Le han dado un premio, por lo visto muy importante, a un filósofo de origen coreano, pero de formación alemana, o sea, de echarse a temblar. Yo no tenía ni idea del asunto éste del premio, pero en los dos encuentros que tuve en mis paseos ha salido a relucir el fantástico discurso que el payo había pronunciado al recibir el premio. Hace varios años escuche un par de videos suyos y me parecieron la típica castaña de palabrería tan altisonante como hueca. La típica ilación de lugares comunes que tanto gusta a la gente que no pierde acto cultural de su ciudad de provincias.
Total, que, como andaba atacado de insomnio y no sabía qué hacer, me he puesto a escuchar el discurso de marras y, lo que me temía, a los cuatro minutos de rollo ya no he podido más. No es que él, el laureado, esté en contra de la digitalización, pero nos alerta del mal uso que se hace de ella. Una idea más vieja que los pedos. Las redes sociales y todo eso, que, en vez de crear comunidad, aíslan. ¡Les encanta eso de crear comunidad! Cuándo, me pregunto yo, se habrá inventado una tecnología, del garrote para acá, de la que no se haya hecho un buen uso y mal uso; cada cual a la medida de sus deseos y posibilidades.
Que si el filósofo, dice, es como el tábano que con sus picaduras despierta la conciencia y aguza el espíritu crítico. Supongo yo que la filosofía también es una tecnología que tiene diversos usos: para aguzar el espíritu y también para adormecerlo. Ahí hemos estado escuchando a filósofos durante todos aquellos maravillosos años y ni uno, ni por asomo, nos mentó la Escuela de Salamanca ni la Austriaca de Economía. ¡Qué casualidad! Al final, como el del tan alabado discurso, todos ellos se apresuraron a recoger los premios que les otorgaba, por los servicios prestados, el poder comunista en curso. ¿O es que acaso le otorgan a alguien un premio sin haber prestado previamente servicios a la causa?
En muchas cosas coincido más o menos con el profesor García Maestro, pero en una, al cien por cien: la filosofía no es más que mala literatura. O sea, catecismos para adoctrinar a las chachas. Si quieres aguzar el entendimiento, lee buena literatura o libros de matemáticas. Bueno, también partituras de música. García Maestro es un gran músico... que es otra forma de ser matemático.
Resumiendo, que lo mismo que te clavan una vacuna venenosa, te meten el discurso no menos venenoso de un laureado. Y así es como se hace eso que ellos llaman comunidad: borreguismo en vena. Por cierto, que esas dos personas que les dije que me habían contado maravillas del discurso del laureado filósofo, ninguna de las dos ha podido leer El Quijote. Una porque le parecía un rollo y la otra porque nuca sintió esa curiosidad. Muy sintomático todo ello.
En fin, los tostones que se traga la gente con tal de no leer El Quijote, La Biblia, Homero, El Decamerón... y unos cuantos más, pero no demasiados.
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