Quién podría discutir que en el mundo hay podredumbre para dar y tomar; es la consecuencia inevitable de nuestras bajas pasiones con la cobardía a la cabeza. El miedo a enfrentarse con la realidad es lo que te hace adoptar posturas despreciables. ¿Quién es el que no ha estado implicado en ello alguna vez, o incluso toda la vida? Sí, todo eso es de lo más lamentable y no nos queda más remedio que vivir con ello sobre la conciencia. Pero nos convertiría en seres miserables no saber reconocer que toda esa podredumbre resulta radicalmente eclipsada por los destellos de belleza producidos por la insistencia de los valientes en relacionarse con lo divino. No nos podemos engañar al respecto: este mundo es vivible gracias a los valientes.
Pensaba en estas cosas ayer mientras contemplaba un video de Juan, el de Matemáticas con Juan, en el que hace una representación gráfica de la Identidad de Euler. Es increíble la belleza de esa fórmula y la infinidad de perspectivas desde las que se la puede afrontar. Resulta muy difícil concebir que algo así haya podido ver la luz sin intervención divina por medio. Euler, a buen seguro, fue un luchador infatigable que consiguió poner a los dioses de su lado. Para mí, no tiene otra explicación.
Pero no hay que ir tan lejos para extasiarse ante la belleza; me son suficientes unos boleros como los que ayer me mandó Manolo. Me resulta impensable un mundo sin boleros; y me digo que pocas creaciones humanas habrán contribuido tanto como ellos a perpetuar la especie. ¡Si tú me dices ven, lo dejo todo! ¿Es que puede haber endecasílabo que mejor exprese la pulsión generativa? Eso es lo que son los boleros, pulsión generativa. Eros en acción.
En fin, matemáticas, música, la demostración palpable de que estamos hechos a imagen y semejanza de los dioses. A partir de ahí, solo hay que ser valientes para comer a su mesa y, de paso, arrebatarles algo de fuego.

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