viernes, 10 de octubre de 2025

Ya va siendo hora

 
Hay una chica muy mona por ahí, que, por lo visto, pasó de cajera de supermercado a ministro del gobierno de España en menos de lo que canta un gallo. La he visto en un video, de esos cortos que tanto abundan en las redes, echando sapos y culebras por su boquita divina. Me ha recordado mucho a aquella desalmada que llamaban la Pasionaria, que tanto contribuyó a que pasase lo que pasó, ya va casi para noventa años. El odio, la envidia o, como también se dice, la mala hostia. Esa forma de expresarse es sin duda el resultado de un malestar interior insufrible que no deja resquicio al uso de la razón; todo lo que se dice, entonces, sale de las entrañas que, como todo el mundo sabe, están llenas de mierda. 

Es muy curioso todo esto, porque desdice algunos de los presupuestos con los que nos veníamos desenvolviendo a la hora de considerar la realidad: a una tía buena, por definición, le sonríe la vida por la sencilla razón de que, por lo menos la mitad de la humanidad a su alrededor, babea imaginando lo que haría con una cosa así entre las manos. Pero ya ven, a esta señorita parece que con eso no le basta. Ella no se sacia con nada y, como consecuencia, se la llevan los demonios y, de ahí, esa verborrea con la que trata de destruir todo lo que es sagrado... empezando por la propiedad privada de los otros, que, la suya, ni se la toquen. 

La magia de todo esto es la sintonía que este tipo de poseídas por el demonio establecen con amplias capas de población. Y no precisamente con las más desfavorecidas; más bien con los hijos de esas clases medias que, según Franco, eran la garantía de un futuro de paz social. Sin duda Franco no sabía tanto como presumía saber. Si hubiese leído un poco, Nietzsche sin ir más lejos, habría sabido que clase media y mediocridad son sinónimos. Lo sé muy bien por haberlo vivido desde que nací. ¡Qué triste es la mediocridad! Es la alergia al riesgo. La burocracia. La carcoma que todo lo destruye, en definitiva.

Está todo muy claro. Lo vimos cuando lo de la inventada pandemia: una sociedad de mediocres mierdosos incapaces de cuestionarse nada. Porque mira que había que ser mierda para no darse cuenta de que todo aquello era un montaje. Igual que lo de ahora con lo de Gaza, ¡por Dios bendito!, si lo único que todavía nos puede dar alguna esperanza en la humanidad es la actitud con la que Israel se está enfrentando a la barbarie. ¿Cómo se puede estar tan ciego para no verlo? Pero, claro, se comprende, porque es muy duro mirarse en ese espejo; mejor emborronarlo todo para no verte. 

Sí, Israel es la esperanza, y, en contra de lo que pudiera parecer tras una mirada superficial, cada vez hay más israeles por el mundo. Por eso están tan nerviosos los mediocres, porque presienten que se les va acabar el chollo. Y es que ya va siendo hora.   

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