Uno, a estas alturas de la vida, todavía se encuentra a años luz de alcanzar esa distinción del espíritu que consiste en poder prescindir de la vanidad como motor del esfuerzo. Aquí estoy escribiendo en este blog por motivos diversos, como pudiera ser el de apoyarme en la escritura para mejor reflexionar y así comprender un poco mejor el mundo en el que vivo y, de paso, a mí mismo; es una noble pretensión, y más lo sería, seguramente, si fuese capaz de guardármelo para mí en vez de publicarlo con la tonta esperanza de conseguir algún reconocimiento.
La vanidad del reconocimiento. Se ve que nuestra mente está hecha de tal modo que no puede prescindir de ello. Si los demás no te reconocen es como si no existieras. Y, cuando te llega algún signo de reconocimiento, tienes un subidón momentáneo que de inmediato te exige nuevas dosis so pena sumirte en la tristeza. La vanidad es una bebida que exacerba la sed. Por eso, en definitiva, no es más que miseria espiritual. Los incurables vanidosos, que dijo no recuerdo quién.
La vanidad encubierta por el altruismo. Uno quiere compartir las propias reflexiones por si ello pudiera ser de utilidad a alguien. Si a mí me sirvieron mis hallazgos, ¿por qué no han de servir a los demás?, te dices sin la menor malicia. Al fin y al cabo, así fue como se fue construyendo el mundo en el que vivimos: aupándose los unos sobre los hombros de los otros.
Recuerdo haber leído en alguna parte que, una obra de arte es buena cuando brota de la necesidad y, que, en esa índole de su origen, está su juicio: no hay otra. ¿Necesidad de qué?, me pregunté cuando lo leí. Uno se siente Dios cuando tiene la sensación de estar creando algo original o, simplemente, ejercitando una habilidad que le costó mucho adquirir, pero, todo es sentirse Dios y tener la necesidad de que te adoren, porque, si no, ¡menudo Dios de mierda! Sin adoración no hay confirmación.
Me imagino que la diosa naturaleza lo tendrá bien pensado y por eso nos ha hecho así. La vanidad, sin duda, destruye al hombre, pero, al ser motor del esfuerzo, contribuye a conservar la especie, lo que vendría a ser el fin último de todas las especies vivientes.
Y colorín, colorado...
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