Así ha amanecido el rellano de la escalera, discretamente adornado para la ocasión.
Hoy es la víspera de Todos los Santos. Es lo que los anglosajones llaman Halloween, una derivación de All Hallows´Eve (Víspera de Todos los Santos). Hay quien dice que la cosa viene de lejos, de ritos paganos relacionados con el inframundo, y bien pudiera ser porque lo de recordar a los muertos es algo consustancial a la naturaleza humana. A lo largo de la historia hemos ido ideando lugares en los que estarían amontonados todos los que nos precedieron. El Hades, el Erebo, al otro lado del Leteo, el Infierno con sus círculos cada vez más profundos... ya, la primera literatura de que tenemos constancia, el Poema de Gilgamesh, hay una bajada a los infiernos con la intención de rescatar a un ser amado. También Ulises bajó a los infiernos para consultar a Tiresias la manera de poder regresar a Itaca. También Orfeo bajo allí a ver si podía recuperar a Eurídice. Por no hablar del viaje que se pegó Dante por todos los círculos del infierno recreándose en los sufrimientos de todos los indeseables que había conocido en vida. En fin, de historias de muertos hay para dar y tomar. Quizá no sea más que una forma de ahuyentar el miedo a la muerte. ¡Vete tú a saber!El caso es que ayer me enteré de que tanto Bukele como Trump, han dado orden de que en sus respectivos países no se celebren los ritos del Halloween por considerarlos ritos satánicos, es decir, una glorificación del mal. Una perversión moral, en definitiva. Una vez más, los mercaderes han tomado el templo y los mesías han agarrado el látigo con la intención de expulsarlos.
Todo esto me parece muy sintomático de los momentos que estamos viviendo. Poco a poco va tomando fuerza entre sectores cada vez más numerosos de la ciudadanía la idea de que hay demasiados mercaderes en el templo. El mercado, sí, es la madre de la libertad individual, pero, cuando se mete en el templo, todo empieza a pudrirse... que es en lo que estamos, en una pudrición de orden moral que exige la venida de los mesías. Y aquí están ya, dando los primeros palos de ciego: ¡fuera Halloween! ¿Y qué van a hacer ahora los comerciantes con todos esos cachivaches que han colocado en sus escaparates para seducir a la clientela? Y, ¿por qué sí el Halloween y no la Navidad? ¿Acaso no son, tanto el uno como la otra, más que nichos de negocio? ¿Qué quedaría de las Navidades si se limitasen a ir a la Misa del Gallo?
No hay quién que entienda nada. Que hay una pudrición generalizada, es una impresión muy extendida. Pero, ¿cuándo no hubo pudrición en el mundo? ¿Y cuando no hubo mesías que vinieron a corregirla? ¿Y cuántas veces el remedio no fue peor que la enfermedad? No sé, yo, por si las moscas, me he gastado diez euros en golosinas para no estar desprovisto cuando vengan los niños de la vecindad a lo del "trato o tuco", esa costumbre americana que al menos sirve para que uno tome contacto con los niños del vecindario. Luego me los encuentro por ahí y me dicen: tú nos distes unas frutas de Aragón... los tíos se acuerdan de todo

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