He aquí la que para algunos podría ser la vuelta de tuerca definitiva para acabar de una vez con todas con los últimos resquicios de resistencia frente al poder de las mafias estatales. Sería, entonces, lo que Keir Starmer llama La Edad Moderna. Es decir, que el padrino de la mafia sepa, punto por punto, dónde estuviste anoche, con quién estuviste, de qué hablasteis, cuántas copas bebisteis... porque quizá le parezca necesario pararte los pies y quiere tener todos los datos para poder hacerlo sin que parezca un atropello.
Yo ya sé que a la inmensa mayoría estas cosas se la traen al pairo. Son las paranoias de los de siempre, dicen. De esos que leen El Quijote y demás bazofias libertarias. Acuérdense de la falsemia, que el padrino señalaba y las masas aborregadas iban ciegas a por la presa. Y da igual que haya mil evidencias del disparate que aquello fue: las masas funcionariales, que son todas las masas, siguen convencidas de que todo aquello se ajustó a razón. Ni con bombas atómicas les podrías convencer de que se dejaron engañar. Tal es su fidelidad al padrino Estado.
Afortunadamente para los europeos, están todos esos países del este que todavía tienen muy fresco el recuerdo de la opresión. Pero por estos lares occidentales, las muchos años de opulencia han acabado por arrasar todo vestigio de rebeldía e inteligencia. La consigna por aquí, es que hemos venido a este mundo a disfrutar. Les han convencido de que lo de conservar la especie es algo que está chupado... en realidad, cae del cielo. Y así es que ves a toda esa chusma que, en sus edades más fértiles, se pasa las noches en los bailes de vampiros. ¿Tener hijos? ¡Uf! ¡Quita, quita! ¡Menudo marrón! ¡Que los tengan los moros! ¡Y vaya que sí los tienen!
Es la historia de siempre, los opulentos decaen y por el este y el oeste presionan para apoderarse de los restos del banquete. Al final, chocarán los unos con los otros y será lo que Dios quiera. Parece que por ahí, por el este, se escuchan los pasos de un nuevo Carlos Martel (Martillo). Y, por el oeste, arrecian con fuerza los de "la mujer y la sartén en la cocina están bien". El asunto no puede estar más interesante.
Ya ven lo que son las paradojas de la vida. Matarse para ser opulento y, una vez conseguido, dejarse matar por la desidia. En cualquier caso, no creo que Keir Starmer se salga con la suya. No veo yo a los ingleses con muchas ganas de ser modernos. Para mí que prefieren seguir viviendo en los bosques. Como San Robin Hood. Últimamente no paran de sacarle en procesión.
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