lunes, 13 de octubre de 2025

Pecios a la deriva

Navegando esta mañana por YouTube a la búsqueda de pecios -restos de naufragios a la deriva- me topo con uno que me inspira de inmediato curiosidad: es un fragmento de una entrevista a Fernando Savater -pecio a la deriva donde los haya-. Este hombre que, a estas alturas, tiene que andar justificándose por haber cambiado de ideas; siempre, incomprensiblemente para mí desde hace muchos años, blasonó de ser de izquierdas... precisamente por eso lo fui apartando de entre mis instructores habituales. ¿Cómo puede un intelectual ser de cualquier cosa? Como dice en el pecio encontrado: cambio de forma de pensar porque pienso; solo el que no piensa se mantiene en sus trece. ¡Correcto! Pero, entonces, ¿cómo nos va a justificar ahora toda una vida blasonando de ser de izquierdas? Desde luego que, una vez más, por la boca muere el pez. Ya me pareció a mí hace tiempo que, a este hombre, de tanto ir por los caseríos a comer chuletones se le había reblandecido algo la sesera. Aunque, sí, por otra parte, se pudiera decir que más vale tarde que nunca, resulta que, el que tuvo, retuvo, y, ahora, con la misma actitud convincente, defiende la figura de Ayuso, la presidenta de la comunidad madrileña. Y añade: es que la izquierda no hace nada bien. 

Bueno, sí, Ayuso, aunque de muy lejos, es lo que más se acerca en este país -el resto está a años luz- al "vive y deja vivir", que es la única política a la que realmente se le puede dar el nombre de política... a la que impera, yo la llamaría tocar los cojones hasta hacérnoslos tener siempre en forma de sarpullido. Pero, en fin, me inspira ternura este Savater pasado de chuletones en caseríos. Fue para mí un gran maestro cuando aquellos maravillosos años. "Criaturas del Aire", "La Infancia Recuperada", me ayudaron mucho a ir adentrándome por este camino de la literatura que, a la postre, ha sido el jardín en el que más tiempo me he demorado a todo lo largo de la vida. Todavía me emociono recordando el impacto que me causaron las reflexiones que en esos libros encontré sobre la figura de Guillermo Brown, mi indiscutible introductor en el mundo literario. No creo que haya habido personaje de ficción que, ni de lejos, haya influido tanto en la formación de mi carácter... pero esta es otra historia que daría para llenar muchos folios. 

El caso es que los humanos tenemos una propensión irreprimible a adorar ídolos. No por nada, sino porque son el camino fácil para aliviar la angustia que el vivir ocioso nos produce. Y nadie se salva de caer en esa trampa; ni el mismísimo Salomón que, según dicen, fue el más sabio de todos. Y eso fue en lo que se convirtió Savater para mí, en un ídolo que me suministraba los alimentos ya digeridos. No me enseñaba a pensar; me decía lo que tenía que pensar, y yo feliz, porque era un pensar que me venía de molde para estar integrado en las corrientes de la moda que frecuentaba. !Es tan agradable estar de acuerdo en todo con los compañeros de francachela! ¡Ay, juventud, maldito tesoro! 

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