miércoles, 15 de octubre de 2025

Cofradía de los lletraferit

No sé si leer libros habrá sido la ocupación más importante de mi vida, pero de lo que sí estoy seguro es de que ha sido la que más horas me ha llevado y la que más ratos de dicha me ha proporcionado. Por lo demás, no estoy muy seguro de que, a efectos prácticos, sirva para mucho. He conocido gente en la que me pareció descubrir una sabiduría fuera de lo común y que, sin embargo, en su vida habían leído un libro. Pero me da igual que sea como sea, lo que me importa es que desde que, hacia los diez años, empecé a leer libros, no he podido parar porque muy pronto se convirtieron en un escudo sin el cual me hubiera sido imposible resistir los embates de la vida. En los peores momentos, me puse detrás de los libros y conseguí sobrevivir. Por eso es que me considero miembro de pleno derecho de la cofradía de los lletraferit (letraherido). Y ya saben lo que pasa cuando vas por ahí y te topas con un cofrade; de inmediato entras en sintonía con él, lo cual, como supongo sabrán por experiencia, está entre las cosas más placenteras con las que nos ha querido obsequiar la naturaleza. Y eso es lo que me ha pasado con Thoreau, que me he encontrado con un cofrade... de entre los más esclarecidos que he conocido. Y entonces va y me dice las mismas cosas de las que tantas veces he comentado con otros cofrades; pero las dice con tanta elegancia...  


"En los intervalos de mi trabajo leí uno o dos superficiales libros de viajes, hasta que esa ocupación hizo que me avergonzara de mí mismo y me pregunté dónde vivía yo.

...

A veces los hombres creen que el estudio de los clásicos tiene que ceder el paso, por fin, a estudios más prácticos y modernos, pero el estudiante aventurero siempre leerá a los clásicos, cualquiera que sea la lengua en que estén escritos y por antiguos que sean. Pues, ¿qué son los clásicos sino el registro de los más nobles pensamientos del hombre? Son los únicos oráculos que no han decaído y brindan tales respuestas a la investigación más moderna como nunca dieron Delfos y Dodoma. De igual modo podríamos omitir el estudio de la naturaleza por ser vieja. Leer bien, es decir, leer verdaderos libros con un espíritu verdadero, es un noble ejercicio, y ocupará al lector más que cualquier ejercicio estimado por las costumbres del día. Requiere un entrenamiento como el de los atletas, la firme intención de casi toda una vida con este objetivo. Los libros deben ser leídos tan deliberada y reservadamente como fueron escritos."

Ese es el asunto, que los clásicos son los únicos oráculos que no han decaído. Por eso es que, a partir de ellos, todo lo que se ha escrito no es más que repetición de la jugada. Es muy difícil, por no decir imposible, que alguien pueda descubrir algo nuevo respecto de la condición humana. A lo más que se ha podido aspirar desde entonces ha sido a decir lo mismo de una manera adaptada a los gustos de la época... algunas veces con gracia y la mayoría de las veces con maldita la gracia.
.
A la postre, lo que cuenta es no tener que avergonzarse por haber malgastado tu tiempo en leer superficiales libros de viajes... libros para chachas que dice el periodista Sostres. 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario