viernes, 28 de agosto de 2026

Sed de libertad

No hace ni diez días escribía sobre lo que haría si estuviese en mis comienzos a la vez que en posesión de la experiencia acumulada en mí, ya, muy dilatada vida. Pues bien, hace un par de días vinieron mis hijas a visitarme y por lo que me contaron pude constatar que mis quimeras no iban muy descaminadas de lo está sucediendo en las profundidades del valle que fue cuna de mis primeros años de existencia. Aquella es zona de pasiegos y merachos, tales para cuales que, en aquellos tiempos, gustaban de acabar a tortas entre ellos las romerías, supongo que, siempre, por motivos de berrea más o menos encubiertos. En cualquier caso, aquella gente se desparramó no solo por las partes bajas del valle sino por toda la península, dando muestras de una refinada habilidad para los negocios. Sea como sea, consecuencia de aquel desparrame fue la espontánea repoblación forestal de aquellos parajes. La última vez que anduve por allí, hace bastante ya, aquellos parajes me resultaron irreconocibles, aunque, eso sí, bastante espectaculares. 

Pero, a lo que iba, que, por lo visto, el vacío dejado por el abandono de la ganadería de recría, está siendo llenado por familias jóvenes con hijos venidas de los más diversos países de Europa. Familias que se han instalado en aquellos semisalvajes parajes con la intención de practicar el arte de la autosuficiencia. Y así es que aquella magnífica escuela que en su día donó el marqués de Valdecilla, y que tanto tiempo llevaba cerrada, ha sido reabierta y por sus aledaños pululan niños rubios que se educan al gusto de sus padres y no del político de turno.  

En resumidas cuentas, volvemos a lo de siempre, por el sur los moros y por el norte los godos. Lo que es evidente es que la Península Ibérica es golosina para la gente de los países vecinos. Lo siguiente, supongo será, para no salirse del guion, el progresivo avance de los godos hacia el sur hasta la expulsión total de los moros. Y es que a godos y moros no ha forma de meterlos en el mismo saco sin que salten chispas. Hay quien mantiene que es por la cosa del politeísmo indoeuropeo de los unos y el monoteísmo semita de los otros, pero vete tú a saber. 

Sea como sea, lo que cuenta es que la vida sigue porque siempre hay gente que está comenzando con ilusión nuevas, que son viejas, experiencias. Y, desde luego que, la del intento de la mayor autosuficiencia posible, diría yo, es la más revolucionaria de todas en estos tiempos autocráticos a lo bestia. Autosuficiencia es, en definitiva, sed de libertad.  

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