Esas ideologías promovidas por el demonio con la finalidad de convertir el mundo en un infierno. Porque, por fin lo descubrí: el infierno es el lugar donde viven los cobardes. Pongamos que Cuba. ¿Han visto ustedes esos vídeos de cubanos entonando lamentos por su desesperada situación vital? Entre ruinas, sin comida, sin esperanza... ¿qué les llevó a estar así? Pues se lo diré: el haber triunfado entre ellos aquellas ideologías con las que yo quise zafarme de la lucha en mi tierna juventud: todo es de todos y nadie es más que nadie. En definitiva, el mundo al revés. Ahora, víctimas del triunfo de sus ideas, el llanto y crujir de dientes.
Miro a mi alrededor y veo el mundo infestado de toda esa basura ideológica que, a la postre, no es más que puta cobardía. Bueno, tampoco hay por qué extrañarse: ¿conocen ustedes a algún maestro de escuela o profesor de instituto o universidad, que no esté dedicado en cuerpo y alma a inculcar a sus alumnos el amor por el mundo al revés? La mayoría sale de esas escuelas o universidades doctorada en cobardía. Su meta no es otra que la de dejarse pastorear y odiar a los que van por libre.
Cobardes, educando para la cobardía: eso son los sistemas públicos de enseñanza. Ningún valiente manda a sus hijos a la enseñanza pública. Ni a nada público. Ni siquiera a las mujeres... que, por cierto, son las que más gustan a los cobardes. En fin, contrición de corazón, confesión de boca y satisfacción de obra... ¿cómo podría yo satisfacer de obra para quitarme de encima esta pesadumbre? ¡Aquellas malditas veleidades!
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