Una forma de desenmascarar la catadura moral, y quizá también intelectual, de las personas, es escuchar sus opiniones sobre las redes sociales. Estamos en lo de siempre: cuando no hay conocimiento, el hábito califica, ignorando que debajo de mala capa suele haber buen vividor. Las redes sociales, a mi juicio, son la representación del mundo más elaborada -en carne viva, diría yo- que nunca se conoció. Está todo en ellas y cada cual toma la parte que más le convence, o le apetece, o, simplemente, como suele ser casi todo en la vida, uno cae sobre ello por mero azar... vas por la calle un día y te topas con algo cuya existencia ignorabas y, por razones desconocidas, quedas enganchado de ello.
Así es que, tras esas críticas alarmistas a las redes sociales, lo que es muy probable que haya sea una mente totalitaria: querer eliminar del mundo todo lo que te perturba. Algo más viejo que los pedos: el miedo a la libertad. Claro, yo comprendo que a los miedosos la carne viva les multiplica por cien sus paranoias. Y por eso es que estén que trinan, como Severina, aquella chica de San Sebastián de Garabandal a la que, las apariciones de la Virgen María en carne mortal, la excitaron tanto que acabó por agarrarse una tuberculosis que dio con ella en la planta tercera del pabellón 21 de Valdecilla, de la cual, a la sazón, era yo el responsable. "Severina está que trina", me decía, y con razón, cada vez que le preguntaba por su estado de ánimo. ¡Imagínense, aquel pueblo pastoril de pronto invadido por miles de personas buscando la salvación!
Divagaciones aparte, lo que no se puede ignorar es que, con las redes sociales, los poderes mundiales tienen una nueva, y muy poderosa, dificultad para llevar a cabo su permanente empeño de poner puertas al campo de la libertad individual. Cada cual tiene ahora, redes sociales mediante, un altavoz para decir la suya, no importa cuán extravagante sea... siempre encuentra su eco en donde menos se espera. Así que, a qué extrañarse que en los parlamentos de las naciones gasten horas y saliva intentando imaginar leyes que pudieran poner coto a lo que por su propia naturaleza es inaprensible.
Haciendo caso omiso de los inconvenientes que, las redes sociales, como mundo que es, tienen a montones, también nos encontramos, a nada que busquemos, maravillas sin cuento de libre disposición. Matemáticas, física, música, pensamiento, artesanía... cualquier niño inquieto, aunque viva en las quimbambas, puede ver desde el primero hasta el último vídeo de la Khan Academy y adquirir con ello unos conocimientos matemáticos que le permitirán catapultarse hasta los más sofisticados centros del conocimiento. Por no hablar de los tutoriales musicales, o, ya, en otro orden de cosas, esa liberación de tensión psíquica que puedes conseguir viendo chistes mexicanos.
En fin, pobre gente esa que no soporta la visión de la carne cruda. Como el Byung-Chul Hang, que les decía el otro día. Están condenados al ridículo por muchos premios que les den los gobernantes con ansias totalitarias.
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