jueves, 9 de octubre de 2025

El hedor

 Estoy, tan ricamente, escuchando tal que STAN GETZ & BILL EVANS_NIGHT AND DAY y, así, de improviso, un dardo ponzoñoso me atraviesa el alma: "lo que pagas en impuestos vuelve a ti". De una temporada para acá da igual al medio que te asomes porque desde todos te arrojan, como una lluvia incesante, ese dardo infame. Primero te lo quitan y luego te lo dan... y por el camino ya saben lo que pasa. Bueno, si Dios lo quiere así, será que es lo que nos merecemos, lo cual no es óbice, ni tampoco cortapisa, para que, todo sea oírlo y arrastrarme de los pelos un enjambre de demonios. ¡No me resigno a que me tengan que devolver lo que antes me habían quitado! ¿Por qué me lo tuvieron que quitar? 

El caso es que yo estoy desde hace ya bastante tiempo en el trance de que me vuelva, pero solo en forma de dinero, lo cual se agradece hasta donde se puede que es más bien poco: no pasa de amargo consuelo. Y es que un día, ya lejano, caí en la cuenta de que el dinero no era lo más importante de lo que me estaban quitando; lo terrible eran los pedazos de alma que me habían arrancado para, así, convertirme en una mierda pinchada en un palo. Al menos, esa fue la sensación que tuve el día que di con el portillo del caer en la cuenta... y menos mal que salté por él. Desde entonces, no he hecho otra cosa que tratar de liberarme del hedor con el que aquel pasado ominoso había infiltrado mi espíritu: el hedor de la cobardía. 

Ese es el asunto, que uno se hace a todo, y al hedor más que a cualquier otra cosa. Sobre todo, al propio hedor. Por eso cuesta tanto darse cuenta de lo cobarde que es uno. No por otro motivo es que se nos vaya la vida tomando la cobardía por inteligencia. Ya saben, lo que sea con tal de tener "calidad de vida". Calidad de vida, uno de los tantos sintagmas engañabobos salidos de la factoría socialdemócrata. Calidad de vida, o sea, funcionario. Muerto viviente, para que nos entendamos; lo que yo era hasta que di con ese escondido portillo que les decía. Sí, desde que salté por él las he pasado canutas, pero mucho más llevadero que cuando me obligaban a obedecer a los que no sabían mandar porque nada sabían que no fuese obedecer. 

Resumiendo, que, como dijo Temístocles a los atenienses cuando lo de Salamina, "estaríamos perdidos si no hubiéramos estado perdidos". El caso es caer en la cuenta de que lo has estado y, ¡zas!, saltas... y se te empieza a ir el hedor. 

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