortopedia que te colocas bajo el culo para ir a sitios en los que no se te ha perdido nada.

Es una cuestión de economía, de cálculo, de saber llevar las cuentas. Y, también, de saber resistirse a la corriente de estulticia generalizada. Saber decir: ¡no, gracias!... tanto a los demás como a uno mismo. Porque, los demás, se pasan la vida tratando de autoafirmarse en sus convicciones por medio del infantil procedimiento que es el hacer proselitismo: ¡no hay nada que se pueda comparar con el viajar!, gritan como posesos en los bailes de vampiros a los que acuden tan pronto abandonan por un rato la somnolencia en la que viven a perpetuidad. ¡Los pobres! ¡A cualquier cosa le llaman viaje! Pero eso no es nada comparado con la dificultad de saber controlarse; a la que te bajan un poco las hormonas que propician el bienestar interior ya eres presa fácil de todas las insinuaciones. Mantenerse firme, entonces, exige atarse al palo mayor de la nave, cual hiciera Ulises. 

El caso es que Thoreau demuestra con números lo barato y asequible que es vivir a tu bola. El mejor trabajo, dice, es el de temporero: con seis semanas al año se tiene de sobra para satisfacer las verdaderas necesidades. Y es que las verdaderas necesidades son muy baratas. "De balde compra, el que compra lo que ha de menester", se decía en aquella España del Siglo de Oro. Y es que de siempre se ha sabido que lo de las necesidades es el gran negocio del diablo. Las crea en donde no las hay y ya tiene a legiones de incautos encadenados y picando piedra en la cantera.

Bueno, todo esto es muy manido y allá cada cual con cómo se lo monta. Yo no quiero, dice Thoreau, que nadie haga como yo. Lo interesante del mundo es que no haya dos personas iguales; que cada cual pueda escoger su propio camino... por más que la mayoría de los caminos no sirvan para otra cosa que para engendrar pestilencia. Aunque esto de la pestilencia es algo muy personal: la mayoría, se podría decir, vive a sus anchas dentro de ella... y no por nada, sino porque el demonio les ha hecho confiar a ojos ciegas en las vacunas. ¡De qué te vas a preocupar si la ciencia tiene remedios para todo!  En fin, lo dicho, allá cada cual con sus elecciones.

martes, 7 de octubre de 2025

La Diligencia

Ayer estuvimos viendo La Diligencia. Por enésima vez y con el mismo entusiasmo que si hubiese sido la primera. Algo debe tener esa película para que así sea. Es épica, es lírica, es cómica... todo sabiamente entrelazado para dar en un final de comer perdices. Es una de esas creaciones tocadas por la gracia divina. Seguro que mientras la producían se estaban divirtiendo de lo lindo sin sospechar en ningún momento hasta qué punto se estaban inmortalizando. Supongo que a todo eso que llaman arte le debe pasar lo mismo; surge de una necesidad interior de poner orden en el caos que es la realidad. En fin, da igual, porque lo que cuenta es que del contacto con el arte suele salir uno con el espíritu ensalzado. 

El arte, ese gran misterio que nos pone en contacto con la divinidad. Por eso el artista es el auténtico mediador en los dioses y los hombres. Al final, si bien lo pensamos, la historia de la humanidad es la historia del arte. Por eso, los cuatro nombres que van quedando son nombres de artistas. Y los hitos más significativos son la aparición de las obras de arte, algo que, por cierto, se da de Pascuas a Ramos. Por eso es que aquello a lo que podemos llamar arte se pueda contar con los dedos de las manos. Luego está la artesanía, que está muy bien, pero nada que ver con lo divino. Artesanía, para que lo entiendan, es lo que hay en los museos, esos lugares a los que van los turistas para matar el rato entre el desayuno y la comida. 

Así es la vida, siempre queriendo tirar el pedo más alto que el culo, y por eso es que, en esta ciudad de provincias en la que vivo, que se propone vivir del turismo, estén en este momento habilitando tres nuevos museos, dos de pintura y uno de prehistoria. ¡Que con su pan se lo coman! Lo que es yo, ni ciego de grifa me van a ver por sus lujuriosas estancias. Para saciar mis anhelos de divinidad me sobra y me basta con lo que tengo en casa, un par de docenas de libros y otro par de docenas de partituras... bueno, y las tres guitarras que tengo, que son artesanía, pero rozan el arte. ¿Se han parado a pensar alguna vez en todo el cálculo matemático que hay dentro de una guitarra? Fue la obra de millones de artesanos que se fueron aupando los unos sobre los hombros de los que les precedieron hasta dar con esta perfección actual, difícilmente superable.

lunes, 6 de octubre de 2025

Picar piedra

Leyendo el Walden de Thoreau, me pasa algo parecido a cuando leí el Cuaderno Gris de Pla. ¿Cómo gente tan joven puede tener una cabeza tan madura? A los veinte Pla, a los treinta Thoreau, ya habían llegado mucho más allá de a donde he podido llegar yo a los ochentaypico, que tampoco creo que haya sido muy lejos. Pero ese es el caso, que hay gente, sin duda favorecida por los dioses y por las circunstancias, que no necesitan atravesar los desiertos de la estulticia por los que la mayoría necesitamos andar perdidos por lo menos cuarenta años y de los que muchos no consiguen encontrar nunca la salida.  

Al final, te das cuenta de que en la vida todo consiste en eso, en dar con alguna salida para escapar del desierto de estulticia al que inevitablemente te arroja el deseo de emancipación que nace con las primeras oleadas de hormonas sexuales en sangre... la pubertad que le dicen. Sí, te suben las hormonas y de inmediato quieres contribuir a la perpetuación de la especie. Y para eso tienes que escapar de la protección paterna e ir por ahí a buscar pareja y construir tu nido. Pero, ¿con qué bagaje escapas? Pues, más o menos, el mismo que los israelitas llevaban cuando Moisés les sacó de la esclavitud del faraón. Era gente acostumbrada a que alguien decidiese por ella. Tenéis que hacer esto, les decían, y ellos lo hacían y, así, en vez de palos, recibían comida. ¡Pero, ay, hijo, de pronto se ven libres y con comida que cae del cielo! Los pobres están tan indefensos que se lanzan furiosos a comprar todas las motos averiadas que les venden los hombres del carromato que pasan por allí. Siempre hay hombres del carromato por todas las partes; los manda el demonio que, excepción hecha de Dios, es el único que posee el don de la ubicuidad. A la que Moisés se descuida un momento, ahí les tienes a todos bailando alrededor de cualquier ídolo. 

En Walden, Thoreau, se pasa todo el rato señalando ídolos y derribándolos. Dice:

"¿Con qué fin se pica tanta piedra? En Arcadia, cuando estuve allí, no vi piedra picada. Las naciones están poseídas por la desquiciada ambición de perpetuar su memoria por la cantidad de piedra picada que dejan atrás. ¿Y si se tomaran la misma molestia por suavizar y pulir sus modales? Una pieza de buen sentido sería más memorable que un monumento tan alto como la luna. Prefiero ver piedras en su lugar... Casi toda la piedra que una nación pica se dedica solo a su tumba. Se entierra viva. En cuanto a las pirámides, no hay nada por lo que asombrarse tanto como del hecho de que pudiera haber tantos hombres degradados para gastar sus vidas en construir la tumba de un bobo ambicioso, que hubiese sido más sabio y viril ahogar en el Nilo, y arrojar luego su cuerpo a los perros. Posiblemente podría inventar una excusa para ellos y para él, pero no tengo tiempo..."

En fin, en mi descargo diré que, ni ciego de grifa me lleva a mí nadie a ver pirámides del tipo que sea. Y no necesité cuarenta años de desierto para caer en la cuenta de que ir a ver pirámides es una imbecilidad. Ahí tengo, en una estantería, treinta o cuarenta pirámides cien veces más altas que todas las de Egipto y México juntas. Pero no por eso canto victoria porque hay por ahí demasiados ídolos que ni siquiera sé que lo son, y es probable que me esté arrodillando delante de alguno para adorarle. Porque es que, si por algo morimos los humanos con las botas puestas, eso es por correr detrás de la quimera de que picando piedras se alcanza la gloria. 

domingo, 5 de octubre de 2025

¡Malditas veleidades!

En estas acaballas, tiempo de rendir cuentas al mundo y, sobre todo, a uno mismo, de arrepentirse, de pedir perdón... ¡madre mía, pero como pude ser tan cobarde! Porque no me engaño al respecto, fue cobardía pura y dura. Fue el miedo a enfrentar la vida el que me llevó a aquellas ideologías disolventes de cariz comunitarista. Creí que disolviéndome en la masa podría relativizar el compromiso y la responsabilidad individual, los dos pilares sobre los que se asienta una vida cumplida. Así fue que construí esos pilares con barro, de resultas de lo cual vino luego todo lo demás de lo que no paro de avergonzarme en las largas noches de insomnio. 

Esas ideologías promovidas por el demonio con la finalidad de convertir el mundo en un infierno. Porque, por fin lo descubrí: el infierno es el lugar donde viven los cobardes. Pongamos que Cuba. ¿Han visto ustedes esos vídeos de cubanos entonando lamentos por su desesperada situación vital? Entre ruinas, sin comida, sin esperanza... ¿qué les llevó a estar así? Pues se lo diré: el haber triunfado entre ellos aquellas ideologías con las que yo quise zafarme de la lucha en mi tierna juventud: todo es de todos y nadie es más que nadie. En definitiva, el mundo al revés. Ahora, víctimas del triunfo de sus ideas, el llanto y crujir de dientes.

Miro a mi alrededor y veo el mundo infestado de toda esa basura ideológica que, a la postre, no es más que puta cobardía. Bueno, tampoco hay por qué extrañarse: ¿conocen ustedes a algún maestro de escuela o profesor de instituto o universidad, que no esté dedicado en cuerpo y alma a inculcar a sus alumnos el amor por el mundo al revés? La mayoría sale de esas escuelas o universidades doctorada en cobardía. Su meta no es otra que la de dejarse pastorear y odiar a los que van por libre. 

Cobardes, educando para la cobardía: eso son los sistemas públicos de enseñanza. Ningún valiente manda a sus hijos a la enseñanza pública. Ni a nada público. Ni siquiera a las mujeres... que, por cierto, son las que más gustan a los cobardes. En fin, contrición de corazón, confesión de boca y satisfacción de obra... ¿cómo podría yo satisfacer de obra para quitarme de encima esta pesadumbre? ¡Aquellas malditas veleidades!

sábado, 4 de octubre de 2025

División social del trabajo

"La misma adecuación hay en un hombre que construye su propia casa que en un pájaro que construye su nido. ¿Quién sabe si, en el caso de que los hombres construyeran su morada con sus propias manos y se procuraran comida a sí mismos y a sus familias con suficiente sencillez y honradez, la facultad poética no se desarrollaría universalmente, tal como cantan los pájaros que se ocupan en estos menesteres? Pero, ay, nos gustan los garrapateros y los cuclillos, que ponen sus huevos en los nidos que otros pájaros han construido y no alegran a viajero alguno con sus gorjeantes y desafinadas notas. ¿Renunciaremos siempre en beneficio del carpintero al placer de la construcción? ¿Qué representa la arquitectura en la experiencia del conjunto de los hombres? No me he cruzado nunca en mis paseos con un hombre empeñado en una ocupación tan sencilla y natural como edificar su casa. Pertenecemos a la comunidad. No sólo el sastre es la novena parte de un hombre; otro tanto es el predicador y el comerciante y el granjero. ¿Dónde ha de acabar esta división del trabajo? ¿A qué objetivo sirve al fin? Sin duda otro podría también pensar por mí, pero no es deseable que lo haga hasta el punto de evitar que piense por mí mismo."

Leyendo este párrafo de Walden, he recordado lo feliz que fui los días que pasé adecuando una vivienda que había comprado en Bellmunt de Segarra. Estuve haciendo de pinche de Josep María, un lugareño borracho, parrandero y jugador, que conocía todos los oficios necesarios, y unos cuantos más, para construir una casa. Fue un verdadero maestro: no pensaba por mí; me hacía pensar. Cuando acabamos aquella obra tenía la sensación de haber multiplicado por cien mis conocimientos útiles. ¿Después de saber cultivar un huerto, qué puede haber más útil que saber construir una casa?

También he recordado con aprensión el entusiasmo con el que Adam Smith describe en su famosa obra, La Riqueza de las Naciones, la fábrica de alfileres. Nos demuestra allí que si las tareas necesarias para fabricar un alfiler se reparten entre cinco operarios -cada uno de ellos especializado en una parte del proceso-, la productividad crece exponencialmente. Seguramente no hay palabra que más haya contribuido a degradar la vida en el planeta que la dichosa productividad, hija de la división social del trabajo. No hay más que asomar la cabeza por la ventana y ver toda la chatarra que hay en las calles. Pero lo peor no es en las calles; lo peor es en las cabezas de los superespecializados que acaban viendo el mundo por el ojo de la cerradura que es su especialidad. 

Seguramente el mundo es así porque no podría ser de otra manera, pero eso no quita para que podamos soñar en cómo sería si no hubiera tanta división social del trabajo y, por tanto, muchísimos menos alfileres y todas las demás manufacturas que so capa de facilitarnos la vida nos la llenan de ocio que, como bien es sabido, es la madre de todos los vicios y desesperaciones. En cualquier caso, como nos demuestra Thoreau, al respecto siempre se puede hacer algo a nivel personal. Uno puede diversificarse en varios jardines y pasarse la vida trashumando de uno a otro para que ninguno quede yermo. 

En fin, división social del trabajo, que le dicen. ¿Conocen ustedes algo en lo que se meta por medio la palabra social -o cualquiera de sus derivados semánticos-, que no acabe siendo una obra del diablo para allanarnos el camino del infierno?