Dicen las leyendas urbanas que, cuando Franco estaba ya en las últimas, el presidente estadounidense de por entonces, preocupado por lo que pudiese pasar en España a la muerte del dictador, mandó un emisario a hablar con él y, es de suponer, darle algún consejo. Pero Franco lo tranquilizó: no se preocupe usted, en España no habrá una guerra civil tras mi muerte, le dijo. ¿Por qué está usted tan seguro? ¿Acaso es porque confía en la unidad de las fuerzas armadas?, inquirió el americano. No, no es eso -contestó Franco-; la seguridad me la da el que en los últimos años se haya formado en España una extensa clase media que tiene mucho que perder si se mete en líos.
En principio, pudieran parecer razonables las apreciaciones de Franco... pero solo en principio. Desconocía el dictador por completo el afán autodestructivo de las clases medias, vía educación de los hijos. Solo necesitó una generación aquella clase media franquista para producir una sociedad de blandengues hedonistas de las de dame pan y llámame alfombra. O, si mejor quieren, de las de, como decía Lenin: ¿libertad, para qué? Sí, esa es la cuestión, que libertad para toda esta chusma salida de la clase media franquista no es más que poder estar en las terrazas empatizando, socializando y todas esas mariconadas tan propias de los hijos castrados, hacer turismo cuanto más lejos mejor, marcarse unos cuantos tatuajes y, last, but not less, sacar a pasear el perro tres veces al día.
A propósito de los perros, hay un video en YouTube de Antonini Jiménez, titulado: Animalismo: consecuencias fatales de llamarle a tu perro Roberto. Les recomiendo vivamente que vayan a YouTube y vean ese vídeo. La relación que los humanos han establecido con los perros nos da la clave de esta decadencia que se nos está llevando por delante. Porque en esa relación solo hay afectos y nunca compromiso... si el perro te sale mal, lo cambias por otro. Los afectos son el soporte psicológico de los blandengues; el compromiso el de los fuertes. Los afectos son instintivos; el compromiso se apoya en la razón.
Esto de los afectos es acojonante. Iba ayer por el barrio y al pasar por delante de un colegio de primaria vi que en la fachada había pegados numerosos dibujos de los niños, todos ellos con el lema: no más violencia en el patio. No más pupas, no más raspaduras... todo así. ¡Imagínense que profesorado debe haber en ese colegio! Efectivamente, ésta es la herencia del franquismo a dos generaciones vista: una sociedad enferma de afeminamiento... que es la enfermedad más letal que puede haber a efectos de supervivencia.
Con lo fácil que hubiese sido que Franco hubiese hecho aquello para lo que, en teoría, ganó la guerra, es decir, instaurar en España los principios del conservadurismo en lo moral y los del liberalismo en lo económico, pero no, hizo, exactamente, lo que en teoría querían los perdedores de la guerra, liberalismo moral y conservadurismo económico... y por eso estamos como estamos, a bout de souffle. ¡Puto Franco!
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